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UNO

 

El asunto del pecho de Nico al parecer era muy conocido. Nico y yo eramos amigos desde jardín. Habíamos ido a la misma primaria y cuando entramos en la segundaria nuestros padres eligieron mandarnos a colegios diferentes. De todos modos todavía seguiamos siendo amigos y cada tanto solíamos invitarnos a dormir. Durante los años de secundaria la mamá de Nico había decidido darle pastillas para el crecimiento, ella era una mujer petisa y tenía miedo de que su hijo no creciera demasiado. A Nico el asunto lo tenía sin problema y hasta ese momento él no había sido más bajo o más alto que nadie en el colegio. Pero a medida que los años de secundario iban pasando las cosas empezaron a cambiar. Lo primero que sucedio es que la voz de Nico se volvió más gruesa. Después ocurrió que pegó un estirón y me sacó una cabeza. Nico siempre había sido muy jodón y desde entonces empezó a decirme enano.
—¿Que hacés enano? ¿Que tal la vista desde el subsuelo?
Después le creció el pecho. No fue algo progresivo, fue casi como de un día para otro. Dos enormes pectorales asomaron como montañas sobre su pecho. Nico se reía. Decía que sus amigos lo llamaban la tetona. Era un pecho impresionante, yo nunca había conocido a nadie con un pecho tan grande. No era desproporcionado sino que era del tamaño perfecto, ancho y suave. No caía como esas tetas de viejos de 60 o de gordos a los que se les cae la grasa. Era un pecho grande, simplemente como si se le hubiera expandido la caja torásica y le hubieran crecido los músculos. Entonces ocurrió que Nico empezó a coger. Eso le causaba gracia, decía que las chicas le tocaban el pecho todo el día.
—Les encanta —decía cuando se quitaba la remera y se miraba frente al espejo.
Nico no tenía un gramo de grasa, no es que fuera super musculoso, solo que su cuerpo emanaba fuerza y energía sexual. Se paraba frente al espejo y se masajeaba el pecho mientras decía.
—Les encanta. No sabés como me tocan todo el pecho, se vuelven locas —y después se miraba de costado y de frente—. Lo tengo enorme. ¿Que te parece, enano? ¿Te parece que tengo el pecho muy grande? ¿Me lo querés tocar?
—Salí, boludo —le decía yo y él se cagaba de risa.
Después se agarraba el pecho con ambas manos y decía:
—Tetas de hombre —y eso era todo.
Al parecer sus amigos también cargaban con eso. Le decían la tetona y a Nico le encantaba. Siempre que podía se sacaba la remera.
—¡Salí de acá tetona! —le decían sus amigos.
—¡Dejá de mostrar las tetas!
Pero a Nico eso no lo intimidaba y siempre decía:
—¿Querés tocarme las tetas? ¡Dale, veni! ¡Tocame las tetas!
Una vez en su cumpleaños uno de sus amigos empezó a cargarlo con eso de las tetas grandes. Nico se sacó la remera y dijo:
—Veni si sos macho, dale, tocame las tetas.
El amigo fue y empezó a tocarle el pecho.
—¡Aw Nico! —decía haciéndose el que se calentaba, mientras todos se cagaban de risa—. Que fuerte que sos, que pecho de macho que tenés, que tetas, que fuerte que sos. Tetas Nico, tetas, dame tus tetas.
Y todos se morían de risa, incluso Nico.
Para ese entonces yo le llegaba tan solo hasta la linea de sus pectorales. Para mí Nico se estaba volviendo un gigante. 

