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  1. Bueno, ¿cómo comenzar? En primer lugar, me gustaría que sepan que este es mi primer relato. Siempre tuve ganas de comenzar con uno, pero nunca me animé a hacerlo. No me considero un escritor, pero me parece que este ámbito se presta más a que dejemos volar nuestra imaginación sin importar mucho la escritura. Así que acá va el primer capítulo de esta historia. En este primer relato dejo mi mente fluir para ver cómo puedo llegar a darle forma después. Obviamente que recomendaciones y sugerencias son bien recibidas. Espero lo disfruten. ----------------------------------- El short de rugby - Capítulo 1 - Me llamo Luciano - Lucho para mi familia y amigos -, tengo 20 años y vivo en la ciudad de Santa Fe, Argentina. Siempre fui un chico activo físicamente aunque no tenga la complexión de un deportista profesional o de un pibe que va de forma rutinaria al gimnasio. Para mis 1.70 m de altura y 66 kg, no puedo quejarme de mi imagen corporal. Soy delgado, pero tonificado y marcado. Además, soy un pibe que el resto de la gente considera lindo: tengo ojos color miel, pelo corto lacio color castaño, cara de nene tierno con una hermosa sonrisa que derrite a cualquiera. Y una barba que empezó a crecer hace poco, y que dejada unos días me da un aspecto de pibe sexy que me gusta mucho. Hace poco me mudé a un departamento para estudiar en la universidad, dejando por fin la casa de mi familia, y esta nueva libertad viene acompañada también de querer emprender nuevas actividades. Y para mí el deporte es importante, así que estuve haciendo averiguaciones para arrancar rugby. Para quienes no lo saben, Santa Fe es una ciudad con bastante trasfondo de rugby, donde este deporte junto con su cultura está muy implantados en la sociedad, sobre todo en las esferas más altas de la sociedad. ¿Por qué rugby y por qué no otro deporte? Porque siempre me fascinaron los jugadores de rugby. No me considero gay - estoy de novio con una chica llamada Pilar desde hace unos años. Ella tiene mi misma edad y es jugadora de voley y también hace patinaje artístico, por lo que tiene un físico envidiable -, pero me encantaría tener la potencia física y sexual que estimo tienen estos jugadores. Ver esa potencia en los sprint y en los scrums, siempre me dio ganas de algún día desarrollar mi cuerpo a ese nivel y ser una especie de máquina sexual. Después de haber averiguado en los diferentes clubs, me decidí por uno y arranqué. La verdad que los primeros tres meses fueron muy intensos. Fue adaptarse a un nuevo ritmo aeróbico, a mucho esfuerzo físico comparado con la natación y a una nueva rutina diaria que equilibre los nuevos horarios de entrenamiento y gimnasio con la facu, el estudio y la vida personal. A pesar de todo, los cambios estaban a la vista después de ese tiempo. Estaba muy tonificado en todas partes: el pecho lo tenía más turgente, empezaba a tener unas lindas, aunque pequeñas tetas que respondían a la contracción cuando quería moverlas. Los brazos los tenías más inflados, como si hubiera estado entrenando todos los días en el gimnasio, pero no era así. Los tríceps se me marcaban cada vez que extendía el brazo, y ponerme una chomba ajustada robaba muchas miradas en la calle. Todo esto era el principio de los cambios, era empezar a tener un cuerpo que había soñado. Físicamente hubo cambios. Sexualmente, también. Mi rendimiento sexual había aumentado mucho, sentía que podía tener sexo con Pilar tres o cuatro veces en una noche y no cansarme en absoluto. Pilar estaba