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English version in here [edited by @dredlifter]

Lucas era el novio de una de mis mejores amigas, Maite. Ambos vivían juntos hacía tres años, se habían conocido en la universidad estudiando biología molecular. Lucas era 11 años más joven que yo, o sea apenas había cumplido los 24 años y se estaba por recibir de licenciado. Era bastante estudioso y un poco nerd. Nos llevábamos bastante bien y a él parecía no importarle que yo fuera tan amigo de Maite. Lucas era bastante grandote, no hacía ningún deporte, tan solo era alto y grandote. Tenía unos pies enormes y unos antebrazos mas anchos que mis brazos. Lo había visto alguna que otra vez sin remera en la pileta de alguna amigo y tan solo era eso: grandote. Quizás de haber entrenado un poco podría haber hecho crecer su pecho, pero no era el caso.
De todos modos eso es lo que yo pensaba de Lucas hasta el día de la mudanza.
Maite y Lucas habían decidido mudarse. Ambos vivían en un departamento bastante chico y solo había que mudar algunos muebles y bastantes libros. Como no tenían plata para contratar a una mudadora me pidieron que los ayudara ya que tengo una camioneta bastante grande. Un día antes de la mudanza Maite me llamó para decirme que el día de la mudanza ella no iba a poder estar por temas del departamento de biología, tenía que hacer una suplencia en otra provincia por un congreso y se tenía que ir hoy mismo. Le dije que no se preocupara, que Lucas y yo podríamos con todo.
Cuando llegué a la casa descubrí que Lucas ya había comenzado a guardar los libros en las cajas, pero claramente no tenía mucha experiencia en mudanzas ya que había puesto todo mal. Le indiqué como era mejor guardar los libros y que íbamos a necesitar cajas mas chicas ya no convenía usar cajas tan grandes porque serían demasiado pesadas.
—¿Cuanto decís que pesa esta? —me dijo señalando una caja.
Lucas a veces parecía tan solo un niño de 5 años, enorme pero un niño.
—Supongo que 50 kilos… es medio una locu…
—¡Excelente! —dijo y sin decir mas la levantó.
Fue como si levantara una caja vacía, tan solo se agachó y la levantó. Yo me quedé mirando sin poder creer lo que veía.
La mudanza fue más fácil de lo que pensaba, se podría decir que yo solo me dediqué a decir “cuidado” y “doblá” porque Lucas se encargó de mover todo. Las cajas enormes de muchísimos libros Lucas las levantó en un segundo y las cargó bajando las escaleras como si llevara tan solo cartón. 
—Jeje, me divierte hacer un poco de ejercicio —dijo y flexionó su brazo antes de agarrar la última caja.
Debajo de la remera pude ver que se formaba una montaña. Lo más impresionante fue cuando decidió mudar el armario.
—¡Espera que lo hacemos juntos! —le dije—1… 2… 3….
Sin embargo era mucho más pesada de lo que yo hubiera imaginado. Di dos pasos y tuve que descansar.
—Deja que yo me encargo —dijo parándose de la parte trasera del armario y agachándose apenas para llegar hasta abajo.
Por todo el trabajo de cargar cajas sus antebrazos se habían vuelto mucho mas grande de lo que yo imaginaba, de todos modos era demasiado pesado para que él solo pudié…
—Ahí está —dijo y la levantó sobre su cabeza—Jeje, se ve que soy bastante más fuerte de lo que pensaba.
Lucas sacó todo lo pesado él solo. Yo solo me encargué de sacar unas bolsas. Cargamos la camioneta y nos fuimos. En el viaje Lucas abrió la ventana, estaba transpirado de hacer tanto esfuerzo y debajo del pecho —que por cierto estaba bastante más grande que antes— apareció una mancha de transpiración.
—Me contó Maite que estás haciendo tu tesis —le dije.
—Si, estoy recién empezando pero el tema me gusta asi que avanzo rapido.
—¿Y sobre que es?
—Es un estudio sobre las propiedades androstanolona…
—…
—Ah, ja! Es un andrógeno, un metabolito de la testosterona.
—Ah mirá… Interesante?
—ja! Si, bastante!

Cuando llegamos al departamento descubrí que era cuatro pisos por escalera. Lucas bajó todas las cosas de la camioneta y las dejó en el hall en menos tiempo de lo que le había llevado cargarlo. Cerramos la puerta y miramos las escaleras.
—Esto va a ser heavy… —dije— Me parece que va a ser mejor que llamemos a alguien que nos ayude.
—Yo puedo hacerlo —dijo Lucas, parecía contento de tener que hacer semejante esfuerzo— Es un buen ejercicio para mis músculos.
—Lucas, una cosa es bajar todas estas cosas un piso y otra muy distinta subir cuatro pisos por escalera. Es imposible.
—Nah, no te preocupes! Vos llevas las bolsas —dijo y se sacó la remera que ya estaba toda transpirado.
Lo que vi casi me dejó sin aire. Yo recordaba que Lucas era grandote, pero no tenía nada que ver con el cuerpo que ahora veía delante mio. Era como si toda la grasa que antes había tenido en exceso se hubiera convertido de pronto en músculos… en músculos enormes. Unos abdominales marcados, un pecho enorme, unos hombros redondos y unos brazos abultados y duros.
—Wow! —dije sin pensar.
—Ja! Ah, ¿viste? Estoy enorme.
—Que te pasó?
—Empecé a comer bien y a entrenar.
—Entrenar? Es como si te hubieras inflado todo —dije y me acerqué.
Estaba a la altura se pecho, su enorme y abultado pecho.
—jaja! Tampoco para tanto, solo estoy un poco musculoso.
—Dejame de joder! Sos He-man, chabon! Nunca vi a un hombre tan musculoso… ¿puedo tocar?
—Claro… —dijo y flexionó el brazo.
Estaba duro como una piedra enorme.
—Que chabón! Estás durísimo!
—Jaja, es solo por el ejercicio que hice al levantar las cosas.
—Ahora quiero ver como levantas todo esto!
—Jaja!
Y se agachó y levantó una caja.
—¿Vas a llevar primero lo mas liviano? Te vas a morir.
—Jaja! Vamos a ver.
Una a una las fue llevando las cajas escaleras arriba. Yo lo seguía llevando cosas bien livianas, pero a la mitad de la tercera subida ya no tenía aire. En cambio Lucas seguía llevando cajas y subía sin parar. Incluso bajaba corriendo, como si hiciera un calentamiento.
—¿Cansado? —me jodía al pasar escaleras a bajo liviano como una pluma y musculoso como un tanque.
Al final quedó solo el mueble. Lucas ni siquiera respiraba agitado.
—Quiero ver esto! —dije bajando lo más rápido que podía aunque ya no tenía aire.
Lucas aplaudió y se agachó para levantar el armario. Todos sus músculos hicieron un trabajo maravilloso, tensándose y expandiéndose. Yo apenas podía creer lo que veía, era como si se hubiera inflado en el transcurso del día tan solo por el ejercicio de levantar esas cajas. Dio el primer paso y subió las escaleras como si no llevara nada sobre su hombro. Su cuerpo brillaba de transpiración pero estaba duro como la roca. Subió todo y cuando cerramos la puerta y vimos todo en el departamento vacío me dijo:
—Buen trabajo! 
—Hiciste todo vos y tus enorme músculos!
Lucas se río y abrió una botella para tomar del pico. Algo de agua cayó sobre su pecho peludo, marcado y enorme.

