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  1. Astromuscle

    m/m Grow Closer (Chapter 2 added 14/08/2020)

    (AM: This story is going to be a long chronicle. The growth is slow, and almost secondary to the story. This focuses instead on men exploring a relationship with growth being a part of it. I have had so much fun writing it so I hope you enjoy!) Chapter 1 Jeremy couldn't believe the situation before him. He had finally taken the plunge and downloaded an app. A dating app. It. Was... Awful! Men throwing themselves at each other dick first. The second you wanted to go on a date that might not lead to sex you get blocked. It was like a forest of dicks, but dicks were the weeds. Sure, they can look nice sometimes, but it's not the way Jeremy wanted to be introduced to someone. Then Jeremy came across the cutest guy. Handsome, and with a great body to boot. Even better he seems really sweet. It seemed too good to be true, which made Jeremy think it wasn't real. That being said Jeremy enjoyed the conversation, and the idea of this hot guy being into him was kinda nice. He seemed genuinely interested in Jeremy too, which was confusing. Jeremy was slightly shorter then average at 5' 7”. He hated it, but some guys found it cute so he just decided to accept it. That being said no one he had found liked his body as it was. Heavier, but not even to the degree that chasers would be interested, not that Jeremy wanted to be that big. This other guy had the body of Jeremy's dream. 6' 2” and built strong, but lean. He said he had tried a few bodybuilding shows but hadn't won anything yet. For his part, he seemed interested in Jeremy's hobbies. Jeremy told him how he had taken martial arts as a kid, but now at this weight he was nervous about his physical capabilities. Dreamboat said that shouldn't hold him back. Jeremy described enjoying video games, being a teacher, spending time helping run the school play. Mr Perfect to his credit took it all in stride. He even seemed excited when Jeremy said they were putting on The Producers. Turns out Mr Slightly-Less-Than-Perfect does not have a great singing voice, but he was trying to sing 'Betrayed' from the play. Both sent laughing messages about it. Thus Jeremy was nervous when finally tall, dark, and pitchy wanted to meet up, Jeremy was disappointed that the dream would end. On the off chance that this was real he had to go, but he was also pretty sure he was being catfished. He made sure to pick a public place in a populated area, tell people where he was going and when he would be back. Now he sat at a small table in a nice pizza place, jaw dropped. As Jeremy watched the man who came in and approached he was not sure is he had been catfished or not. The face of this man was similar enough that Jeremy knew he was the one from the profile, but Mr Amazing was not 6' 2” and not athletically muscular. He was easily 6' 4” and his shirt was a ticking time bomb that was going to explode from his body any minute as his muscles stretched an unforgiving cotton shirt.
  2. dangerdanger

    m/m Un peon inmenso [ESPAÑOL]

    I Hacía dos años que el hijo del viejo Donaldo (Donaldo él también) era peon en mi campo. Tenía dieciciete años. Era un joven trabajador y responsable que nunca tenía un solo pero y siempre se le ocurría una solución para cualquier problema que hubiera que solucionar. Por eso cuando me vino a pedir si podía darle trabajo a un amigo suyo, un tal Estanislao. Le dije que me lo trajera para entrevistarlo. No tenía mucho mas espacio en el campo pero quizás podía darle una ayuda, o una recomendación. Al día siguiente trajo a su amigo Estanislao y lo dejó ahi en la galería. De lo grande que es la casa de seguro se sintió intimidado pobre crío. Donaldo me avisó que me esperaba y se fue a hacer sus cosas. Cuando salí me quedé sorprendido. Era un muchacho rubio, alto y fuerte. Tenía buena contextura, unos hombros anchos y unas manos grandes. —¿Estanislao? Mucho gusto —le dije y le ofrecí la mano. Saludó con fuerza, tenía una mano hermosa, grande y fuerte. —Buen día, señor —dijo todo timido. Era bastante buen mozo, tenía el pelo corto y bien rubio, debía ser descendiente de alemanes o algo parecido. Eso sí, era tímido que bajaba la cabeza a cada rato. De todos modos me sacaba una cabeza de alto. Cuando Donaldo me dijo que tenía un amigo, me había imaginado otro muchacho como él, pero Estanislao no se le parecía en nada. —Me dijo Donaldo que andás buscando trabajo. —Si, señor. —¿Y qué sabés hacer? —Lo que se,a señor, puedo aprender el oficio que necesite. Hablaba de una forma que no se condecía con su cuerpo. Era un rubio de metro ochenta que debía pesar noventa kilos, pero hablaba como un chico de quince años de la mitad de tamaño. —¿Cuantos años tenés, Estanislao? —Deciseis, señor. Le mostré el campo y todas las cosas que había que hacer. Él me contó que no tenía familia que había dejado el colegio. Su forma de hablar era muy tímida, le costaba hacerse escuchar y se sonrojaba aunque tenía una piel algo bronceada que con su pelo rubio le daba un aire hermoso. Eso sin contar su porte que se veía fuerte, mucho mas fuerte que todos los demás chicos de su edad que había conocido y a mis cincuenta años había conocido muchos. Al verlo se me ocurrió lo siguiente: —Estanislao, te voy a decir la verdad, no necesito a nadie más en el campo... —Lo entiendo, señor, discúlpeme las molestias. —No te apures, que todavía no terminé. Como te decía, no necesito a nadie más, pero me vendría bien alguien que sea fuerte que pueda darme una mano cuando lo necesite. Me detuve y le busqué la mirada aunque la bajó a mis pies. —¿Te interesaría probar? Veo que sos un joven fuerte, la pregunta es ¿cuan fuerte crees que sos? —No lo sé, señor, pero si no le molesta me gustaría probar. El día estaba lindo, no hacía calor ni frío, se podía estar con una camisa como la que estaba él o sin remera en caso de que lo necesitara. Lo llevé adentro de casa y le mostré un escritorio que yo tenía que hacía tiempo quería mover a otra de las habitaciones. Era un escritorio sumamente pesado dado que estaba hecho no solo de madera sino tambien de piedra. Vaya uno a saber por qué. Le expliqué lo que necesitaba y Estanislao se apuró. —Si querés sacarte la camisa para no ensuciarla, yo no me opongo —dije. Cuando se sacó la camisa me temblaron las piernas. Tenía un cuerpo todo marcado con sus abdominales perfectos y su cintura estrecha y sobre eso, dos pectorales super desarrollados que hacían pensar que este joven levantaba pesas. Lo mismo sus hombros redondos y sus brazos. —Wow —dije—, parece que me encontré alguien verdaderamente fuerte. Estanislao levantó el escritorio sobre su cabeza. —¿Donde lo pongo? Sus músculos se tensaron por el esfuerzo y se marcaron todos. Era un hombre impresionante. —Ejem, en este cuarto, por favor. Ni bien lo dejó se sacudió las manos para quitarse el polvo y dijo: —Es una casa muy grande. Yo lo único que podía pensar que era grande era su increible pecho. ¡Que hombre! Acababa de descubrir oro. Ahi estaba sin remera con su cuerpo cubierto de musculos como si no pasara nada. —Estanislao, creo que en el campo hay trabajo para alguien