Por esa época Nico empezó a juntarse con otros amigos más grandes que nosotros. En especial con uno que se llamaba Juanito. Yo no lo conocía pero al parecer Juanito estaba todo el tiempo hablando de sexo, de tetas, de conchas, de pijas, de minas y de como cogérselas. Todo el material que Nico traía a mi casa las noches que venía a dormir era de Juanito. Así fue como empezó a traer fotos de minas en bolas, con unas tetas enormes o cogiendo. Cuando mis papás se habían ido a dormir pausábamos el jueguito que estuvieramos jugando y nos poníamos a ver las fotos.
—Mirá esta hija de puta, como me la cogería —decía Nico mientras se tocaba la pija debajo del pantalón.
Un día así fue como empezamos a pajearnos. Nico trajo unas fotos, nos sentamos frente al monitor y él dijo:
—Boludo, pajiémosnos —y sin esperar que yo dijera nada se sacó la remera y se desabrochó el pantalón.
La pija que salió era enorme, yo nunca había visto una pija tan grande en mi vida. En especial porque la mia era bastante chiquita; la de Nico parecía diez veces mas grande.
—Dale, boludo, ¿Que esperas? —me dijo Nico mientras se masturbaba y su pija crecía y crecía.
—Boludo, la tenés enorme —le dije.
—El otro día la medimos con Juanito —dijo Nico mientras se masturbaba—. Treinta y cinco centímetros.
Yo saqué la mia y empezé a pajearme.
—Boludo, ¿Que es eso? —me preguntó—. Tenés un mani.
Le pegué en el hombro y me fui al baño.
—¡Boludo, no te enojes, es un chiste!
Cuando salí del baño Nico había vuelto a jugar a los jueguitos. Me pidió perdón y jugamos hasta que se hizo de madrugada.

Otro día vino con una sonrisa en la cara.
—Tengo unas fotos que te vas a morir.
Se hizo de madrugada y me mostró lo que había traido. Por alguna razón las pasaba bien rápido, hasta que llegó a la foto que me quería mostrar. Era la foto de una pija enorme. Solo se veía la pija y un poco de las piernas y la panza. Se notaba que era un hombre musculoso.
—¿Cual decís que es mas grande? —preguntó—. Esa o la mia.
Y sin esperar mas se bajó el pantalón y empezó a pajearse. Antes de que estuviera toda parada se sacó la remera y mientras con una mano se masturbaba con la otra empezó a tocarse el pecho: esas enormes tetas musculosos que tenía.
Cuando estuvo del todo parada Nico se paró y dijo:
—¿Y? ¿Cual decís que es mas grande?
Mire ambas pijas, eran las dos enormes, simplemente enormes y gruesas.
—No sé, parecen igual de grandes.
—¿Vos decís?
—Yo creo que la del chabon es mas grande —dijo Nico mientras se masajeaba una teta.

A la siguiente vez trajo un video porno y algo que había aprendido. Juanito le había enseñado a hacer competencias de wascasos.
—Nos pajeamos y el que aguanta mas y acaba mas gana.
Pusimos el video y nos empezamos a pajear. La pija monstruosa de Nico se paró como un mástil. La mia apenas lograba ponerse dura. Heché una mirada a las enormes tetas de Nico y acabé. El wascaso entró en mi mano como un chicle.
—¿Ya estás? Ja, ¡que chabón! 
Nico se siguió pajeando y pajeando. Se tocaba las tetas y se masajeaba la pija con una y con las dos manos.
—Tengo la pija enorme, boludo —decía—, casi tan grande como mis tetas. Mirá el tamaño de mis tetas, boludo. Estoy enorme. Tengo mas tetas que la puta esa —dijo y se puso de pie.
Fue al baño y dijo:
—Mirá esto, enano.
Me paré al lado y vi salir un chorro de wasca como si hubiera abierto una canilla.
—Te lleno la bañera de leche, boludo. Jaja, mirá toda la leche que tengo.