Maite regresó dos semanas después y a los pocos días la invité a casa.
—Boluda, Lucas es el increíble Hulk!
Maite se murió de risa.
—Está un poco musculoso… si…
—¿Un POCO musculoso? Es una bestia…
—Al principio me dio cosa… era medio raro porque está todo duro… pero ahora me acostumbre… y me encanta… no sabes lo fuerte que es…
—Me estás jodiendo, si que lo sé! Lo vi levantar tu armario pesadísimo él solo!
—Sí, me contó…. jaja, que gracioso… pero eso fue hace como 3 semanas… ahora está mucho más grande… creo que me dijo que ganó como veinte kilos…
—Mucho mas grande? Me estás jodiendo?????
—Nop —dijo llevándose una cuchara de dulce de leche a la boca—, está enorme y todo marcado… es gracioso… no le entra ninguna remera… pero no sabes…
Maite se puso colorada para decir esto:
—No sabes como coje…. está todo el día caliente... dice que es por la testosterona… pero es gracioso… no sé…  cojemos como tres o cuatro veces al día… o sea, está todo el día al palo… y encima…
Me miró a los ojos:
—Que…? —le pregunté casi a punto de morirme.
—Tiene la pija gigante…
—Y vos te lo bancas? Digo cojer tanto!? Todos los días? Yo me muero…
—Al principio pensé que sí…. que me moría, pero como que estoy también re caliente yo… no sé… hay algo en su cuerpo que me excita… todos esos músculos enormes… cuando me levanta con una mano me vuelvo loca… no sabes la fuerza que tiene…

Varias veces intenté organizar salidas para poder ver lo grande que se había vuelto Lucas, pero cada vez que salíamos con Maite Lucas estaba ocupado o se había ido a visitar a sus viejos a no sé donde. Finalmente llegó el verano y decidí irme al campo para terminar de estudiar para un final. Le conté a Maite que me iría un mes entero a estudiar y la idea le encantó tanto que me llamó por teléfono:
—Que copado! Che, con Lucas estábamos hablando que… viste que ambos tenemos que terminar nuestras tesis… y la verdad que nos vendría bien escaparnos de la ciudad para desenchufar… además no tenemos un mango para irnos de vacaciones…
—Ah! —dije sin pensar y de repente se me iluminó el cerebro— Dale!

Los pasé a buscar con la camioneta. Maite estaba en la calle esperando y cuando me vio llegar le hizo señas a quien supuse sería Lucas que no se veía por ningún lado. Hasta que lo vi salir del departamento. Es difícil describir esto. O sea, la palabra enorme no alcanza para mostrar lo grande que Lucas se había puesto. Estaba más alto… o sea yo sabía que a esas ya nadie crece… era imposible… pero no sé… había crecido… o sea, estaba muy muy grande… con una remera —talle XXXXXXXL— que le quedaba un poco apretada… en el pecho… en la espalda… en los hombros y en los brazos… pero no en la cintura…
Me bajé de la camioneta para abrir la puerta de atrás.
—Lucas! —dije cuando lo tuve al lado; me sacaba 4 cabezas y yo tan solo le llegaba a los abdominales— Me parece a mi o creciste…?
—jaja —dijo levantando una mano
Yo solo pude acompañar el movimiento de su brazo que dejó ver el tamaño imposible de sus músculos
—Sos un gigante!
—jaja! Si, creo que estoy un poco musculoso…

Cuando Lucas entró en la camioneta fue como si de repente me hubiera caído en un bache del tamaño de un crater… Maite y yo lo miramos.
—jaja! —dijo un poco avergonzado.
—Vas a tener que viajar en el medio.
Pero cuando subió en el medio entre Maite y yo. Yo apenas podía pasar mi mano sobre ese jamón enorme que era su pierna musculosa para llegar a la palanca de cambio.
—Me parece que esto no va a funcionar —dije yo y lo miré.
Tenía la cabeza inclinada para entrar en la cabina.
—Vas a tener que viajar atrás.
—jaja! —dijo y sonrió.
La sola idea lo puso contento.
Era un niño, un niño enorme, lleno de músculos y fuerte como… como la mierda… 
Se sentó en la caja de la camioneta y partimos rumbo al campo. Cuando salimos a la ruta y estaba segura que Lucas no escuchaba por el viento le dije a Maite:
—Boluda…
Maite me miró y se rio.
—Está gigante…
—Y eso que no lo viste sin remera… no sabes el tamaño de los músculos que tiene…
—Sos una pajera! 
—Jaja! No, no sabes lo que es el pecho que tiene… me calienta de solo tocárselo… está todo duro… 
—Boluda, pero no es normal…
—Que me importa? Lo mas impresionante es la fuerza…. tiene una fuerza descomunal…
—Y siguen cogiendo mucho…?
—Todo el día… se le para de nada… y cuando acaba… no sabes lo que es… el otro día cogimos cinco veces seguidas y terminamos todos cubiertos de semen…
—Boluda, pero es un semental…
—Jaja, si es… una bestia…
—El semental los está escuchando, eh! —dijo Lucas desde atrás y Maite se murió de risa.