fuerte como vos. Su rostro infantil se iluminó con una sonrisa. —Hagamos tres meses de prueba y vamos como resulta. Estanislao se vino a vivir junto con Donaldo en la casa menor destinada a los peones. Supuse que ahí debian estar mas cómodos. Lo primero que hice fue definirle a ambos como ibamos a trabajar. —Estanislao, quiero que ayudes a Donaldo en todas las tareas que él requiera algo de fuerza. Donaldo quiero que aproveches las fuerza de él para lo que te venga bien, de todos modos no va a ser su único trabajo. Hay varias cosas que tengo que arreglar en el campo para lo que necesito alguien fuerte. —Si, señor —dijeron ambos. La semanas siguientes le pedí a Estanislao todo tipo de tareas para que hiciera fuerza. Lo hice cargar troncos, talar arboles, llevar cosas pesadas de un lado a otro, levantar una pared pequeña de piedras. La temperatura para mi suerte fue subiendo y él no tuvo más remedio que sacarse la remera para cada una de estas tareas. Cuando no tenía sentido que lo supervisara lo espiaba escondido. Su cuerpo era impresionante. Nunca había visto a un hombre con un pecho tan desarrollado y duro. Se notaba que no tenía nada grasa y que sobresalía solo por el inmenso tamaño muscular que tenía. Y para mi sorpresa con cada trabajo que yo le daba no solo tenía que sacarse la camisa sino que se veía que estaba cada vez mas musculoso. Una tarde que le pedi que me ayudara a mover unos muebles. Antes de sacarse la camisa, el boton del pecho salió volando por la presión de sus tetas enormes y musculosas. —Se te cayó esto —dije acercándome. Había quedado a la altura de su pecho enorme que sobresalía por la camisa. Estanislao estaba tan avergonzado que no sabía que decir. —Disculpe, señor, es la única camisa que tengo. —Bueno, vamos a tener que solucionar eso —dije—. Sacate la ropa. Fui a mi ropero y busqué la cinta para medir. Cuando volví me encontré con Estanislao totalmente desnudo. La imagen de su cuerpo me dejó mudo. Me acerqué sin pensar. No solo su torso era una maravilla enorme y dura perfecta con unos pectorales que sobresalían y unos abdominales marcados en su cintura muy pequeña, sus piernas eran dos troncos gigantes llenos de tendones y su pija era enorme. —Perdón, no fui claro, quedate en calzones. —Oh, perdón, señor, perdón. No entendí. Estanislao estaba rojo de vergüenza. Se notaba que no tenía experiencia en el trato con personas, aunque su cuerpo daba a pensar en cosas duras y fuertes, su personalidad era todo lo contrario. —No te preocupes —dije y lo miré como si fuera un jarrón—. Algo me dice que se te rompió la ropa porque estás un poco mas grande. ¿Puede ser? —No sé, señor. Es la única ropa que tengo. —No te preocupes, vamos a solucionar eso —dije y comencé a tomarle las medidas de todo su impresionante cuerpo—. ¿Siempre fuiste así de grande, Estanisao? Digo, estás bastante desarrollado muscularmente para tu edad. —Supongo que si, señor. No lo sé en verdad, no tengo con quien comparar. —Te lo digo yo —dije mientras medía su cuerpo y sin pudor aproveché para apoyar mis manos sobre sus pectorales como si fueran cualquier cosa—. Nunca tuve un peon tan desarrollado. Estanislao no dijo nada. Cuando terminé me paré a su lado a centímetros de su increible pecho y le mostré lo que había anotado. —Estas son tus medidas, ¿Ves? Con esto voy a pedir ropa de tu talle para asegurarnos que no te vuelva a pasar eso. Mientras tanto si querés podés andar sin camisa. —Gracias, señor —me dijo y se fue a cargar cosas. Semana a semana la cosa siguió de esa manera. Estanislao cargaba cosas, usaba su musculoso cuerpo para lo que yo quisiera y tenía el enorme placer de verlo pasar sin remera haciendo fuerza. Era un espectáculo impresionante. Para mi sorpresa a las dos semanas volvió todo acongojado. —Señor, disculpe. —¿Que pasa, Estanislao? Ahi me mostró que el mismo botón de antes había vuelto a salirse de la nueva camisa que le había comprado. Su pecho estaba cada vez más grande. —Le pido mil disculpas, señor. Le prometo que le voy a pagar la camisa rota. Lo hice pasar a la casa y le dije: —Estanislao, no te preocupes por esta camisa, yo solo quiero que estés cómodo y se ve que tu cuerpo no está cómodo en esta camisa. Al parecer tanto esfuerzo físico te volviendo más grande. Dejame que te ayude. Y con mucha suavidad le saqué la camisa. Aproveché para pasar mis manos por sus músculos. Eran enormes y duros. Era un tacto increible. —Definitivamente tenés el pecho más grande —dije con mis dos manos sobre su pectorales—. Lo mismo le pasó a tus hombros y tus brazos. Volví a tomar las medidas y le mostré la diferencia. Parado junto a él me di cuenta de algo. —¿Estás mas alto? —No lo sé, señor. Vamos a medirte. Y con eso me subí a un banquito para quedar a su misma altura y dejé caer un metro sobre su espalda increible. —Un metro ochenta y cinco. Me bajé del banquito y perdí el equilibrio. Me apoyé en sus increibles pectorales y él me sostuvo con sus enormes brazos. —Gracias, señor —me dijo y se fue. Semana a semana tuvimos que medir sus musculos, el tamaño de su espalda, su altura y el ancho de sus piernas. Estanislao crecía como una planta. Cada semana estaba más musculoso, mas alto y con la espalda más ancha. Era increible verlo crecer y pararme a su lado me hacía temblar de los nervios. Así fue como llegó hasta el metro noventa y cinco. Su pecho enorme flotaba sobre mi cabeza. Cuandos se cumplieron los tres meses de prueba ocurrió esto: —Estanislao, como sabés acaban de terminar los tres meses de prueba. —Si, señor. Le quiero agradecer por la oportunidad, señor. —No hay nada que agradecer. Te quería contar como vamos a hacer ahora. Lo llevé a un galpón que tenía casi vacío donde tenía un gimnasio bastante viejo que había usado cuando era joven. Estaba lleno de polvo y la verdad que estaba todo oxidado. —Quiero que limpies este lugar y lo uses. —¿Que lo use? —Si, necesito que estés mas fuerte para las tareas que te voy a pedir. —¿Que tareas señor? —No importa, por ahora lo unico que me interesa es que te vuelvas mas fuerte porque no creo que con la fuerza que tenés ahora puedas hacer lo que necesito y eso es muy importante. —Entiendo señor. —Para eso vamos a cambiar tus comidas así estás bien alimentado. La cocinera te va a llevar la comida y los suplementos para que comas. —Si, señor. —¿Alguna vez estuviste en un gimnasio? —No, señor. —¿No? Bueno, hagamos esto. Limpia todo y cuando esté limpio yo te enseño como entrenar. Cuando entré a la casa me avisaron que había llegado el correo. Las pastillas de anabólicos habían llegado. No podía estar mas contento. Estanislao limpió todo y ese mismo día le di una rutina y le enseñé como entrenar. —Quiero que entrenes de lunes a viernes durante dos horas. Yo te voy a dejar los ejercicios anotados, pero los pesos los vas a ir descubriendo vos. Quiero que tengas claro que necesito que ganes mucha mucha fuerza para lo que te voy a pedir de hacer por lo que vas a tener que esforzarte mucho. ¿Entendido? —Si, señor. Estanislao no tenía idea de como entrenar pero su cuerpo eran tan fuerte que los pesos y las máquinas que estaban en ese lugar rapidamente le quedaron chicos, por lo que invertí un buen dinero en comprar máquinas