sorprendida y amaba los cambios de mi cuerpo. Una de las cosas que la volvían loca cuando estábamos en la cama era cuando la daba vuelta, la ponía boca abajo y le metía la poronga por el culo, lamiéndole la oreja y llamándola mi puta. Ahí ella podía sentir mi nuevo peso – había ganado unos 3 kg gracias al entrenamiento y a la nueva alimentación - y mi nueva potencia encima de ella. Arqueaba la espalda pidiéndome que le dé más fuerte, que la haga su puta y que la domine. Me volvía loco ver la raya de su culo torneado siendo aplastado por mi pelvis cada vez que la penetraba. Me sentía, literalmente, una bestia. Puedo decir que empecé a estar como quería. Me había acostumbrado ya a la rutina: facultad, estudiar y, más tarde, el gimnasio o entrenamiento en el club, dependiendo del día. En esa vorágine de actividades, un día llegué al club y me di cuenta cuando me estaba cambiando para salir a la cancha de que me había olvidado el short. Les pregunté a mis amigos si tenían alguno y me dijeron que me fije en una caja donde se guardaba ropa que otra gente se había olvidado y que nunca más habían buscado. En la caja busqué entre diferentes prendas de rugby y encontré un short de rugby, blanco, de la misma marca que yo tenía y que era talle L, dos talles más que el mío, S. Aunque sea más grande lo necesitaba, no podía salir en bóxer a la cancha. Al ponérmelo, sentí que tenía un fuerte olor a sudor, ese mismo olor que el cuerpo emana cuando terminas de correr o un entrenamiento en el gimnasio. Pero también tenía olor a bolas, o a sexo, no sabría muy bien cómo describirlo. Olor a macho, creo que termina siendo una buena definición. Esa noche en la cancha lo di todo. No sé qué me pasaba. Pero estuve muy concentrado durante todo el entrenamiento y sentí que no me cansaba tanto como antes. Sentí que los músculos no se me fatigaban tanto, las piernas me respondían rápido y los reflejos los tenía más agudizados. La verdad me sentía muy bien. Después de estirar y terminar el entrenamiento, nos fuimos con mis amigos a los baños del club, para sacarnos toda la tierra y el sudor que teníamos encima. - Hoy estuviste a full, Lucho - Me dijo Joaco, uno de los del equipo. - Sí, terrible. No sé qué me pasaba – respondí. - Te estás acostumbrando un poco a este tipo de entrenamiento. Yo te veo un toque más marcado, chabón. Como que te inflaste un poco últimamente. - Viste, me encanta. Me siento más fuerte, como con más vitalidad. Y tengo una calentura que no sé cómo sacármela. A mi novia le encanta. - Bienvenido al mundo de ser un rugbier. Si seguís así la vas a dejar pidiendo agua más de una vez. A las minas les encantamos. Una ducha bien caliente me dejó como nuevo. Era pleno Julio, mucho frío. Tenía ganas de irme a mi departamento a comer algo caliente y a dormir, ya que al otro día tenía facu bien temprano. Sin darme cuenta, guardé el short de rugby blanco que había tomado prestado junto con la otra ropa de deporte en mi bolso. Saqué para vestirme un pantalón de jogging y una chomba color roja que había traído, y encima me puse una campera de algodón azul marino, que contrastaba bien con el rojo. Caminando solo por el boulevard de la ciudad, volviendo al depto, sentí que la chomba me apretaba más a la altura de los hombros. No sé si era por el entrenamiento que había tenido o qué, pero la sentía muy incómoda, más que otras veces. De todas formas, la verdad, estaba empezando a amar esa sensación de empezar a sentirme más inflado como había dicho Joaco. Estaba empezando a tener el cuerpo y la potencia de un rugbier.