Antes de ir al campo pasamos por un supermercado del pueblo más cercano. Nos quedaríamos varios días por lo que necesitabamos proviciones. Yo estaba acostumbrado a grandes compras antes de ir al campo, pero nunca compré tanto como aquella vez. A cada cosa que comprabamos Lucas decía que había comprar más. Solo bastaba para mirar sobre nuestro hombro al gigante detrás nuestro con un pecho que sobresalía como dos rocas enormes y dos brazos que no podía bajar por el tamaño inmenso de sus espalda para obedecer sus palabras. Llenamos unas cajas enormes que Lucas cargó hasta la camioneta sin el más mínimo esfuerzo.
Llegamos al campo poro después del mediodía. El viaje nos había cansado y decidimos dormir una siesta. Yo salí a buscar a Ramón, el encargado del campo, para decirle que habíamos llegado y preguntarle si tenía pensado matar alguna vaca dado que el freezer de la carne estaba vacío. Lo encontré detrás de la otra casa, limpiando la pileta. Le dije que nos quedaríamos unas semanas... quizás un mes y que necesitabamos de esa carne para no gastar en compras. Me dijo que no habría problema y que se encargaría en unos dias. Entonces me fui a dormir.
Cuando me levanté toqué la puerta del cuarto de Maite y Lucas y descubrí que ya no estaban. Afuera el sol brillaba y hacía calor. Entonces escuché las risas afuera. Debían estar en la pileta. La idea de ver el cuerpo de Lucas todo musculoso y mojado me hizo volver a mi cuarto a cambiarme y ponerme la maya.
Cuando salí de la galería me lo cruzé a Ramón.
—¡Ramón! ¿Ya se puede usar la pileta?
—Sí, ahi les avisé a sus amigos.
—¡Buenisimo, gracias!
—El Lucas es un verdadero gigante —me dijo Ramón como si nombrara el clima—. Dígale que tenga cuidado al saltar para que no se vaya todo el agua.
Y nos reimos.
—Debe ser muy fuerte con todos esos músculos tan grandes. Me vendría bien que alguien así me ayudara con la leña.
Entonces me di cuenta que los canastos estaban vacíos de leña. Aunque hacía calor durante el día por la noche podía refrescar. Me imaginé a Lucas con sus músculos enormes y su pecho al aire talando un árbol y solo pude decir:
—Seguramente Lucas le gustaría encargarse de eso...
Y se fue.
Maite y Lucas todavía no se habían metido en la pileta. Estaban jugando con la manguera a mojarse. Lucas no se había sacado la remera aún pero estaba todo empapado lo cual hacía que la tela de la remera se pegara a su cuerpo y sus músculos enormes. A su pecho, a sus hombros, a su espalda, a sus brazos y a su cintura. Debajo de la remera parecía un hombre inflado, lleno de globos, no parecía real. Sus músculos eran demasiado grandes, nunca había visto un hombre con músculos así. Cuando les dije que la pileta ya se podía usar dejaron la manguera y se sacaron la ropa. Maite llevaba una malla debajo pero Lucas no, aunque eso no lo detuvo. Se sacó el pantalón y se quedó solo en calzones. Los calzones más impresionantes... ¿que digo? Las piernas mas impresionantes aparecieron a la vista, llenas de músculos, enormes y abultadas. Asomando debajo de la tela del calzón una pija que debía ser gruesa como mi pierna se movía a cada lado con cada movimiento. Cuando se sacó la remera me tuve que agarrar de la reposera para no caerme. Su pecho estaba cubierto de una linea perfecta de pelo... su pecho es una forma de decir. Unos músculos pectorales enormes sobresalían como dos montañas sobre unos abdominales marcados y a ambos lados de ese pecho dos hombros redondos y llenos de fibras coronaban los brazos más impresionantes que vi en mi vida. Simplemente músculos sobre músculos. Biceps enormes, triceps marcados y duros. Todo su cuerpo era una sucesión de montañas de músculos... y su espalda... era un valle de musculatura inmensa.
Lucas se tiró a la pileta y como dijo Ramón, el agua rebalsó por todos lados. Él y Maite se pusieron a jugar. Ella intentaba escapar del gigante que la perseguía. Era tan grande que le costaba moverse, pero cuando la agarraba la tiraba hacia arriba como si no pesara más que una pelota de tenis y la hacía caer en el agua. O sino la abrazaba con sus brazos para besarla. Maite que era flaquita quedaba apretaba entre sus músculos inmensos y apoyaba sus dos manos sobre esos pectorales enormes y duros como piedras.
—Chicos, cuidado con el sol que está fuerte —les dije mientras me ponía protector solar y me acostaba en la reposera.
Maite salió y se puso protector. Después salió la montaña de Lucas subiendo las escaleras despacio mientras de todo su cuerpo caía agua como si fuera una cascada. Le causaba gracia ser tan grande y musculoso y cada tanto se miraba su propio cuerpo para ver lo que pasaba cuando hacía tal o cual movimiento.
Maite le dijo que se acercara para ponerle protector. Lucas se paró delante de ella como si fuera una estatua. Y sin siquiera inclinarse la miró desde arriba de su pecho inmenso como si fuera un patobica. 
—¡Tonto! —le dijo ella y le pegó en la pierna.
Después Lucas aflojó y la levantó como si fuera un bebé. Se notaba que a ambos les causaba gracia la enorme fuerza que Lucas tenía con esos músculos tan grandes. Tiraba a Maite y la agarraba como si no pesara nada y ella apoyaba sus manos en sus enormes hombros, en sus brazos todos duros o en su pecho.
Sin dejar de sostenerla con ambos brazos ella comenzó a ponerle crema en los hombros redondos y duros, en los brazos gigantescos y en el pecho. Esa maravilla de pecho musculoso que tenía Lucas. Él parecía disfrutar de eso, incluso llegué a ver algo de perversión en sus ojos por tener músculos tan grandes y que ella estuviera tocándolos para ponerle crema y los masajeara sintiendo lo fuerte que era y lo duro que estaba. Cuando ella apoyaba la mano sobre un músculo él lo flexionaba para que ella viera lo poderoso que era su cuerpo, lo inmenso de su fuerza, el macho en que se había convertido.
—¡Basta, tonto! —pero ella disfrutaba que su novio se hubiera convertido en ese hombre tan musculoso.
En especial disfrutaba que Lucas le mostrara lo inmensamente fuerte que se había vuelto: una montaña de músculos inmensos y una fuerza descomunal.
Después Maite se tiró a tomar sol y Lucas se dedicó a nadar de un lado a otro. Haciendo largos sin detenerse, así estuvo durante una hora, sin cansarse. Con todos sus músculos mojados y brillando bajo el sol haciendo un trabajo maravilloso y yo mirando sus hombros, su espalda, sus brazos. Era simplemente irreal que alguien fuera tan musculoso, tan grande y tan fuerte.

Cuando llegó la noche Maite y yo hicimos la comida mientras Lucas se ponía a trabajar en su tesis. Como la casa era grande estando en la cocina no había forma de que Lucas nos escuchara.
—Boluda...
Maite me miró mientras lavaba la lechuga.
—Lucas es... —no encontraba palabras para describirlo— No puedo creer el tamaño de sus músculos...
Ella sonrió y se puso colorada.
—No solo eso —agregó como si fuera un secreto—. No sabes lo duro que son sus músculos y la fuerza descomunal que tiene. 
—¡Me di cuenta! ¡Boluda, te tiraba volando como una pelota!
—¡Jajaja! Eso no es nada. Él me dijo que no peso nada para él, que sus músculos son tan fuertes que puede levantar un auto.
—¡Déjame de joder!
—¡Te lo juro por mi vida!
—Boluda, no es normal...
—¡Ya lo sé! ¿Pero importa?
—Obvio que importa, mirá si es... no sé... algo raro...
—¡¿Que puede ser?! ¿Una enfermedad? ¡Sería la mejor enfermedad del mundo! ¡Todos los hombres querrían estar enfermos de eso!
—Che y... cuando tienen sexo... digo... 
—Tenemos que tener cuidado... sí... o sea, su cuerpo es tan grande y pesado que si no tenemos cuidado me puede lastimar... pero él tiene mucho control sobre sus músculos... 
—No digo... su pija...
—¡Ah, tarado! ¡Avisá! Es enorme, sí. La pija más grande que vi en mi vida. Incluso me puedo sentar arriba y no se le baja. No sabes lo que es con la pija parada, parece un dios.
—¿Pero te entra?
—¡Ay, boludo! ¿Cómo me vas a preguntar eso? ¡Obvio! Al principio me dolía un montón, pero él es super cuidadoso. Además la verdad es que le fue creciendo de tamaño y como que yo me fui acomodando con él...
—¿Y como es cuando cogen?
—¿Que pregunta? ¡No sé! Es cariñoso, pero a la vez es como muy fuerte. O sea su cuerpo está todo lleno de músculos enormes y cuando se excita como que se pone más duro. Parece como si se inflara, como si se volviera más musculoso. Es algo impresionante.
—Su cuerpo es impresionante.
—Te dije, ¿viste?

Hicimos la comida y cada uno comió lo suyo. Lucas comió por cinco personas. Desde que habíamos vuelto de la pileta no se había vuelto a poner una remera y toda su magnifica musculatura estaba expuesta para que la viera. Cada sombra, cada destello de luz generaba en su cuerpo una sombra perfecta, una figura más impresionante cada vez. Esa noche antes de dormirme escuché como Maite gritaba al otro lado de la puerta: Lucas la debía estar empalando con su poronga enorme y su cuerpo musculoso.