nuevas, barras, mancueras y otras cosas. En un mes convertí ese garage en un gimnasio super equipado. —Estanislao, esa ropa que tenés no sirve para entrenar así que te compré estos pantalones y estas zapatillas. Eran los pantalones mas cortos que había conseguido para alguien de su tamaño. —¿Sin camisa, señor? —Sin camisa y solo con esto. Cuando se cambió por poco me desvanecí. Su pecho parecía hecho de cemento, brotaba como dos montañas duras sobre su cuerpo. Daban ganas de apretarlo con fuerza. Con cada ejercicio que él no entendía (no entendía ninguno) yo aprovechaba para tocarle el cuerpo y mostrarle donde tenía que hacer fuerza y qué musculo tenía que tensar. Su cuerpo estaba durísimo, mucho más duro de lo que había imaginado. Pronto los anabólicos empezaron a hacer efecto, se los disolvía en cada comida y su cuerpo no tardó en crecer todavía más. De una semana a la otra su fuerza se duplicó y todos sus musculos aumentaron de tamaño. Fue tanto lo que creció que no podía bajar los brazos de lo hipertrofiada que tenía la espalda. Era un espectáculo increible. Al mes ya levantaba 200 kilos en el banco plano. Cuando terminaba sus pectorales parecian a punto de explotar. —¿Está bien, señor que tenga el pecho tan duro? —decía y se acercaba para que me fijara. Yo apoyaba mis manos sobre su pecho y lo masajeaba bien fuerte. Era increible el tamaño de sus músculos. Semana a semana seguía midiéndo su cuerpo. No tardó en llegar a los dos metros y superó los 130 kilos. Se estaba convirtiendo en una bestia. —¿Estoy suficientemente fuerte, señor? —me preguntaba con su voz toda tímida con su cuerpo inmenso y todo duro en calzones mientras yo medía cada músculo de su cuerpo. Yo me apoyaba en su pecho cuando me subía al banquito. Era una sensación indescriptible el tamaño y lo duro que tenía los pectorales. —Estás bien, pero hay que seguir creciendo —le decía yo. Un día que tocaba medirse me preguntó si podía traerle un pantalón mas grande. Entonces me alejé y miré lo que estaba pasando debajo. Sus piernas se habían convertido en dos monstruos llenos de músculos inmensos, pero no solo eso. Dentro del pantalón parecía llevar una banana enorme. —Vamos a tener que medirlo todo. —Si, señor —dijo y se bajó el pantalón. No estaba preparado para lo que vi. Su pija era gigante. Igual de grande y desproporcionada que el resto de sus músculos. —Permiso —dije como si fuera un doctor y le levanté la enorme poronga con una mano mientras medía con la otra. Era veinticinco centímetros flácida y tan ancha que no podía rodearla con una mano. —Estanislao, voy a necesitar que se te pare para medirla bien. —¿Cómo, señor? —dijo sonrojándose. Era un gigante musculoso desnudo con una fuerza increible en todo su cuerpo pero que se comportaba como un niño. —Quiero que cierres los ojos y pienses en cosas que te exciten. Yo te voy a ayudar. —Si, señor. Aproveché para poner mis dos manos sobre sus pectorales y los empecé a masajear con fuerza mientras su pija se iba parando y adquiría un tamaño impresionante y deproporcionado. Aproveché para tocar todos sus músculos, sus brazos enormes, sus piernas duras y musculosas, gigantes. Pero sobre todo su pecho, su increible pecho de hombre, enorme y lleno de fuerza. Un pecho de macho que parecía a punto de explotar de lo grande y duro que estaba. Cuando terminó su pija era un monumento a un cañon. Apoyé una mano sobre su pija mientras contra la otra masajeaba su pecho. —Impresionante —dije—. Sos enorme, Estanislao. —¿Soy lo suficientemente grande, señor? —me preguntó. —Estás muy bien. Su pija medía medio metro de largo. Así siguió la cosa. Cada día Estanislao estaba mas grande y musculoso. Cada semana ocurrían cosas como estas. Estanislao estaba en mi cuarto totalmente desnudo y transpirado después del entrenamiento. Yo lo secaba con una toalla y terminaba de medirlo incluido su pija erecta. Él siempre me preguntaba. —¿Soy lo suficientemente grande, señor? Yo me acercaba y le tocaba todo el cuerpo. Todos los músculos enormes y llenos de fuerza y le decía: —Estás muy bien, me gusta que estés bien musculoso, solo falta un poco más y vas a estar listo. Para ese entonces ya me sacaba tres cabezas. —Estás mucho mas alto. —Siento que estoy un poco grande, señor. —¿Un poco? Estas gigante. ¿Te sentís mas fuerte? —Sí, señor, me siento muy fuerte. Siento que puedo levantar un auto con mis manos. ¿Soy lo suficientemente musculoso para usted? —¿Sentís el pecho mas grande? —Si, señor, lo tengo muy duro todo el tiempo. Y cada vez mas grande, ya no me entran las camisas. Aproveché para tocarle los pectorales. —Tenés el pecho inmenso, Estanislao. Nunca había un pecho tan grande como el tuyo. —Siento que tengo mucha fuerza en el pecho. —Se nota, este pecho es impresionante. Una tarde le pedí que me ayudara a cambiar una lamparita. Estanislao entró todo inflado después de entrenar y con los brazos todos duros. Su pecho brillaba. Le pedí que me levantara. Me alzó sin problema, no le pesaba en lo más mínimo. Cambié la lamparita y me agarré de sus hombros enormes y duros. —¿No te peso, Estanislao? —Para nada, señor, apenas siento el esfuerzo. —Tenés los músculos enormes. Puedo sentir tus hombros todos duros. ¿Tanta fuerza tenés? —Sí, señor, puedo sostenerlo así durante un rato largo sin cansarme. —¿Me podés levantar y subir? —Sí, señor —dijo y me bajó y subió como un bebé. —Hacelo varias veces que quiero ver algo. —Sí, señor. Usó mi cuerpo de mancuernas mientras sus brazos se inflaban con cada movimiento. —Estás enorme, Estanislao. Sos un hombre inmenso. —¿Estoy lo suficientemente fuerte, señor? —Flexioná el brazo. Se me quedó mirando sin entender. Me bajó y le mostré como hacerlo. —¿Así, señor? —dijo y su bicep se volvió una montaña. —Impresionante. ¿Te gusta ser tan grande y musculoso? —Sí, señor, me siento muy fuerte. Mientras hablaba y flexionaba yo aproveché para tocar todo su cuerpo. Sus pectorales enormes, sus brazos, su espalda, sus piernas y hasta su pija erecta. A la semana siguiente pedí una dosis mas alta de anabólicos. Dos semanas después Estanislao entró todo transpirado. Parecía brillar. Sus musculos eran gigantes, estaba todavía mas alto y enorme. Era una bestia. Me contó que había levantando 400 kilos con el pecho. Me sacaba cuatro cabezas. Me subí al banquito para tocarle le pecho. —Estás enorme, Estanislao, nunca vi un hombre tan musculoso. —Me siento muy grande, señor. Tengo todo el cuerpo duro y los músculos cada vez mas grandes. Me acerqué para acariciar sus abdominales. Me miró desde arriba de sus pectorales, con la pija inmensa parada y las piernas enormes. Me preguntó: —¿Soy lo suficientemente musculoso para usted, señor? Y ahí sin mas no pude evitarlo. Le empecé a chupar la pija erecta. Era demasiado grande y su cuerpo demasiado musculoso. —Sos enorme, Estanislao. Nunca vi un hombre tan grande. —¿Tengo la pija lo suficientemente grande, señor? —me preguntó mientras él se la agarraba con una mano y con la otra se tocaba el pecho— ¿Y mi pecho es lo suficientemente musculoso, señor? ¿Le alcanza mi fuerza, señor? Si lo necesita puedo crecer mas. Puedo volverme mucho mas grande si usted lo necesita. —Si, lo necesito... —dije y Estanislao acabó un enorme rio de semen.