Otra vez me dijo:
—Boludo, nos tenemos que pajear cruzado. Es zarpado. 
—¿Que? ¿Cruzado?
—Si boludo, yo te pajeo a vos y vos a mi.
—Dejate de joder, boludo, no te quiero tocar la pija.
—Boludo, es lo mismo. ¿Que te cambia? Es una pija. Los dos tenemos una pija... 
Y puso un video de una mina a la que se la cogían tres tipos.
Nico sacó su pija y yo hice lo mismo.
—¿Así toda floja? —le pregunté.
—Dale, boludo —dijo y me sacó la mano y me agarró la pija con dos dedos.
Su mano era mucho mas grande que la mia y entre sus dedos mi pija todavía parecía mas chica. Se me paró al toque.
—Dale, agarrame, boludo.
Agarré su enorme pija con una mano y empecé a subir y bajar. Nunca había sentido una pija tan grande. Acabé en un segundo.
—¡aw, boludo! Me llenaste la mano de leche. Tenés que controlarla, forro.
Se limpió con mi remera y después se puso en cueros.
—Ahora termina con la mia.
Le agarré la pija temblando. Había crecido por la mitad, pero ya era algo impresionante. Un segundo después se puso tan dura como una piedra y tan gruesa que apenas podía rodearla con mi mano.
—Apretá con fuerza, boludo. ¡Dale! ¡Ponele ganas!
–Estoy apretando todo lo que puedo.
—Dale, boludo, ¿me estás jodiendo?
—Forro, la tenés enorme.
—Dale pelotudo, apretá en serio. ¿Así te pajeas?
—Boludo, no tengo la culpa que tengas una pija gigante.
—Usá las dos manos.
Agarré su pija con las dos manos y Nico empezó a tocarse las tetas.
—Uh, que grande que la tengo, mirá tus manitos, son diminutas. Ja! Dale, pajeame con ganas. Jaja, mirá el tamaño de esa pija. Dios, que grande que estoy.
Y ahí sin pensar en lo que hacía se la chupé.
Nico me empujó y se puso de pie.
—¿Que hacés, boludo? ¿Sos puto? —dijo y me pegó una piña en el hombro que me tiró al suelo.
Nico debía pesar el doble que yo, tenía una fuerza que yo no podía imaginar. Se vistió, se subió el pantalón y se fue.

A los pocos días alguien tocó el timbre de casa. Era Nico.
—¿Puedo pasar?
Le dije que si.
Nos sentamos en mi cama y no dijimos nada. Después nos pusimos a jugar al street fighter. Cuando se hizo la madrugada Nico puso pausa y dijo:
–¿Me querés chupar la pija?
No respondí.
Nico se sacó la ropa, estaba mas enorme que nunca. Se paró delante mio mientras se masturbaba. Yo veía su inmensa pija crecer y crecer y crecer sobre mi cabeza y en lo alto sus enormes tetas musculosos moviéndose suavemente.
Cuando estuvo parada Nico agarró me puso una mano en la cabeza y me acercó a su pija. Me resistí, cerré la boca con fuerza y me apretó la poronga gigante contra el cachete haciendo presión.
—Dale, abrí la boca, enano.
Me apretaba con la pija.
—Dale, mirá lo grande que la tengo, dale puto.
Entonces abrí la boca e intenté morderlo, pero era tan grande que no pude cerrar la boca.
—Así me gusta, putito, chupame la pija —decía mientra me sostenía la cabeza con una mano y con la otra se tocaba las tetas—. Awww que bien que chupas, enano. Chupamela toda, dale. ¿Te gusta? Mira lo grande que la tengo. Dale, chupame toda la pija, dale, mirá lo grande que es. Es enorme. La tengo re dura. ¿Te gusta eso? Dale, chupame las bolas, Jaja, que puto que sos enano. Te morías de ganas de chuparme la pija. ¡Que chabón! Dale, hasta el fondo, jajaja te vas a atragantar. La tengo muy grande. Uh me vas a hacer acabar —dijo y me agarró la cabeza con fuerza para que no me moviera—. ¡Tomá puto! ¡Tomate toda la leche que tengo!
Dijo y acabó una cantidad imposible de wasca. Hasta el punto que me atraganté y me salió por la nariz. Casi me ahogo tomándome la leche de Nico.
—Boludo, casi me matás —le dije y le empecé a pegar en el pecho, en ese increible y enorme pecho musculoso que sus amigos llamaban tetas de hombre.
Tetas de hombre, enormes y cubiertas de una capa de pelo. Me cansé de pegarle y empecé a acariciarle el pecho. Era una masa enorme de músculos perfectos.
—Jajaj, mirá como quedaste chabón —dijo Nico mientras yo le tocaba el pecho como si no se diera cuenta que lo estaba tocando.
Me limpió la cara con un pañuelo mientras yo seguía tocando su pecho
—¿Te gustan mis tetas? —dijo y las flexionó para que yo viera lo duras que eran.
Yo lo tocaba y lo tocaba mientras sentía la enorme fuerza de su pecho bajo mi manos. Ese pecho inmenso y lleno de musculos que todavía estaba creciendo.
Y sin mas se le paró la pija otras vez y me agarró la cabeza para que se la chupara de nuevo.
Así empezamos.
 