Al día siguiente por la mañana les avisé que iría a cortar con Ramón y Lucas me pidió si podía venir.
—Me gustaría hacerlo yo, quiero ver para que sirven todos estos músculos que tengo —dijo y flexionó los brazos en los que se levantaron dos montañas inmensas.
Fuimos los tres y encontramos a Ramón en medio de bosque de pinos.
—Trajo al gigante —dijo Ramón riéndose—. Nunca vi un hombre tan grande —agregó— ¿Come bulones o qué?
Lucas se rió y dijo:
—¿Es este el árbol?
Era un árbol enorme y bastante ancho. Ramón asintió y viendo que Lucas se paraba delante del árbol dijo:
—¿Lo va a sacar con esos brazos? Porque me parece que el pobre arbolito no va a poder defenderse. 
Y riéndose le alcanzó el hacha que en las manos enormes de Lucas parecía un juguete.
—Le tiene que dar así —dijo Ramón para mostrarle, pero Lucas parecía concentrado, casi como si supiera a la perfección lo que tenía que hacer.
Dio un hachazo y fue suficiente. El árbol cayó nockeado.
—¡¿Donde aprendió a hacer eso?! —preguntó Ramón.
—Nunca antes lo había hecho... pero es como si supiera hacerlo... como si mis músculos supieran...
—Entonces usted debe saber mucho... —dijo Ramón mirándolo de abajo hacia arriba— Digo... por el tamaño de los músculos que tiene.
—Jaja —dijo Lucas—, soy un poco musculoso.
—¿Un poco? ¡Que va! ¡Nunca vi un hombre tan grande! Y se nota que esos músculos no son de decoración. Se ve que usted es muy fuerte. 
—¿Podes levantar ese árbol, Luc? -preguntó Maite.
—Supongo que sí, no parece muy pesado.
—¿¡Muy pesado!? —preguntó Ramón sin poder creerlo— Si usted levanta eso yo le digo Sansón.
Lucas le devolvió el hacha y caminó hasta la mitad del árbol. Se agachó y como si nada lo levantó hasta apoyarlo en su hombro. Por la expresión en su rostro no parecía costarle en lo más mínimo pero su cuerpo se infló como si sus músculos adquirieran otra densidad. Después lo agarró con ambos brazos y se puso a hacer ejercicios de hombros. Habrá hecho veinte repeticiones antes de dejarlo en el piso. Flexionó ambos brazos y riéndose dijo:
—Se ve que soy Sansón.
—Dios me libre... —dijo Ramón sacándose el sombrero y acercándose a Lucas.
Tan solo le llegaba a la cintura.
—¿Puedo tocarlo?
—¡Claro! —dijo Lucas y flexionó su enorme brazo cerca de su cara para que pudiera tocarlo.
Ramón lo agarró con ambas manos y apretó fuerte. Fue como si no hiciera nada.
—Me lleva la virgen... que fuerte que es. ¿Alguna vez peleó con un oso... o con un toro?
—Jaja, no, no peleé con un oso ni con un toro —dijo Lucas riéndose.
Maite se acercó a su lado y él la levantó con una sola mano agarrándole el culo como si mano fuera una silla. La acercó a él y le dio un beso. La sostuvo a su lado como si no pesara nada. Su cuerpo parecía todavía más inmenso y fuerte que antes.

Ramón se sentó con una botella de ron en la galería donde Lucas estaba sentado también. Maite se había ido a caminar con los perros y Lucas, sentado en la silla, la miraba desde lejos. Estaba descalzo, solo llevaba un pantalón corto que era lo único con lo que se lo podía ver caminar. Todo su enorme pecho, sus hombros anchísimos y su espalda cubierta de músculos estaban al aire. Yo espiaba desde la ventana.
Ramón tomó un poco de ron y tragó fuerte. No podía creer el tamaño de los músculos de Lucas y miraba su torso gigantesco como si fuera algo imposible.
—¿Cuanto pesa? —le preguntó.
—La verdad que no tengo idea... Hace mucho que no me peso, la última vez pesaba 115 kilos.
—Yo sé cuánto pesa un toro... está entre los 800 y los 1200 kilos... Esos músculos que usted tiene no pueden pesar menos de 400 kilos... todos sus músculos son muy grandes...
—¿400 kilos? ¿Usted cree que mi músculos pesan tanto?
—Tiene un cuerpo impresionante. Nunca conocí a nadie que tuviera músculos tan grandes y tanta fuerza.
—Jajaja
—Tiene muy buenos brazos.
Lucas sonrió y flexionó ambos brazos. Ramón no podía sacar la vista del tamaño inmenso de esos biceps. Lucas estiraba los brazos y los volvía a flexiones.
—Si... Me siento muy fuerte.
—¡Y con ese cuerpo más le vale! 
—Siento que podría arrancar ese árbol solo con mis manos.
—¿Solo con sus manos?
—Seh, ¿le gustaría verlo?
—Sin duda
Después Lucas se puso de pie y fue hacia donde estaba Maite. Su espalda ancha y llena de músculos hacia un trabajo impresionante, algo digno de admirar. Ramón no le quitó los ojos de encima.

Cuando llegó la noche Maite y Lucas se fueron a dormir. Yo esperé a que pasaran unos minutos y después me acerque hasta pegarme a la puerta. Apoyé el oido y escuché.
—Te gustó lo que hice hoy —preguntó Lucas.
—¿Que hiciste hoy?
—No sé si te diste cuenta pero levanté un árbol con mis manos.
—Ah si...
—¿Y te gustó?
—¿Que cosa?
—No sé... quizás lo fuerte que soy... o el tamaño de mis músculos...
—¿A vos que te parece?
—Me parece que te calienta... lo musculoso que soy... y la fuerza que tengo...
—¿A sí?
—Si, me parece que te excita ver mi enorme cuerpo lleno de músculos... mi pecho gigantesco y la fuerza de mis brazos...
—¿Y que más me gusta?
—Y te gusta esta pija y lo grande que es...
—Aw...
—Veni... tocame el pecho...
—Ah, estás re duro, Luki
—No sabes la fuerza que tengo. Mirá mis brazos...
—Ah...
—Soy el hombre más musculoso y más fuerte del mundo.
—Metemela...
—¿Te gustaría que peleara con un oso... ? Con estos músculos lo destruiría.
—Ah... la tenés enorme...

La mañana siguiente cuando me desperté encontré a Maite en la cocina. Lucas se había ido con Ramón. Ella no sabía a donde. Me asomé a la ventana y vi a lo lejos la inmensa espalda de Lucas. Estaban en el potrero del toro.
Salimos corriendo. Maite estaba asustada. Cuando llegamos Ramón cerró la tranquera dejando al toro en el mismo potrero que Lucas.
—Lucas, salí de ahí!! —le gritó Maite.
—Tranquila —dijo Ramón—, no le va a pasar nada. Mire el tamaño de sus músculos, ese hombre es más fuerte que un toro.
Era verdad. Lucas había abierto bien las piernas como si fuera a atajar un penal. Todo su cuerpo estaba en tensión y de repente fue como si se inflara como si creciera. Parecía estarse inflando para superar al toro en musculatura.
Entonces el toro pateó, agitó la cabeza y se lanzó contra Lucas. Maite gritó y apartó la mirada. Pero Lucas tan solo extendió sus poderosos brazos llenos de músculos enormes y detuvo al toro. Tan solo tuvo que retroceder unos centímetros. Sus músculos se tensaron y se volvieron más visibles. Parecía estar creciendo delante nuestro. Su espalda se estaba ensanchando para asumir el esfuerzo de empujar al toro. Dio un paso adelante y el toro retrocedió. El pecho de Lucas creció de repente y se volvió todavía más grande. Sus hombros se inflaron y se expandió su caja torácica. Estaba volviéndose más musculoso delante nuestro. Más alto, más fuerte. Dio otro paso y después otro. Ya no le resultaba un esfuerzo y entonces levantó al toro con ambas manos como si fuera un perro y después lo sostuvo con una sola como si fuera un gatito. Su cuerpo se había vuelto más impresionante que antes. Simplemente era un monstruo, un súper hombre poderosisimo, lleno de unos músculos inmensos. Su fuerza era descomunal.
—Mire esos músculos —le dijo Ramón a Maite— Ese hombre es más fuerte que un toro, que un oso. Mire ese pecho. Ningún animal tiene músculos tan grandes. Es el semental más fuerte que vi en mi vida.
Supuse que dijo lo de semental por la pija enorme que se marcaba contra la tela del pantalón mientras sus músculos hacían un trabajo maraviloso sosteniendo al toro.
—Mira, chiquita. Mira lo fuerte que soy —dijo y flexionó el otro brazo.— Un toro no me puede hacer nada. Soy demasiado fuerte. Siento como si hubiera crecido todavía más. Ustedes están diminutos. Jaja!
Lucas dejó al toro ir y cruzó el alambrado. Maite corrió hacia él y él la levantó con una sola mano. Después de haber peleado con el toro sus movimientos se habían vuelto más lentos, su cuerpo parecía hecho de concreto.
–Luki, tenés el pecho inmenso -decía Maite mientras le acariciaba el pecho frente a todos nosotros.
–Jaja ¿Te gusta, chiquita? Estoy todo duro...
Lucas se había vuelto más musculoso y más grande frente a nuestros ojos. Su cuerpo parecía tallado en piedra y sus músculos brillaban más duros que el granito. Era una versión todavía más impresionante de sí mismo, más fuerte y con un pecho aún más grande, unos hombros aún más anchos.