  3. Quería presentarles mi primera historia. Tengo otras empezadas.. que son hojas y hojas de word, pero nunca las termino, y queria experimentar con un formato corto de capitulo unico. Es simple, pero espero les guste y dejen sus comentarios para intentar hacerlo mejor una proxima ----------------------------------------- Con un leve pánico me apuré en la cocina. Me froté el antebrazo por la frente para secar mi sudor y quitarme algunas manchas de harina… aunque la prioridad de momento era darme prisa. Genial! Los ocho medallones de carne en el horno parecian estar listo y desde la sala,con su voz gruesa, podia escuchar sus impacientes quejas. “Vamos, RAPIDO! tengo hambre!” Retiré la carne de la bandeja del horno y un poco mas aliviado, fui armando la última tanda de hamburguesas para ponerlas junto a las otras. Para agilizar, ya tenia la lechuga, el tomate y los panes rebanados. Todo listo: 24 hamburguesas, las 10 patas de pollo al horno y una generosa fuente de Lasagna. Subí todo al carrito y empujé hasta la sala. Allí aguardaba él. Roger, el hombre mas grande inimaginable parado frente a mi, con su imponente estatura y tan ancho como el portal de la puerta. Me sentia insignificantemente pequeño a su lado -y lo era-. Aunque un fisicoculturista profesional también sentiria lo mismo. Vi en su rostro una señal complaciente y enseguida tomó las patas de pollo, que entre sus dedos gruesos parecian de juguete y con una simple supción, como si fuera una paleta de niños, extrajo la carne del hueso. Una, dos, tres.. podia llevarse varias a su boca al mismo tiempo. Cuando se habian acabado, extendí la fuente con hamburguesas por sobre encima de mi cabeza. Él levantó la bandeja, la inclinó sobre su boca y dejó simplemente que las hamburguesas cayeran dentro. Lo mismo hizo con la segunda fuente, y mientras tragaba y tragaba, y veía que las hamburguesas iban desapareciendo rapidamente, yo sólo rogaba que la comida fuera suficiente. Crucé los dedos para toda la ración alcance al calmar al apetito del gruñón. “BURRRPPPP...Pero... ¿esto es todo?!” se quejó decepcionado al ver que el carrito ya estaba vacio. La fuente de Lasagna extra que habia adicionado no fue alcanzó a saciarlo. El cuerpo me temblaba un poco.. y es que estaba agotado. Estaba tan exhausto de pasar la mayor parte de mis dias cocinando sin parar, que creo haber perdido algo de peso. Podia notarlo en la holgura de mis pantalones. Pero es que, el apetito de Roger se habia vuelto tan demandante que apenas tenía tiempo libre para descansar. De pronto mis pies dejaron de tener contacto con el suelo. Miré hacia abajo y estaba flotando a un metro del suelo. Roger me habia jalado de la camiseta, y con nuestros ojos frente a frente me reclamó “MAS, QUIERO MAS! ALIMÉNTAME MARCO, QUIERO MAS. MAS COMIDA”. El corazón casi se me para de un susto ante esa exigencia en tono amenazante. Y aqui estaba yo. Otra vez en la cocina amasando, y recordando aquellos dias. Admito que tengo la culpa.. aunque ya de nada sirve. Era demasiado tarde ¿como no pude preverlo antes? A menos de un año del primer encuentro, los recuerdos eran tan frescos como si hubiese sido ayer. * * * Miré el reloj, y allí sobre una mesa del rincón del café aguardaba sentado un apuesto morocho. El hombre se puso de pie y extendió su mano para saludarme cordialmente. “Soy Roger” me dijo a los ojos. Teniamos la misma altura, aunque él rellenaba mejor su camisa. Se notaba que era un sujeto que gustaba del entrenamiento. Podria haberle hecho algunos comentarios sobre eso, pero preferí ir directamente al grano. Saqué de mi maletín un frasco con 15 comprimos proteicos y le indiqué que ayunas, tomara uno cada Lunes. Este suplemento, que prometía mejorar la masa muscular y el rendimiento de un atleta, lo habia creado yo. No fue nada fácil. Pasé noches y noches desvelado investigando e intentando decifrar algunas misterios del ADN, las celulas y algunos asuntos metabolicos relacionados, hasta finalmente lograrlo. Las pruebas en laboratorio fueron exitosas, y era momento de avanzar un paso mas. Ya estaba decidido en probarla en un humano, pese a que esos imbéciles del consejo interamericano de ciencia me denegaran el permiso. Pero no me importaba, no iba a parar. No iba a dejar que un grupo élite me negaran la posibilidad de ser reconocido como el autor de la pildora proteica que revolucionaría la industria del deporte, y que me llevaría a lo mas alto de la fama y el prestigio cientifico. Asi fue como todos los Domingos, Roger comenzó a visitarme para un chequeo semanal, y la experiencia estaba resultando positiva. No dejaba de expresarme lo enérgico que se sentía, y en como cada semana superaba sus cargas. “¿Porque no te quitas la camisa para que pueda verte mejor?” le sugerí el último dia del tratamiento. Roger se quitó la camisa y comenzó a flexionar sus músculos frente a mi. El estaba maravillado con los resultados obtenidos en esos tres meses y con la atencion extra que recibia en el gimnasio, y las miradas al transitar por la vía pública. Yo no podia menos que acompañar mi elogio con unas caricias sobre sus brazos. Yo tambien estaba maravillado al comprobar la efectividad del exitoso tratamiento. Se sentian duros incluso en reposo. Saqué una cinta métrica del cajón y lo envolvi sobre el abultado biceps de Roger. “Excelente!.. 41 centimetros!”. Eso eran 4 centimetros en comparación al registro inicial. Intenté controlar mis emociones.. pero era único y placentero ese sabor del exito de haber creado al adonis que tenia enfrente mio. Y mas al comparar el número que arrojaba la báscula. El peso corporal de Roger se habia disparado de 80 kilos a 97!. Y esos numeros no mentían. No hacia falta ver un numero en una báscula para darse cuenta que todos los músculos del atleta se habian engrosado como si hubiese entrenado por años. Bastaba verle como ese jean se pegaba a esos voluminosos cuadriceps y sinuosos gemelos, y en como la camisa también le calzaba notoriamente mas ajustada, al punto en el que ya no era le era posible abrocharse el botón superior ante la presión de sus carnosos pectorales. Me contaba además que con su nuevo tamaño y fuerza habia desplazado al muchacho mas grande y fuerte del gimnasio en el cual entrenaba. Que orgullo sentía haber creado a tal semental. Contemplé su musculatura y de impulsivo le lancé una pregunta. La maldita pregunta. “¿Acaso no te gustaria verte un poco mas grande y fuerte?”