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Q bueno tener mas historias tuyas y cada una de ellas tienen algo especial.

Nada mas me imagino cuando Nico invite a su pequeño amigo a una ronda de gimnasio junto a Juanito...

Soy tu fan. 

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DOS

Mis viejos se fueron de viaje por una semana y Nico me pidió si podía usar la casa para traer una chica. Al principio le dije que no me parecía una buena idea, pero después me dijo que me podía esconder en el ropero y ver como se la cogía.
Cuando tocaron el timbre Nico se paró frente al espejo, se arregló el pelo, se desabrochó el botón de la camisa para que se viera su pecho y fue a buscarla. Desde el ropero yo podía ver todo mi cuarto. La chica que entró debía tener cinco o diez años mas que nosotros. Tenía unas tetas grandes, un culo parado y era muy linda. Miró alrededor y después se sentó en la cama. En un segundo ya se estaban besando, ella le desabrochó la camisa y se la sacó.
—Me encanta los hombre con un pecho enorme —dijo mientras le acariciaba las tetas.
—¿Te gusta?
—Nunca me cogí a uno hombre con un pecho tan grande.
—No es lo único que tengo grande —dijo Nico y le movió la mano para que sintiera su pija.
—Dios mio... ¿que es eso? —dijo ella cuando sintió la pija.
Nico se puso de pie y ella le bajó el pantalón. Su pija inmensa había roto el calzoncillo y cuando estuvo libre se paró como un cañon.
—Dios mio... Es enorme —dijo ella y la empezó a acariciar y a besar y a pasarle la lengua—. Nunca vi una pija tan grande... Se ve que sos un hombre muy bien dotado...
—Chupame la cabeza —dijo él.
Y ella intentó meterse la cabeza de esa pija gigante en la boca.
—No podés —dijo Nico y se rió.
—Es enorme... —dijo ella mientras se sacaba la ropa.
Se paró sobre la cama y se acercó a Nico. Con una mano le agarró la pija y con la otra le acarició el pecho.
—Mi amiga me había dicho que eras un semental pero no pensé que tanto. Me encanta que seas tan musculoso —dijo mientras le pasaba la mano con los pectorales y le daba un beso.
Nico la levantó con las manos y la sentó sobre su pija.
—Ay dios mio... —dijo ella y empezó a acariciarse la concha con la pija enorme de Nico.
—¿Querés que te coja?
—No sé, Nico, sos enorme. Me da miedo, la tenés muy grande.
—No te preocupes, yo te cuido —dijo y le metió los dedos en la concha para aflojarla.
Ella empezó a gritar y se apretó contra su pecho. Cuando su concha se había abierto lo suficiente Nico la levantó y la apoyó sobre la cabeza de su pija.
—Con cuidado, Nico, tenés la pija muy grande.
—Tranquila —le dijo él y la empezó a penetrar despacio.
Ella empezó a gritar de dolor y de placer.
—¡Es enorme! Me vas a lastimar, Nico, cuidado, sos muy grande —dijo y empezó a tocarle el pecho con ambas manos—. Aw, que grande que estás.
—¿Te gusta, putita?
—Me encanta, seguí —decia ella mientras él la iba bajando cada vez más a lo largo de su pija.
En unos segundos Nico la estaba usando para masturbarse mientras ella gritaba de placer. Desde mi lugar podía ver todo el cuerpo inmenso de Nico cubrirse de transpiración mientras la subía y bajaba. Sus brazos se habían puesto enormes pero sobre todo sus tetas de hombre estaban gigantes.
Nico caminó hasta el ropero y la apoyó contra la puerta. Yo podía ver su pecho musculoso encima mio moviéndose mientras se la cogía. Abrí apenas la puerta y estiré la mano y sin que ella se diera cuenta lo empecé a tocar. Nico se reía y me miraba mientras se la garchaba sin parar. Todo su cuerpo enorme brillando cubierto de unos músculos inmensos.
—¿Te gusta? —me preguntó- ¿Te gusta lo grande y musculoso que me puse? Mirá las tetas que tengo —dijo y las flexionó—. Dale, tocame las tetas de hombre.