Esa misma tarde Maite recibió un llamado del laboratorio: le había salido una oportunidad para participar de un congreso en Córdoba. En una hora armo su bolso y se volvió a Buenos Aires. Con Lucas nos quedaríamos dos semanas más. A él le serviría para terminar su tesis. Antes de que ella se subiera al auto el la levanto y ella hundió su cara entre sus enormes pectorales, lo acarició con las manos tocando todos esos inmensos músculos que Lucas tenia y le dijo que lo iba a extrañar. Se fue y Lucas se quedó mirando como se iba el auto.

La idea de quedarme solo con Lucas rebotaba en mi cabeza como una pelota. Lucas era tranquilo y nunca lo había visto enojado pero una cosa era estar con mi amiga y su novio y otra era estar solo con Lucas. Si llegaba a enojarse un hombre tan inmenso y fuerte como el ¿que iba a poder hacer yo?
El calor subió unos grados y los días se volvieron más lindos. Lucas se había instalado en el estudio y yo en el comedor. Cada uno metido en sus cosas. Él en sus estudios y yo en mis libros. De todos modos ni bien me ponía a leer mi imaginación rápidamente se iba de lo que estaba leyendo para describirme una vez más el inmenso pecho musculoso de Lucas, su fuerza imposible, lo duro que estaba su cuerpo.

Una mañana me levante más temprano de lo acostumbrado y vi salir a Lucas.
-¿Vas a correr? —le pregunté.
A su indumentaria habitual: solo el pantalón corto, le había agregado unas zapatillas.
-Estoy entrenando temprano.
-¿Te molesta si te acompaño!? Me vendría bien entrenar un poco.
-¡Dale!
Salimos a correr. La sensación que tuve era extraña. A mi lado tenía a un gigante, ultra musculoso y fuerte como cinco tanques pero que me consideraba un igual: o sea para él éramos dos hombres corriendo por la mañana. Hablamos de varias cosas, Lucas era un pibe como cualquier otro solo que pesaba diez veces lo que cualquier otro y su cuerpo era una estatua de sí mismo. Me llevo por un camino entre los árboles y me dijo que había estado entrenando por ahí. Cuando llegamos a un claro me dijo que podíamos hacer unas flexiones de brazos. Parecía disfrutar de estar entrenando con alguien en lugar de hacerlo solo. Nos agachamos y cada uno hizo sus flexiones de brazos. Yo llegué a 15. Pero Lucas no se detuvo cuando pasó las 100. Sus brazos se movían como pistones abajo y arriba a toda velocidad. Llego a 200. Como no se detenía yo hice 12 mas. El llego a 300. Yo intente 8 más y me morí ahí.
—Subite a mi espalda —me dijo y yo me subí.
Acostate y agárrate de mi cintura porque voy muy rápido.
Apoyé mi cara contra su espalda cubierta de músculos. Era dura y suave a la vez, poderosa como la mierda. Lucas empezó a bajar y subir. Llego a 1000 y se levantó.
—¿Cansado? —le pregunté.
—No, no siento resistencia. Es como mover los brazos. Necesito más peso.
—Lucas hiciste mil!
—ja, si ya se. Pero que queres? Mira el tamaño de mis músculos! Mira los brazos que tengo —dijo y flexionó ambos brazos —, cualquier hombre con estos músculos podría hacer lo mismo. Se ve que soy demasiado fuerte para hacer flexiones sin resistencia.
—Yo estoy fuera de forma —dije sin pensar, todavía no había recuperado el aire.
Lucas me miro desde su gigantesca altura. Para el era como mirar un nene flacucho.
—Deberías comer más y ganar algo de masa muscular. Cuanto pesas?
—Creo que 60 kilos...
—Claro... sos muy flaquito...
Después se alejó en dirección a unos árboles y lo seguí. Su espalda era una montaña ancha y llena de valles musculosos. Parecía un robot caminando. Tanto músculo le hacía difícil moverse. El árbol que había tirado de un solo golpe estaba ahí todavía sin cortar.
—Pensé que Ramón ya había cortado la leña...
—Yo le pedí que no lo hiciera... me viene bien para entrenar.
Y dicho eso agarro el tronco y lo puso sobre sus hombros para hacer sentadillas. Hizo 1000 y con cada una sus piernas se inflaban más y más. Cuando terminó parecían haber crecido hasta el doble de su tamaño. Sin decir nada comenzó a levantar y bajar el tronco sobre su cabeza para entrenar hombros... se imaginarán cuantas hizo... yo no lo podía creer... se estaba inflando frente a mi con cada movimiento que hacía. Más y más músculos aparecían frente a mis ojos. Cuando terminó de entrenar hombros hizo remo, la misma cantidad de veces, con su espalda volviéndose más ancha a cada movimiento, despues se recostó sobre otro tronco y entrenó su poderoso pecho... yo no podía creer lo que estaba viendo... era como si su cuerpo se estuviera inflando frente a mi, su pecho enorme cada vez más enorme y duro... cuando terminó fue el momento de los brazos. Sin esperar ni un minuto se puso a hacer bíceps con el tronco... 
—Dios mío...
—ja! Impresionado? Te dije que soy demasiado fuerte para entrenar sin una buena resistencia... mis músculos necesitan mucho peso...
Cuando terminó dejó caer el tronco. Su cuerpo se había vuelto más grande, más duro y brillante. Su pecho parecía tallado en oro.
Entonces escuchamos unos ladridos a lo lejos. Desde la tranquera vinieron corriendo una manada de perros. Eran diez. Yo nunca los había visto y por la ferocidad de sus ladridos supuse no eran de ningún campo vecino. La velocidad con que corrían hacia nosotros y sus ladridos me asustaron. De pronto me paralicé, correr habría sido la peor idea. Los perros me rodearon y empezaron a ladrar. De pronto sentí el corazón en la garganta. Entonces sentí que me elevaba. Lucas me levantó y me sostuvo en brazos. Ahí estaba yo debajo su pecho gigantesco y duro. Sostenido por unos brazos poderosisimos que podían sostenerme sin el menor esfuerzo.
—Tranquilo —me dijo Lucas en un tono que acompañaba todos sus inmensos músculos. 
Un tono duro y poderoso como su cuerpo. Me apretó contra su pecho y pude sentir el calor y la fuerza de sus músculos. Sin pensar apoyé una mano sobre uno de sus increíbles pectorales. Fue una sensación indescriptible. Me sostuvo en brazos mientras los perros ladraban alrededor. Pero para Lucas esos perros no significaban una amenaza. Su gigantesco cuerpo era tan grande que los perros no podían pasar de sus rodillas ni aunque saltaran.  
Una camioneta pasó por la tranquera y los perros dieron media vuelta y se fueron detrás. Lucas se los quedó mirando conmigo en brazos. Era como si hubiera olvidado que me cargaba.
—Ya se fueron.
—Odio los perros —dije.
Lucas me miro sobre su pecho.
—No tengas miedo. Si estoy yo cerca no pueden hacerte nada. No creo que se atrevan a atacar a alguien tan grande y musculoso como yo. 
—Gracias.
—No es nada, chiquitín.
—¡¿Chiquitín?!
—Uh, perdoná... no fue de mala onda... es que para mí sos muy chiquito... digo... mírame... te tengo en brazos y apenas puedo verte debajo de mi pecho... 
—¿No te cansas?
—Nop, después de levantar ese árbol estoy todo duro. Mira —dijo mientras me sostenía con una mano y flexionaba la otra cerca de mi cara—, mira el tamaño de mi brazo. Es más grande que tu cabeza. Tocá. ¿Ves? Estoy demasiado duro. Apretá fuerte.
—Estás re duro...
—Apretá fuerte, dale...
—¡Estoy apretando con toda mi fuerza!
—Jaja, ¿en serio? Ni lo siento. Cuando entreno con tanto peso después me cuesta moverme.
—Tu cuerpo es increíble...
—¿Que es lo que más te impresiona de mi cuerpo?
—No sé... todo... el tamaño de tus músculos... la fuerza que tenés... tu pecho...
—Y eso que no me viste después de entrenar en serio... Mis músculos se inflan mucho más...
-Lucas, recién levantaste un árbol...
—Jaja, eso no es nada. Puedo levantar mucho más... y ahi me inflo todo... no sabes el tamaño de mi pecho... te volverías loco...
—Me gustaría verlo...
—Hoy me faltan dos entrenamientos como este... pero mañana me toca entrenar duro... si querés me acompañas y te muestro el tamaño de mis músculos cuando entreno pesado...