. En caso de aceptar la propuesta, le pedí que solo debia cumplir una unica condición: pasar las próximas semanas en casa. Necesitaba tenerlo cerca para estudio médico. No estaba tan seguro del efecto biologico que podria traer una extensión del tratamiento, pero mi sed de cientifico deseaba ir por mas. Cuando mayor fuese el éxito, mayor sería mi prestigio. Ya podía imaginarme en la tapa de los principales magazine de ciencia del mundo. Roger se mudó a casa, y para su sorpresa yo le habia montado un gimnasio hogareño en el garage para que pudiera entrenar a diario. Tenía barras, discos, mancuernas y bancas reclinables.Estaba encantando de tenerlo como huesped, y con la excusa de alcanzarle un bocadillo, yo me apoyaba en la puerta del garage, y me quedaba viendo como sus músculosos se tensaban en cada movimiento. Era como arte en movimiento, y el brillo del sudor recorriendo los surcos de sus brazos, sus hombros y sus pectorales lo hacia mas imponente ¡Que placer cocinarle a un hombre musculoso como él! Roger progresaba asombrosamente. Las mancuernas de 40 kilos las levantaba con una mano como quien alza un libro y en pocos dias, no tenía con que vestirse. Sus pantalones parecian pintados sobre sus cuadriceps, y tenía dificultades para hacerlo subirlo mas alla de sus turgentes y fibrosas nalgas. Sus camisas tampoco se salvaban. Un movimiento o una flexión a medio hacer, ya era suficiente para reventar las costuras. Se hizo momento de actualizarle el talle a uno o dos mas acorde a su nuevo tamaño, asi que visitamos al Mall. Antes del volvernos con todas las bolsas, paramos por unas rosquillas. Roger tenía hambre, y no importaba que se atraque con una docena de rosquillas rellenas, su indice de grasa corporal se mantenía estable. Me giré para ver a mi alrededor pude comprobarlo. “Tenias razón muchacho…”. La gente que pasaba a su lado lo quedaba mirando, y algunas chicas -y tambien chicos- lo codiciaban con la mirada. Increiblemente exitoso! El Peso de Roger se habia incrementado de 97 a 99 kilos en la primera semana… de 99 a 104 kilos en la segunda y de 104 saltó a 112 kilos para la tercera semana. Para el término del primer mes en casa, el muchacho habia alcanzado unos impresionantes 120 kilos, y por supuesto que yo acompañaba los festejos como si los numeros me fuesen propios. Su exito, era mi exito. “Doc, usted se esta encogiendo?” Me preguntó en confianza, y una mueca engreida. Oh! ¿como no pude notarlo antes?! Al tenerlo frente a frente, nuestros ojos ya no estaban alineados a la misma ahora. Delante de mis ojos tenía a su nariz. Miré hacia abajo para chequear si no era algun efecto visual del calzado, o algun tipo de broma.. pero estaba descalzo. No podia creerlo! y con esfuerzo para contener mi entusiasmo ante tal descubrimiento, fui en busca de una cinta métrica. Roger habia pasado el metro ochenta. ¡1,83 metros, Para ser mas preciso!. No solo venia aumentando su masa muscular mas rapidamente, sino que ademas también sumó 4 centimetros a su escultural cuerpo. Un efecto colateral gratamente impensado. Pero si creia que esos números eran asombrosos, no habria adjetivos para describir los que vería en las siguientes semanas: 1,84… 1,85… 1,87… Para el final de otro mes tuve que ponerme en punta de pie para leer su altura. Ya media casi un metro noventa!. Los dias seguian pasando, y sus hombros se elevaban mas y mas por sobre el nivel de mis ojos. Cada vez tenia que inclinarme mas para hablarle, y esos carnosos pectorales comenzaban a eclipsarle el rostro cuando me miraba desde arriba. “¿Quedó un poco mas de Lasagna?.. aún tengo hambre” Un plato de pasta ya no era capaz de saciar el creciente apetito de Roger. Tampoco dos. Se necesitaba mas que eso para cubrir el gasto enérgetico que su tono muscular en expansión le demandaba. Desde el punto de vista del experimento era grandioso…pero tambien admito que la situación se estaba volviendo un poquito inquietante. Y algo mas cansadora. Necesitaba pasar algo mas de tiempo en la cocina para preparar un mayor volumen de comida, acorde a su tamaño. “Mierda!”. Tomé nota de otros 7 nuevos kilos y 3 centimetros que habia crecido mi huesped en los últimos siete dias, y al trazarlos en un gráfico la situacion era preocupante. Sus progresos eran cada vez mayores, y la sospecha ya era un hecho. Al ver como la curva de crecimiento mostraba signos de aceleración, me vi en la drástica decisión de suspenderle la ingesta de la pildora proteica. Bien podría haber cancelado el tratamiento, pero... ¿dejar que se regrese a su casa?. No, lo queria conmigo! Despues de todo, ver semejante hombre con ese torso tan masculino que parecia haber sido esculpido por los dioses griegos, paseando por la sala con apenas un shortcito ajustado que no dejaba nada a la imaginación, era todo un privilegio. No podia privarme de ese deleite para la vista, asi que opté reemplazar los comprimido proteicos por unos simple comprimido para el dolor de cabeza. El plan no funcionó. El crecimiento de Roger no se detenía y sus números seguian subiendo mas y mas. Pasadas tres semanas mas, necesité subirme a una silla para poder extender la cinta métrica hasta la cima de su cabeza. “Me siento enorme!!, Doc HAHAH” No era para menos..¡2,14 mts!. Tan alto como un basketbolista pero grueso como un fisicoculturista. Los umbrales de la puerta presentaban grietas y marcos por sus descuidos.. Algunas veces olvidaba agachar su cabeza al pasar de una habitacion de la casa a otra, y otras veces, por bruto sus hombros y dorsales impactaban contra los bordes. Roger flexionó sus brazos para mi, y al contraerlos, unas abultadas bolas se inflaron tan altas como mi cara. Tremendo biceps! Lo envolví con la cinta métrica, que a ojo calculé serian de unos 48 centimetros pero me quede corto. ¡51 centimetros! Eso explicaba porque cuando se lo apreté entre mis manos, no logré cubrir toda la circunsferencia por completo. Con esos brazos y esa espalda ancha era fácil saber porque reventaban las costuras de sus camisas. Admito que sentía placer al ver mi obra maestra poniendose enorme. Pero contradictoriamente al mismo tiempo mi preocupación aumentaba fuertemente cada dia mientras veia como su cabeza se acercaba mas y mas al techo. ¿como era posible que continuara creciendo sin el suplemento?? Y mas alarmante era el ritmo en el que lo venia haciendo. Ya ni el talle 4XL podia contener terrible lomo. Y tampoco los muebles de la casa se salvaban. No habia material de la sillas que pueda resistir a ese mole de 181 kilos en la mañana. que para la noche la cifra habia ascendido a 192. Pero yo no tenía tiempo para repararlas, ni para comprar otras.. debia pasar mi tiempo cocinando, cocinando y cocinando para él. * * * “APÚRATE QUE TENGO HAMBRE...MAS RAPIDO, MARCO. DAME COMIDA!” Fui corriendo a llevarle la nueva tanda de pizzas recien amasadas. Con cada bocado que tragaba, yo veía pasivamente como sus músculos se hinchaban. Lo habia entendido, aunque muy tarde. Las calorias eran el combustible para que siga creciendo. No tenía certezas de por cuanto tiempo mas el gigante que esta cerca de duplicarme duplica en altura seguirá creciendo, pero a ese ritmo muy pronto su cabeza chocará contra el techo. Quizá en un par de dias… o en horas. “MAAAAS” siguió reclamándome. Con todo lo que se comió en minutos, podria haber alimentado a un equipo completo de rugby. Pero ni eso era suficiente para calmar al insacible. Queria mas! “MAS. Mas, Marco. MAAAAAAS!”