Después fue al baño y acabó haciendo un desastre. La chica tuvo que bañarse, después se vistió y se fue.
Cuando Nico volvió seguía con la pija parada y sin remera.
—¿Viste eso? —dijo mientras se miraba al espejo—. ¿Te gustó como me la cogí? La mina no podía caminar.
Después se paró delante mio y mirandome desde arriba dijo:
—Dale, limpiame la pija y nos ponemos a jugar a los jueguitos.
Le lamí la pija de abajo hasta arriba hasta sacarle la ultima gota de semen mientras Nico se tocaba las tetas y flexionaba los brazos.
Después jugamos hasta que se hicieron las cuatro y nos acostamos.
—Estoy enorme, boludo, a las minas les encanta que tenga la pija tan grande. ¿Viste como gritaba? Jaja, estaba a punto de llorar por como me la cogí.
Mientras decía esto yo podía ver su pija crecer y crecer de nuevo.
—Uh, estoy re caliente —dijo y se levantó.
Se puso de rodillas en mi cama acariciándose la pija con una mano mientras con la otra se apretaba bien fuerte el pecho duro.
—Boludo, estoy re caliente —dijo y me sacó las sábanas, la remera y el calzón.
Se puso encima mio y su pija me apretó el pecho y la panza. Era tan larga que me llegaba desde la cintura hasta la boca. Encima mio podía ver las inmensas tetas de Nico y sus enormes brazos a ambos lados. Sus biceps parecían mas grandes que antes.
—Boludo, estoy re caliente —dijo mientras empezó a mover su pija gigante de arriba a abajo—. Esta puta me dejó re caliente.
Sus músculos estaban todos enormes y duros. Nunca había visto un hombre tan musculoso con una pija tan grande.
—Boludo, sos diminuto —dijo Nico y se río—. ¿Que soy, cinco veces mas grande que vos? No recordaba que eras tan chiquito. Soy una bestia al lado tuyo. Boludo, no tenés nada de músculo —dijo mientras se movía arriba y abajo—. Sos un enano diminuto. ¿Te gustan mis tetas de hombre? Dale, tocá, sacate las ganas. Mirá el lomo que tengo. Aprovechá, putito. Uff, boludo, no puedo creer lo grande que estoy. Te voy a matar. Estoy hecho un toro —dijo y me metió un dedo enorme en el orto—. Uh, este culito te va a doler, boludo, te lo voy a tener que abrir a la mitad. Mirá lo duro que estoy. Apuesto a que nunca viste a un hombre tan grande y musculoso. Jaja, no puedo creer lo chiquito que sos, te voy a matar, chabon. Mirá el lomo que tengo —dijo y me metió dos dedos en el culo—. jaja, boludo aflojame el culito, dale. Dale que te morís de ganas de que te coja este macho musculoso. Dale, tocame las tetas. Jaja, chabón te voy a matar. Te voy a abrir el culo como una flor. ¿Estás listo? Uff, estoy todo musculoso.
Me movió hasta acomodarme sobre la cabeza de su pija. Yo apoyé ambas manos sobre sus hombros redondos y llenos de fuerza.
—Nico, sos muy grande.
—Estoy enorme, boludo, mirá lo zarpado que estoy —dijo y levantó su pecho para que lo viera—. Estoy re fuerte. Jaja soy una bestia.
Me metió la cabeza de la pija y sentí como si me hubiera metido un puño entero.
—Jaja, ¿te duele, enano? La tengo enorme. Enorme. ¿Te gusta? Sentís mi pija gigante entrando en tu culo. Aflojate así te puedo coger. Dale —dijo y se acomodó encima mio—. Boludo, sos muy chiquito, en serio, me siento un gigante lleno de músculos al lado tuyo. Aw que fuerte que estoy. Boludo, mirá el lomo que tengo. Mirá mis tetas de hombre. Tocalas dale, tocalas. Son enormes. No sabés la fuerza que tengo.
Se puso de pie y me llevó al baño. Cuando acabó salí volando contra la pared de la bañera mientras Nico se reía y la llenaba con su leche.
—Boludo, jaja te bañé en mi leche. ¿Estás bien? Estoy muy grande y me caliento mucho. Ey, me escuchás —dijo y abrió la ducha y se metió dentro. Me levantó en brazos y me apretó contra su pecho—. Ya pasó, ya pasó.
Aunque no podía pensar bien podía sentir sus tetas enorme contra mi cara. 

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