Al día siguiente acompañé a Lucas pasando el bosque... llegamos al límite del campo donde hacía tiempo habíamos demolido el viejo galpón. Este había sido construido aprovechando unas rocas enormes que habían formado una pequeña cueva. Ahora solo quedaban restos de todo eso y en el centro como si la hubieran dejado ahí una roca del tamaño enorme. Lucas se dirigió directo a ella. Era tan grande que era dos veces del tamaño de Lucas. Era demasiado grande... la sola idea de que fuera levantar eso me asustó.
—Alejate un poco... —me dijo.
Lucas se agachó y abrió los brazos para abarcar lo más posible la roca. Era demasiado grande, no iba a poder levantarla. Entonces la movió un poco, la levantó y la agarró de un pedazo que sobresalía. Eso le bastó para hacer palanca. Sus brazos se inflaron de golpe por el esfuerzo, fue como si se multiplicaran por dos y después su hombros hicieron lo mismo. Le costaba, por primera vez veía que estaba haciendo un esfuerzo con ese cuerpo increíble que tenía. La levantó y la sostuvo sobre su cabeza. Y empezó a entrenar. Realizó los mismos ejercicios que con el tronco, solo que mucha menos cantidad. Se notaba que le costaba, que a veces perdía el equilibrio y que tenía que acomodarse. Pero a cada serie su cuerpo se inflaba más y brillaba por efecto de la transpiración.
Cuando terminó y dejó caer la roca ya no era el mismo hombre. Su cuerpo simplemente era de otra dimensión. Se acercó a mi y se paró a pocos pasos mirándome desde lo alto de su increíble pecho que sobresalía como dos montañas.
—¿Y? ¿Que te parece el lomo que tengo, chiquitín?  —dijo mientras se ponía a flexionar ambos brazos.
—Dios mio...
—jaja, ¿impresionado? ¿Querés ver lo duro que tengo los músculos?
Me levantó con una mano y flexionó la otra en mi cara.
—Dale, tocá.
Estaba mucho más duro que la vez anterior...
—Dios mio, Lucas... tu cuerpo es impresionante... estás durísimo...
—jaja, ya lo sé... no sabes como se pone Maite cuando entreno así... se vuelve loca...
—Me imagino...
—Mira... tocame el pecho...
La sola idea me dejó paralizado y apenas me animé a apoyar ambas manos.
—¡Dale, toca como un hombre! ¡No seas puto! ¡Dale, con fuerza!
—Es impresionante...
—Golpeame...
—¡¿Qué?!
—Golpeame en el pecho... dale...
—¿Está seguro?
—Dale, pelotudo... mira si me vas a hacer algo con lo enano que sos... ¿no ves el tamaño de mis músculos? Dale, golpeame el pecho...
Lo golpeé..., era como golpear una pared.
—Mas fuerte...
Lo golpeé mas fuerte.
—Dale, puto, más fuerte... golpeá este pecho de hombre...
Lo intenté una vez mas y me lastimé la mano. Sin pensarlo me apoyé contra su pecho para descansar.
—jaja, ¿eso es todo? Te dije que soy demasiado fuerte...
—Perdón...
—Jaja, podes tocar mis músculos si querés...
—Bajame por favor... —le pedí, estaba temblando.

Es misma noche cociné unas cantidades imposibles de carne para que Lucas comiera. Cuando terminamos de comer. Él se sentó en el sillón doble y yo me senté en el otro. 
—¿No es molesto ser tan grande? —le pregunté—, digo, todo es como muy chico para vos.
—¿Te parece que estoy muy grande?
—Estas enorme.
—jaja, seh, me encanta... me encanta tener los músculos inmensos y estar todo duro... y tener la fuerza que tengo es surreal... además las minas se vuelven locas cuando me ven... ya se impresionan cuando me ven con remera... pero cuando me la saco se vuelven locas... me quieren tocar el pecho... y no pasan cinco minutos que me empiezan a chupar todos los músculos... es una locura... además me estoy volviendo más musculoso...
—...
—Jaja, te quedaste sin palabras... si, chiquitín, así como me vez todo inmenso me estoy volviendo más grande... en unos meses no me vas a llegar ni a las rodillas... imaginate lo enorme que voy a ser ahí...
Sin disimular se empezó a acariciar la pija debajo del pantalón. Debajo de la tela podía ver la anaconda que estaba creciendo...
—Además no es lo único que me crece... apuesto que nunca viste una pija de este tamaño —dijo y sacó la pija.
Era inmensa. Más larga que mi pierna y mas ancha.
—Jaja, ¿impresionado? La tengo enorme...
Y empezó a masturbarse de arriba a abajo, despacio, con una mano mientras con la otra se tocaba el pecho inmenso y duro que tenía. Sin pensarlo saqué mi pija y empecé a masturbarme como él, mirando su cuerpo inmenso y musculoso y su pija gigantesca.
—Jaja, así que te gustan los hombres... veni... párate...
Me paré delante de su pija que me llegaba hasta la frente de lo grande que era.
—jaja, incluso mi pija es más alta que vos... 
La agarré con ambas manos... era gruesa como un tronco... estaba dura y caliente.
Lucas se tocaba los músculos y se lamía los biceps.
—Lucas, sos enorme... nunca vi un hombre más grande en mi vida...
—Vení... tocame el pecho, puto.
Empecé a masajearlo y después a lamerle sus inmensos los pectorales.
—Jaja que puto que sos... —dijo Lucas— así que te gusta el lomo que tengo... ya me daba cuenta por como mirabas mis músculos... te morías de ganas de tocarlos... sácate la ganas, putito... toca estos músculos que tengo... toca a este macho inmenso...
Después se levantó delante mío como una montaña increíble y me miro desde la cima de su cuerpo poderosisimo. Me levantó con una mano y me llevó hasta el cuarto. Me tiró en la cama y se paró delante mio con la pija apuntándome a la boca.
—Bueno, chiquitín, se te dio... jaja...  te va a coger este macho gigante... nunca en tu puta vida vas a poder tocar un cuerpo tan musculoso como el mio... abrí la boca, dale... boludo, sos diminuto... mirá el tamaño de mi pija... te voy a romper la boca... dale, abrí más grande... te voy a matar... jaja... mirá lo grande que tengo los músculos... —y sin decir nada me arrancó la ropa—... jaja... sos un flacucho... boludo... mirá la diferencia de brazos... boludo, no tenés pecho... mirá el pecho de un hombre... tocame... sácate las ganas... dale puto... —y me apretó contra su cuerpo mientras se miraba a un espejo enorme de pared— Jaja, mirá lo duro que estoy... —era como si estuviera usando mi cuerpo de esponja para limpiar sus inmensos músculos— Sos diminuto, enano... te podría matar... tocame el pecho dale, enano... sentí lo fuerte que soy... estoy todo duro... tocá el lomo de este macho inmenso... dale puto...espero que tengas sed para tomarte toda mi leche... estoy inmenso...
Y eso fue lo último que escuché. Me apretó la boca contra su pija inmensa y acabó. Eso fue lo que vi antes de perder el conocimiento.
 