  4. Bigconnorfan

    no sex Nuevo hermanito

    Todo empezó cuando terminé el colegio. Decidido a seguir con mis estudios pero sin ninguna universidad lo suficientemente buena para hacerlo, tuve que mudarme a la capital del país. Solo. Sin mi familia ni mis amigos. Pero lo hice. Debido a mis excelentes notas durante mi secundaria, conseguí una beca en una prestigiosa universidad conocida tanto por su excelencia académica como deportiva. En un país como el nuestro, ambas sumamente importantes. La beca consistía en que ellos me pagaban todo, incluso el alojamiento y la alimentación, lo que sí, iba a compartir departamento con dos estudiantes más, pero dije que más da, nada puede salir mal. Era un lunes de principios de marzo y todavía era verano cuando llegué a la gran ciudad. Fui directo al campus de la universidad donde me habían dicho que me explicarían mejor como sería el sistema de la beca. Llegué a la universidad y no lo podía creer. Era otra ciudad adentro de la ciudad. El parque era inmenso y habían varios edificios dentro de este donde debían de estar las clases y las instalaciones. Fui al edificio principal y hablé con la señora de admisiones. Estuve allí una hora y un poco más que fue todo lo que tardó en explicarme todo el sistema de las clases, horarios, lugares y mi departamento. Me dijo que lo compartiría con unos tales Tomás y Rodrigo Morrudos. Mellizos. Que coincidencia pensé. Le agradecí a la señora por tomarse su tiempo y luego de explicarme como llegar al departamento, que por suerte estaba dentro del campus, partí con mi valija y bolso listo para desempacar y comenzar esta aventura. Caminando por el parque me di cuenta de algo. Todos eran muy altos. De por sí no soy una persona alta, y tampoco grandote, mas bien la gente me definiría chiquito. Por ahi escuálido algunos con peor humor, pero nunca había sido un tema serio en mi vida. Tenía 18 años y medía 1,68 cm y pesaba unos 60 kilos. No esta tan tan mal, eso pensaba yo. Llegué al edificio y era enorme. Entré y había mucho alboroto de gente. Todos de mi edad o un poco más grandes buscando sus deptos y acomodándose. Claro eran los primeros días del año. Subí cuatro pisos por la escalera, la fila del ascensor era muy larga, y llegué a mi piso. Busqué el numero 403 e introduje la llave que me habían dado. Abrí la puerta y lo primero que sentí fue un olor masculino, a macho. Entré y vi que era un depto bastante chico, pero muy util. Tenía una pequeña cocina con microondas incluido, en esta misma una mesa con cuatro sillas, una heladera y la pileta con la canilla para lavar los platos. Una puerta abría a un pequeño baño con inodoro, bidet y ducha, y la otra puerta restante llevaba a mi cuarto. Al abrir la puerta me corregí diciendo nuestro cuarto. Había una cama cucheta y otra cama. La cama individual estaba tomada por un bolso grande y la cama superior de la cucheta lo mismo. Puse mi bolso en la cama que quedaba, la de abajo. Me di cuenta que no había tanto espacio entre esta y el colchón arriba mío pero no me quedaba otra. Había llegado tarde. Me senté en mi cama y me puse a desempacar. Había un ropero con tres secciones bien divididas para cada uno, un alivio. Mientras que hacía esto vi que habían unas zapatillas muy grandes en el piso. Agarré una y me fije el talle. Talle 50, no lo podía creer. Yo calzo 39 tan solo. El pie de ese ser humano debe ser inmenso. De curioso lo olí al zapato. Sentí algo y lo dejé en el piso donde estaba. Después de empacar fui a la cocinacomedor que era nuestro depto y me senté en el sillon que olvide mencionar, grande pero no se si para tres personas, y me puse a mirar television. Debían de ser las 7 de la tarde y me empecé a adormecer... Me desperté de golpe por el ruido de unos pasos pesados en el pasillo de afuera. Escuché dos voces. Graves. Muy graves. Retumbaban y las vibraciones entraban al depto. Hablaban de un entrenamiento. Y de que iban a estar con un compañero de cuarto. De repente se abrió la puerta. Del marco no provino nada de luz. Solo oscuridad. Se agachó y puso de costado para pasar por la pequeña, para él, puerta. Acto seguido lo siguió un gigante de su mismo tamaño. Yo estaba acostado en el sillón y todavía no se habían dado cuenta de mi presencia. Te vino bien el gimansio e! Mira este culote!- el gigante de pelo rojizo le apretó con su manopla la nalga inmensa del de pelo castaño. Te gusta este cuerpo que tengo e. Puedo jurar que cada vez estoy más grande, más gordo y más puesto. Mirá lo que son estas tetas!- empezó a rebotar dos melones gigantescos y fue entonces cuando se sobresaltó y frenó de golpe. Me miró a los ojos. Me vió. Mirá quien está acá hermano! Nuestro compañero, mejor dicho compañerito, de cuarto! Es enano! JA JA!- su voz grave retumbó en mi cabeza y empecé a pararme un poco asustado que me haya visto viéndolo e intimidado por su tamaño. Se me acercó a mí y con su altura y ancho me intimidaba. Era un gigante. Mirandolo desde abajo parecía incluso más grande. Me intenté parar y caí para atrás pero dos manoplas callosas y calurosas agarraron mis brazitos y espalda. No te caigas chiquito! Vení para acá que te queremos conocer mejor.- me levantó y estaba inmovilizado en el aire por sus manos. No podía creer la fuerza que tenía este hombre. Me puso frente a su cara y pude ver lo fachero que era. Seguía teniendo un poco cara de niño pero su barba recien afeitada mostraba que ya era adulto. Los pomulos bien marcados, labios gruesos, ojos marrones, y un cuello muy grueso. El enfocó sus ojos en los míos y rapidamente desvíe la mirada al piso. Estaba levitando al menos treinta centimetros de este. Emm hola. Soy Ramon su su compañero de cuarto.- dije tartamudeando. Hola chiquitin! Yo soy Ro, y él mi hermano Tomás. Somos mellizos como podes ver. BROAAAAR.- un eructo largo y potente directo a mi cara.- JA JA siempre me pasa, ahí te bajo enano me olvidé que te estaba levantando.- Volví al piso y ahí dimensioné el tamaño de ambos. Me llevaban al menos tres cabezas o más, y de ancho tres cuerpos si o sí. Estaban en musculosa y shorts cortos que dejaban poco a la imaginación. Tenían el cuerpo igual ambos. Dos caras grandes sumamente atractivas, Ro morocho y Tomás un poco más rojizo el pelo. Un cuello grueso y fuerte. El pecho más ancho que vi en mi vida, con dos hombros redondos y fuertes y dos tetas musculosas y gordas. Eran dos bolas de bowling. Tenían una solida panza pero que se le marcaban por sobre ese musculo grasoso los abdominales. Por debajo de los hombros, unos biceps gigantescos, más grandes que mi pecho, y antebrazos gruesos y firmes. Me impresionaron las manos, anchas y con dedos como morcillas. Tenían gambas gordas y tonificadas, muy anchas, con dos rodillotas impresionantes. Los gemelos enormes, y pies peludos de talle 50, gordos jugosos y de gigante. Todo este análisis lo hice en los 5 segundos en los cuales estuve parado enfrente de los colosos que iban a ser mis compañeros de cuarto. Nos vas a contar algo más de vos o que?- dijo uno de los gigantes que tenia en frente mío. Ss si. Llegué hoy del interior del país y estoy con una beca acá. Y voy a estudiar economía.-dije casi como soldado. Miralo al enano. Dejaste todo para venirte aca? No conoces a nadie?- Mm no.- ya ganando un poco de confianza.- Ustedes son los primeros con los que hablo, sin contar la de admisiones.- Bueno no pasa nada. Porque ahora vas a ser como un hermano nuestro!- Ro se emocionó y me levantó devuelta abrazandome con sus brazotes. -Mejor dicho, un hermanito!-
  5. dangerdanger

    m/m Sentí lo fuerte que estoy

    I Conocí a mi handyman un día que estaba tomando un café. Me senté junto a la ventana y vi llegar un camión enorme. El brazo del conductor asomaba afuera y el brazo mas enorme que hubiera visto en mi vida. Con unos músculos gigantes, unos hombros redondos y fuertes llenos de tendones. El tamaño de ese brazo y la definición de esos músculos me hicieron pensar en un hombre enorme, pero nada comparado con lo que vi después. Era un mastodonte de músculos, tenía una espalda del tamaño de una puerta y detrás de su cuello se abultaban unos dorsales tan anchos que hacían pensar en alas. Llevaba una remera suelta y gastada que con el viento mostraba el cuerpo increible que había debajo. Parecía tener mi edad, quizás un poco menos, pero debía estar alrededor de los treinta años. Al lado del resto de los hombres parecía un monstruo gigante, su pecho era tan grande que estiraba la tela. Llevaba un jean roto y gastado que marcaba sus piernas gigantes. Todo en su cuerpo emanaba una fuerza descomunal. No pude quitarle la vista de encima, cada movimiento que hacía era una maravilla musculosa. Del camión bajó unas cajas que nadie más podía bajar. Eran enormes y pesadas, pero él las movía como si no pesara nada. Al final todos lo aplaudieron, le hacían chistes por el tamaño descomunal de su cuerpo. Esto a él le causó gracia y antes de irse levantó los brazos y flexionó ambos biceps para que admiraran el tamaño de su cuerpo. Era una cosa increible. Ni bien se fue, pagué y crucé la calle. Me acerqué a los hombres sin decir nada y me quedé viendo mi celular. Escuché que hablaban de Fabricio. Ese era su nombre. Al parecer además de trabajar como transportista, también era electricista. —¿Electricista? —pregunté—. ¡Necesito un electricista! Así fue como conseguí su número. El día que vino a casa hacía más de treinta grados. Tanto afuera como adentro hacía un calor infernal. Yo me había pedido el día en el trabajo dado que él solo tenía disponible el mediodía. Cuando tocó el timbre corrí a abrir. La sombra que proyectaba su gigantesco cuerpo me hizo pensar en un eclipse. Era mucho más grande de lo que recordaba, tanto que tuve miedo. Me sacaba más de dos cabezas y tuvo que agacharse para pasar por la puerta. Cuando nos dimos la mano fue como si un gigante tomara la mano de un bebé. Su antebrazo era mas grande que mis piernas y encima de eso asomaban unos tubos tan enormes que tuve que respirar por la boca para que me llegara el oxígeno a la cabeza. Fabricio se enderezó y golpeó techo con la cabeza. —Perdón —dijo. —No pasa nada —le respondí—, no es una casa para alguien tan alto como vos. Pero en verdad hubiera querido decir: para alguien tan enorme como vos. —Me pasa seguido —dijo agachándose un poco lo cual le daba un aspecto todavía mas grande por alguna extraña razón. Le comenté mi problema. Necesitaba cambiar toda la instalación de luz, los cables eran demasiado finitos para soportar toda la tensión eléctrica. Le mostré la casa y me dijo un número. No era caro, incluso me pareció bastante barato. Le dije que si y le pregunté cuando podía empezar, me dijo que si lo esperaba podía ir a comprar las cosas en ese momento y le dije que si. Cuando volvió estaba todo transpirado de solo caminar bajo el sol. La remera se le pegaba a sus increibles músculos. Se puso a trabajar de inmediato y dado que era el mediodía no se me ocurrió mejor idea que ofrecerle algo de comer. Traje dos sanguches enormes y le di uno. Me senté a mirar como ese cuerpo inmenso y musculoso trabajaba en mi casa. —¿Es suficiente para vos? —le pregunté—. Digo, sos muy grande, si querés mas comida tengo. Terminó de comer el sanguche y se limpió la boca con la remera. Cuando la levantó puede ver la escultura de músculos que escondía debajo. Nunca había visto un hombre así, parecía tallado en piedra. —Gracias, pero con esto tiro. Además es mi segundo almuerzo, todavía me falta uno más. —¿Tres almuerzos? —Hay que alimentar este cuerpo —dijo y flexionó su brazo. Por poco me morí ahi mismo. El tamaño de sus músculos era irreal, lo mismo que su definición. —Wow —dije haciéndome el boludo—, ¿entrenás mucho? —No —dijo para mi sorpresa—, siempre fui musculoso. De chiquito, a los doce ya tenía bastantes músculos y ya era el hombre más fuerte del barrio. Después solo fui creciendo y mis músculos crecieron mas y mas. Y ahora soy asi. Los médicos decían que solo era muy musculoso y nada más. —Y tienen razón —dije mirándolo de arriba a abajo— ¿Pero no vas al gimnasio ni nada de eso? —Voy, pero de vez en cuando. A veces tengo ganas de hacer fuerza y voy. Cuando tenés músculos tan grandes como yo te dan ganas a veces de ver cuan fuerte sos —dijo y flexionó ambos brazos. —Y me imagino que sos muy fuerte. —No te das una idea —dijo con una sonrisa—. Debo ser entre 10 y 20 veces mas fuerte que cualquier otro hombre. Mirá el tamaño de mis brazos —dijo y los flexionó mientras se los miraba—. ¿Alguna vez viste unos brazos como estos? —Sos enorme. —Y eso porque no viste mi pecho —dijo y con un movimiento lento se sacó la remera. Fue el movimiento más impresionante que vi en mi vida. Por suerte tenía una mesa que me protegía de que él viera mi erección. —Con el tiempo lo que más me creció fue el pecho. Cada vez lo tenía más y mas grande, hasta que me fue dificil encontrar remeras. ¿Alguna vez viste a un hombre con un pecho tan grande? —Wow. —Jaja, si, tengo los musculos muy grandes. Flexionó todo su cuerpo y pude ver como cada parte se inflaba dándole un aspecto todavía más grande. —Y eso que no me viste después de entrenar. Cuando voy al gimnasio termino gigante, cada músculo se vuelve el doble de grande. Después siguió trabajando mientras yo miraba su espalda gigantesca trabajar y moverse en mi casa. Sus brazos eran irreales, montañas de músculos que se inflaban con cada movimiento. —Lo mejor es para conseguir minas —continuó—, a las minas les encantan los hombres musculosos. Se vuelven locas. Cuando voy a los boliches no tengo que hacer nada, se me acercan solas y me empiezan a tocar todos los músculos a pedirme que flexione los brazos. La ultima vez que fui me llevé cuatro minas a mi casa. Fue una fiesta. —Wow... —Si, además no solo tengo los músculos enormes —dijo y me guiñó un ojo. Siguió trabajando mientras yo hacía un esfuerzo por pensar que preguntar. —Lo único que no me gusta de ser tan enorme es cuando se te ponen a mirar esos viejos verdes. ¿Viste esos flacuchos que se calientan con tu cuerpo? Me miran el lomo que tengo y empiezan a pajearse mirando mi pecho y mis brazos. No tengo la culpa de ser tan enorme y fuerte. Y esos putos pajeros te miran como si imaginaran garchando con ellos. Me pasa todo el tiempo. Ademas son unos enanos a los que podría matar con solo apretarles el cuello. Lo que mas les calienta es mi pecho —dijo mientras se tocaba uno de los gigantezcos pectorales—. Me ven el pecho enorme y duro y se empiezan a pajear. —Lo decís como si no te gustara ser musculoso. —¡Me encanta! —dijo y se dio vuelta para que pudiera ver su torso gigantesco—. Es genial ser así de enorme y tener estos músculos. Mirá esto, mirá el tamaño que tengo. ¿Alguna vez viste a alguien con un pecho tan grande? Las minas se vuelven locas. Se les moja toda la concha de solo verme las tetas. Además no vas a conocer a nadie tan fuerte como yo, soy mas fuerte que un toro. Mirame los brazos. Apuesto a que nunca viste a alguien con brazos asi. Mirá veni —dijo pero acercó él; era una torre gigante encima mío—. Apretame los brazos. Con ambas manos. Dale, apretá con fuerza. Mirá el tamaño de tus manos y de mi brazo. No llegás ni a tocarte los dedos. Apretá con fuerza. No podés ni apretar. ¿Sentís la fuerza que tengo? Y eso es solo mi brazo. Imaginate mis pectorales. Me encanta ser tan enorme y fuerte. Nadie se compara al tamaño que tengo. Soy un super hombre y estoy super fuerte. Las minas dicen que estoy todo tallado. Ja, y tienen razón. Mirá el lomo que tengo. Y eso que no viste mis piernas —dijo y se bajó los pantalones. Debajo asomaron las piernas mas enormes que hubiera visto en mi vida, llenas de musculos, redondas y cada una mas grande que mis dos piernas juntas. Debajo de su calzón descansaba una anaconda—. Mirá las piernas que tengo. Son dos bestias. Y la fuerza que tengo ahi es irreal. Puedo levantar lo que sea. Uf, estoy re fuerte. Boludo, mirá el tamaño de estos musculos. Esto es un hombre en serio. Soy una bestia. Necesito algo para hacer fuerza —dijo mientras flexionaba los brazos—. ¿Tenés algo pesado? Hace algunos días me habían traido el nuevo lavarropas. Y no había tenido tiempo de instalarlo. Ahí estaba, todavía vuelto. Pesaba más de ochenta kilos. —Veni que te muestro lo fuerte que estoy —y dijo así, lo fuerte que estoy. Levantó el lavarropas y empezó a hacer biceps. Sus brazos se inflaron hasta duplicarse en tamaño, pero de todos modos no parecía estar haciendo un verdadero esfuerzo. Perdí la cuenta después de que hizo mas de treinta y siguió y siguió mientras su cuerpo se inflaba y se inflaba. Estaba cada vez más grande. —Mirá el tamaño de estos músculos. Apuesto a que nunca viste un hombre tan musculoso. Soy una bestia. Después se acostó en el suelo y empezó a levantar el lavarropas haciendo pecho. Sus pectorales se inflaron hasta convertirse en dos sandías gigantes. Apoyó el lavarropas y levantó los brazos flexionando los gigantescos biceps que tenía. —Mirá este cuerpo. Mirá el pecho que tengo. Estoy re duro. Mirá el tamaño de mis músculos —dijo y se acercó para flexionar su brazo cerca de mi cara—. Mi brazo es mas grande que tu cabeza. Mirá lo grande que soy. Dale, tocá. Sentí lo fuerte que estoy. Así fue como conocí a mi Handyman.