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Otra maravillosa y en español!!

Me gusta mucho comoe scribes y comod etallas lascosas.Haces muy buen tranajo.

Nopeudod ejar de pensar si el cambio q tuvo fue debido a su trabajo en la tesis.

Preguntas..preguntas....

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Fue un verdadero placer leer otro trabajo tuyo. El desarrollo de los personajes es muy bueno. Me resultaron muy creíbles. Me encanta el personaje de Lucas: agradable y sonriente en un momento, y dominante y poderoso en otro. Gracias por esta nueva aportación. 

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Por estas cosas amo ser argentino xd. Desde el detalle argento más minúsculo como Maite comiendo dulce de leche, hasta Lucas diciendo "putito". Una genialidad. Borges un poroto.

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DOS

 

Cuando me desperté al día siguiente todavía me temblaba el cuerpo por las imágenes del sueño. Me quedé sentado en la cama mirando por la ventana y pensando en cómo sería coger con alguien tan grande y musculoso como Lucas. La idea de un cuerpo tan enorme y tan fuerte me hizo estremecer. No podía imaginar como hacía Maite. La idea de tocar semejante cuerpo antes me había excitado, pero de pronto me daba miedo.
No tenía idea cómo iba a hacer para llevar adelante los días que nos quedaban solos en el campo. La sola idea de tener que hablar con Lucas me intimidaba, sentía que sin importar cuanto lo intentase esconder él se daría cuenta de todo. Entonces lo vi venir caminando desde lejos. Llevaba solo ese traje de baño que cada día le quedaba más y más apretado, y encima de eso asomaba su torso enorme cubierto músculos y músculos, era el hombre mas inmenso que había visto en mi vida. No sé en que parte de mi sueño había cambiado la realidad por otra cosa, pero no había forma de que un hombre de semejantes proporciones, tan fuerte y musculoso como él, tuviera siquiera la necesidad o las ganas de que alguien como yo le chupara la pija.
Me fui a bañar y después me puse a leer. Podía escuchar el ir y venir de Lucas afuera de la casa. Sus pisadas y el ruido de su cuerpo moviéndose. Cuando la intriga pudo más que mi vergüenza salí a ver qué estaba haciendo.
Afuera hacía calor. El humo sobrevolaba la casa. En la parte trasera encontré una fogata. Alguien estaba preparando el fuego para hacer un asado. Entonces escuché un ruido en la pileta. Lucas salió del agua como una montaña que emerge bajo el agua y desde la que caía una cascada acariciando todos sus músculos, todo su pecho, sus hombros, sus brazos y sus enormes piernas. Se acercó a ver cómo estaba el fuego. Él lo había hecho.
—Hace calor —dijo sonriendo.
Yo veía el agua brillando sobre sus pectorales, sus abdominales y sus piernas. 
–Voy a poner la carne —dijo y entró agachándose para pasar por la puerta.
Salió con los pedazos de carne colgados sobre sus hombros. Los puso sobre la parrilla y se fue a dar otro chapuzón. Cualquiera hubiera pensado que por la cantidad de carne que se estaba cocinando íbamos a ser diez personas, pero solo íbamos a ser Lucas y yo.
—¿No es mucha carne? —pregunté.
—Tengo hambre —dijo sonriendo y golpeándose la panza dura y cubierta de músculos.
—¿Tanta hambre? —pregunté.
—Hay que alimentar un cuerpo como este —dijo y flexionó los brazos; era su manera de hacer chistes: mostrar el tamaño increíble de sus músculos.
Por poco me desmayé frente a él.
Pusimos la mesa y nos sentamos a comer. Yo nunca había visto a alguien comer tanta comida y tan rápido. Lucas simplemente devoraba la carne agarrándola con las manos. Cuando terminó lamió el plato con la lengua, se pasó un antebrazo inmenso por la boca para limpiarse. Se golpeó la panza con ambas manos y apoyó las palmas sobre sus pectorales enormes que sobresalían como almohadones.
Después se tiró a dormir una siesta en una reposera que parecía a punto de doblarse bajo su peso. Su espalda sobresalía como dos alas demasiado anchas y sus brazos abultados caían a ambos lados. Parecía un oso muerto. Un oso enorme, lleno de músculos, poderoso como ninguno. 