  6. bbmikenj

    m/m The Interview

    The intercom on his desk phone buzzed, and Tom Beck, the office manager, picked it up. “Mr Beck,” said his secretary Anna, “your ten o’clock interview is here.” “Ok,” said Mr Beck. “But why are you whispering?” “Well, he’s sort of an unusual candidate,” said Anna, still whispering. “Unusual in what way?” “His attire is a little odd, and he’s…he’s kind of a giant.” Mr Beck chuckled to himself. Anna was prone to exaggeration, and being a tiny woman, everyone seemed big to her. The first time he’d met her, her first words were, “My goodness, you’re huge!” At 5’10, 225lbs of pretty solid muscle, Tom certainly wasn’t small, but huge was a word he would not have applied to himself. “Go ahead and send him in, Anna.” “Ok, but don’t say I didn’t warn you.” Tom stood up at his desk as his office door opened. Even with Anna’s warning, he was not quite prepared for what he was seeing. The young man walking thru the doorway had to turn almost sideways to fit his vast shoulder spread into the room. Tom sized him up at a good 6’6” and at least 350lbs of muscle. He came across the room and extended his hand to shake with Tom. “Hello, Mr Beck. I’m Marcus.” As they shook, Marcus’s hand engulfed Tom’s with his beefy palm and sausage sized fingers. “Hello Marcus. Have a seat.” Marcus sat down, and made the office chair he was in look like it came from an elementary school. He was wearing a short-sleeved white dress shirt and black pants. He had a narrow black tie on, but it was loosened, and his top collar button was undone, giving his 24” neck some freedom to show. His huge arms strained the short sleeves, and his big chest strained the shirt buttons. His thighs stretched the gabardine fabric of his pants till it looked thin and shiny. His shirt pocket had a pocket protector in it. He looked like a monster nerd. Tom picked up Marcus’s resume and looked it over, giving himself some time to compose himself. He realized how Anna must feel around people so much bigger than her. It is intimidating just being in their presence. He saw that Marcus had graduated top of his class, and had been captain of his college’s weightlifting squad for all four years. “As you know,” Tom started, “we are a small marketing company representing mostly sportswear businesses and supplement companies, along with some gym franchises and weightlifting wholesalers. It helps to have a sports or fitness background when dealing with our clients. You certainly look like you keep yourself…fit.” Marcus laughed. “Does it show?” he said, then bounced his pecs under his white cotton shirt. “Geezus,” stammered Tom. “I gotta ask, Marcus, just how much do you weigh?” “385lbs this morning,” Marcus answered. Then he flexed his arms into a double biceps shot. The sleeves of his shirt got pushed back as his peaks rose up and up. As they swelled higher, both sleeves ripped. “Damn,” said Marcus. “another shirt ruined. Guess that’s what happens when your arm pass twenty-four inchs, Mr Beck. You like?” Marcus knew muscle lust when he saw it in someone’s eyes, and he was going to milk it to the max. “Holy….”said Tom. “Yep,” smirked Marcus. “ And they just keep on getting bigger. You wanna see my chest, Mr Beck?” Marcus stood up, his huge frame seeming to fill the office. “Why don’t you come over and unbutton my shirt?” Marcus undid his tie and tossed it aside. Tom knew he shouldn’t. He knew. But he stood up anyway, his heart pounding hard. He couldn’t stop himself. He was mesmerized by so much muscle mass right in front of him. He made his way around his desk. Marcus turned to face him, towering over him. “Go ahead,” said Marcus, thrusting his massive chest outward. As Tom reached up for a shirt button, his forearms grazed along the white fabric, feeling the solidness of the protruding pec slabs underneath. He undid one button, then another. The shirt had no choice but to spread open wide, and Tom could see a tattoo on the massive young man’s chest. He undid a third button, and the shirt opened up enough for Tom to see a big “ALPHA” tattoo, all in black ink, across Marcus’s upper chest. Marcus smiled as he saw Mr Beck soaking in his tat, and his swole chest. “Sixty-eight inches of chest and lats, Mr Beck.” He reached down and unbuttoned the remaining buttons, and spread his shirt open, exposing his powerful roidgut. Even though swollen and rounding out, his abs still showed through his tight skin. Marcus flexed his gut muscles and made the ridges deepen around his thick 8-pack. “Oh my god,” said Tom, as he stepped back and leaned against his desk. “Am I ‘fit’ enough?” asked Marcus. “Not too bulked for ya?” “No, no, not at all.” “Here, help me take my shirt off, I’m in the middle of my bulk, so it’s getting harder to maneuver this mass.” “Holy…” said Tom. He walked over behind the massive Marcus and reached up to his collar and started pulling it down. They both struggled to work Marcus out of his shirt, and Tom looked in awe as more and more of the massive landscape of rolling muscle was exposed on Marcus’s huge back. Finally free of his shirt, Marcus shook out his torso, and his muscle seemed to expand even more, and filling the office with the musky scent of testosterone. Tom was able to get his first look at Marcus’s backside. His huge glutes were mounded thick and high, making his dress pants tight as a drum. “God,” said Tom. He put one hand on Marcus’s big back to steady himself. “You ok, Mr Beck?” “You’re hired,” said Tom, feeling just how hard and thick the man’s back was. “What was that?” “You’re hired,” he repeated. “Yeah? Just like that? You haven’t even seen my legs yet.” And with that, Marcus turned to face Tom and began flexing his quads inside his dress pants. The fabric stretched so tightly that Tom could see the veins running up and down Marcus’s huge thighs. “Let’s talk about my salary,” Marcus said. And he flexed hard enough that front of his pant legs started to tear down the middle. “I’ll double it,” stammered Tom, staring at the pants as the swelling quad muscle pushed its way out. “That’s what I like to hear,” said Marcus. Then he shredded his pant legs with his huge muscles. Then he forced his big roidgut out, and the buckle on his dress belt snapped apart like a cheap plastic toy. He then sucked his gut into a deep vacuum pose, and his pants slid down his 37 inch quads and onto his shoes, exposing the black poser he’d been wearing underneath. He stepped out of his Italian loafers and what was left of his pants. “You’re looking a little pale, Mr B,” said Marcus. “If you think I’m big now, just wait until I’m well over 400lbs.” Then he started posing, hitting flex after flex, turning and showing Tom his back double bi, his lat spread, then turning back around and hitting side chest shot, then a most-muscular. Tom gasped at each pose, and his left eye was twitching as he watched the superheavyweight new hire swell with size. “Speaking of which,” said Marcus, continuing to flex, “I’m going to need a pretty big office…” “You can have this one,” said Tom. “That’s mighty big of ya, Mr B. You know, you look pretty jacked up yourself. I used to be as little as you, but then I graduated high school.” Marcus moved toward Tom, until his huge chest was only an inch away from, and level with, Tom’s face. “Suck my nipples, Bossman.” Tom didn’t need to be told twice. He went to work on the big nip jutting out of the huge pec. He put his hands on the bigger man’s pumpkin-sized delts, feeling the thin sheen of sweat coating the rock hard muscle. He sucked and sucked on one nipple till it was engorged. Then he moved to the other side. “Ah, yeah, you got a hot mouth, Bossman. I knew it the minute I walked in here. We’re going to make a great team.” Marcus pulled his new boss mouth off his teat, and went and picked up the chair he’d been sitting in earlier. He wedged the top of the chair underneath the doorknob of the office door. “But first, we’re going to break in my new office,” he said, stepping out of his poser and snapping it at Tom like a rubber band. It hit him in the face, and Tom held it there, breathing in the musk. He reached over and hit his intercom button. “Anna,” he said, “hold all my calls for….” He looked at Marcus. “The next two hours,” said the naked bulked superheavyweight.