Por la tarde la temperatura bajó. Una tormenta se posó sobre el campo y en la radio avisaron que estábamos bajo un frente frío. Lucas se despertó, estiró su cuerpo haciendo un despliegue increíble de músculos en su espalda y se fue entrenar.
El calor dejó paso a un aire fresco que para mí sorpresa se fue volviendo más y más frio hasta el punto que tuve que buscar abrigo que no tenía. Saqué mantas y me senté en el sillón. La casa que había estado fresca bajo al calor del día se puso helada en menos de unas horas. Salí a buscar leña y me di cuenta de que ya no quedaba nada, Lucas había usado lo último para hacer el asado. Entonces lo vi venir corriendo desde el monte. Era un gigante prácticamente desnudo cubierto de músculos inmensos que se movían rápido y despacio. Sus pectorales subían y bajaban y sus piernas se inflaban con cada paso que daba. Se veía la unión de cada uno de sus músculos, todo en su cuerpo exhalaba una fuerza de macho impresionante. Pasó delante mio y pude sentir el peso de su cuerpo con cada pisaba que hacía temblar la tierra. Saltó a la pileta y salió de nuevo.
—¡Lucas! —lo llamé— ¿No tenés frío?
Se acercó hasta volverse una montaña gigante a mi lado. Me miró desde arriba de su cuerpo inmenso sin entender lo que yo decía.
—¿Qué hacés con campera? —dijo.
—¿Me estás jodiendo? ¡Está helado!
—¿Helado? -dijo y se pasó una mano sobre su pecho como si quisiera sentir el tamaño y la forma inmensa de sus pectorales.
—¿No tenés frío?
—No —dijo y me volvió a mirar.
Todo su cuerpo estaba empapado y pese a que hacía un frío terrible él no sentía nada. Su cuerpo era simplemente demasiado fuerte para sentir que había bajado la temperatura.
Después le conté que quería prender el hogar y que no había troncos. La idea de talar un árbol lo hizo sonreir y fuimos a buscar el hacha solo para descubrir que Ramón se la había llevado. Pensé en llamarlo, pero Lucas me preguntó:
—¿Cuál es el árbol para talar?
Lo llevé a la zona donde estaban los árboles para cortar. Eran troncos relativamente delgados. Ninguno era más ancho que sus antebrazos.
—¿Y este? —dijo Lucas señalando un árbol grueso y viejo.
—Ese estaba para talar pero a Ramón le dio fiaca cortarlo y lo dejó.
Lucas le dio una vuelta, lo miró de arriba a abajo y dijo:
—Perfecto, es este.
—Primero vamos a tener que recuperar el hacha —dije.
—No creo que sea necesario —dijo Lucas y estiró los brazos e hizo sonar su cuello.
—¿Qué vas a hacer? —dije cuando lo vi mirando el árbol con demasiada atención.
—Voy a sacarlo.
—¡¿Como que vas a sacarlo?!
—Arrancarlo, de raiz...
—Lucas, ¿enloqueciste?
—¿No pensás que puedo hacerlo? —dijo y se giró para mirarme.
Tomó aire y su pecho se infló hasta adquirir unas proporciones bestiales. Todo su cuerpo parecía duro como la piedra, tensó sus enormes brazos y pude ver como sus venas se marcaron sobre los músculos mas grandes y perfectos que yo había conocido. Después flexionó sus piernas y pude ver como el traje de baño se rompía un poco para dejar que semejantes piernas adquirieran su verdadero tamaño. Lucas me estaba mostrando lo musculoso y fuerte que era.
—Lucas, no sé... Ok, sos muy fuerte, pero ese árbol es enorme y debe tener una raíces muy profundas...
Lucas apoyó una mano sobre el tronco y después miró su propio cuerpo como si admirara sus músculos luego de un trabajo de años que lo había convertido en semejante bestia inmensa.
—Algo me dice que este cuerpo puede hacerlo —dijo y flexionó su brazo.
Era un brazo tan enorme que tuve miedo de lo que pudiera hacer. Se paró frente al árbol, separó sus magníficas piernas, se agachó, abrazó el árbol y lo intentó levantar. Detrás suyo yo tenía la imagen alucinante de su espalda ancha y cubierta de una musculatura que hacía pensar en montañas, piedras y cosas fuertes. Era una maravilla de espalda. Lucas tiraba y el árbol se quejaba, pude escuchar el ruido de la madera, la tierra se movía debajo de nuestros pies. Pero no pasaba nada, entonces Lucas empezó a rugir. Era una voz profunda que parecía desafiar todos los ruidos de la naturaleza juntos. Entonces empezó a suceder: su cuerpo empezó a crecer. Delante mio podía ver como sus piernas enormes se volvían mas grandes, se cubrían de nuevos y mas poderosos músculos, lo mismo que su culo que de pronto adquirió un nuevo tamaño hasta el punto de romper el traje de baño en dos y sobresalir como dos enormes rocas peludas y encima de eso su espalda se volvió más ancha y mas ancha y mas ancha, nuevos músculos emergieron como protuberancias poderosas y sus hombros se apartaron uno de lo otro cobrando una nueva dimensión, llenándose de nuevos y más grandes músculos y lo mismo sus brazos. Todo su cuerpo se estaba inflando y entonces empezó a suceder que el árbol empezó a levantarse frente a mis ojos. Mas y mas alto. Lucas lo estaba arrancando de la tierra con sus manos y en un último esfuerzo que duplicó el tamaño de todo su cuerpo hasta volverlo un hombre inmenso y cubierto de músculos lo arrancó haciendo saltar la tierra y lo sostuvo sobre su cabeza. Se dio vuelta y pude ver en lo que se había convertido su cuerpo. Si antes me había parecido grande ahora era simplemente de otro planeta. Cada uno de sus pectorales tenía el tamaño de una ventana enorme debajo de los cuales asomaban incontables abdominales grandes y perfectos. Pero lo mas impresionante fue ver su pija al aire, parada y enorme. Lucas reía sosteniendo el árbol con sus dos manos, miraba su propio cuerpo con una sonrisa sin poder creer el tamaño que tenía.
—Parece que me emocioné —dijo Lucas y se rió.
—Lucas... —dije yo.
—Estoy enorme —dijo él y se puso a hacer flexiones con el árbol sobre su cabeza.
Yo no sé si se refería a su pija monstruosa o al resto de su cuerpo. Supongo que a los dos.
Era tan grande la fuerza de su cuerpo que el peso del árbol fuera de la tierra no le significaba nada. Habrá hecho 100 flexiones de brazos hasta que sus hombros empezaron a brillar y adquirieron una forma perfecta.
—No pesa nada —dijo y lo apoyó sobre uno de sus increíbles hombros— ¿Donde te lo dejo, chiquitín?
—Lucas, estás... tus músculos... son demasiado grandes...
—Ja —dijo—, si, creo que ahora estoy un poco grande... —dijo y flexionó uno de sus brazos hasta hacerlo explotar con un bicep gigante—. No sabés lo fuerte que me siento... 
—Estás mas grande...
—Me siento enorme... —dijo y se agarró la pija parada con una mano—. Hasta mi pija está mas grande... —dijo y me miró—. Imaginate cuando vuelva Maite como la voy a hacer gritar con esto. Ja, soy una bestia.
—La tenés enorme...
—Jaja, si... —dijo y se acercó hasta que su pija estuvo sobre mi cabeza; me miró sobre la imposible altura de su cuerpo cubierto de músculos—. ¿Donde querés que este hombre gigante te deje el árbol, chiquito?
Le señalé un rincón. Lo llevó hasta ahí y antes de bajarlo lo levantó sobre su cabeza. Lo apretó con la manos haciendo saltar astillas y solo con la fuerza de sus brazos lo partió a la mitad. Hizo ese mismo movimiento con cada pedazo y luego le pegó hasta romperlo en mil pedazos.
—Jaja, soy una bestia —decia flexionando ambos brazos para que los dos admiráramos el tamaño de su cuerpo—. Mirá los músculos que tengo, soy un dios. Vení chiquito, acercate.
Me detuve junto a sus piernas gigantes y cubiertas de pelos y músculos. Lucas se agachó un poco y flexionó su brazo frente a mi cara. Yo solo pude abrir la boca.
—Mirá el tamaño de esto —dijo flexionando bien fuerte-. Soy un monstruo. ¿Qué me decís?
Su pija estaba todavía parada. 
Después se puso de pie y mientras flexionaba un brazo y miraba todo su cuerpo, con la otra mano empezó a masturbarse.
—¡Qué grande que estoy! —dijo mientras apretaba su pija gigante—. Soy una bestia —dijo y pasó una mano enorme sobre sus pectorales super inflados y duros. Sobre sus hombros y sobre su otro brazo— Estoy re fuerte —dijo y empezó a masturbarse con ambas manos.
Cerró los ojos y tiró su cabeza hacia atrás.
Yo acabé en el lugar sin siquiera moverme, sin poder cerrar la boca y sin poder creer el tamaño de su cuerpo.
Volvió a mirarse todo el cuerpo y dijo:
—¡Que enorme que estoy! Jaja, soy un macho gigante —dijo e inflo sus pecho—. Mirá las tetas que tengo, jaja. ¡Que fuerte!
Y después levantó ambos brazos flexionándolos mientras de su pija brotaba un mar de leche interminable.
—Jaja, estoy durísimo. ¡Mirá lo duro que estoy, chiquito! Apuesto a que no viste un macho tan grande en tu puta vida —dijo se llevó ambas manos atrás de la cabeza haciendo de su cuerpo un despliegue de músculos increible—. Estoy hecho un toro enorme. Que fuerte que soy.
Y su pija se levantó mas con un movimiento rápido y cubrió de leche todo sus músculos y su cuerpo mientras Lucas se cagaba de risa.

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