  2. Bigconnorfan

    no sex Nuevo hermanito

    Todo empezó cuando terminé el colegio. Decidido a seguir con mis estudios pero sin ninguna universidad lo suficientemente buena para hacerlo, tuve que mudarme a la capital del país. Solo. Sin mi familia ni mis amigos. Pero lo hice. Debido a mis excelentes notas durante mi secundaria, conseguí una beca en una prestigiosa universidad conocida tanto por su excelencia académica como deportiva. En un país como el nuestro, ambas sumamente importantes. La beca consistía en que ellos me pagaban todo, incluso el alojamiento y la alimentación, lo que sí, iba a compartir departamento con dos estudiantes más, pero dije que más da, nada puede salir mal. Era un lunes de principios de marzo y todavía era verano cuando llegué a la gran ciudad. Fui directo al campus de la universidad donde me habían dicho que me explicarían mejor como sería el sistema de la beca. Llegué a la universidad y no lo podía creer. Era otra ciudad adentro de la ciudad. El parque era inmenso y habían varios edificios dentro de este donde debían de estar las clases y las instalaciones. Fui al edificio principal y hablé con la señora de admisiones. Estuve allí una hora y un poco más que fue todo lo que tardó en explicarme todo el sistema de las clases, horarios, lugares y mi departamento. Me dijo que lo compartiría con unos tales Tomás y Rodrigo Morrudos. Mellizos. Que coincidencia pensé. Le agradecí a la señora por tomarse su tiempo y luego de explicarme como llegar al departamento, que por suerte estaba dentro del campus, partí con mi valija y bolso listo para desempacar y comenzar esta aventura. Caminando por el parque me di cuenta de algo. Todos eran muy altos. De por sí no soy una persona alta, y tampoco grandote, mas bien la gente me definiría chiquito. Por ahi escuálido algunos con peor humor, pero nunca había sido un tema serio en mi vida. Tenía 18 años y medía 1,68 cm y pesaba unos 60 kilos. No esta tan tan mal, eso pensaba yo. Llegué al edificio y era enorme. Entré y había mucho alboroto de gente. Todos de mi edad o un poco más grandes buscando sus deptos y acomodándose. Claro eran los primeros días del año. Subí cuatro pisos por la escalera, la fila del ascensor era muy larga, y llegué a mi piso. Busqué el numero 403 e introduje la llave que me habían dado. Abrí la puerta y lo primero que sentí fue un olor masculino, a macho. Entré y vi que era un depto bastante chico, pero muy util. Tenía una pequeña cocina con microondas incluido, en esta misma una mesa con cuatro sillas, una heladera y la pileta con la canilla para lavar los platos. Una puerta abría a un pequeño baño con inodoro, bidet y ducha, y la otra puerta restante llevaba a mi cuarto. Al abrir la puerta me corregí diciendo nuestro cuarto. Había una cama cucheta y otra cama. La cama individual estaba tomada por un bolso grande y la cama superior de la cucheta lo mismo. Puse mi bolso en la cama que quedaba, la de abajo. Me di cuenta que no había tanto espacio entre esta y el colchón arriba mío pero no me quedaba otra. Había llegado tarde. Me senté en mi cama y me puse a desempacar. Había un ropero con tres secciones bien divididas para cada uno, un alivio. Mientras que hacía esto vi que habían unas zapatillas muy grandes en el piso. Agarré una y me fije el talle. Talle 50, no lo podía creer. Yo calzo 39 tan solo. El pie de ese ser humano debe ser inmenso. De curioso lo olí al zapato. Sentí algo y lo dejé en el piso donde estaba. Después de empacar fui a la cocinacomedor que era nuestro depto y me senté en el sillon que olvide mencionar, grande pero no se si para tres personas, y me puse a mirar television. Debían de ser las 7 de la tarde y me empecé a adormecer... Me desperté de golpe por el ruido de unos pasos pesados en el pasillo de afuera. Escuché dos voces. Graves. Muy graves. Retumbaban y las vibraciones entraban al depto. Hablaban de un entrenamiento. Y de que iban a estar con un compañero de cuarto. De repente se abrió la puerta. Del marco no provino nada de luz. Solo oscuridad. Se agachó y puso de costado para pasar por la pequeña, para él, puerta. Acto seguido lo siguió un gigante de su mismo tamaño. Yo estaba acostado en el sillón y todavía no se habían dado cuenta de mi presencia. Te vino bien el gimansio e! Mira este culote!- el gigante de pelo rojizo le apretó con su manopla la nalga inmensa del de pelo castaño. Te gusta este cuerpo que tengo e. Puedo jurar que cada vez estoy más grande, más gordo y más puesto. Mirá lo que son estas tetas!- empezó a rebotar dos melones gigantescos y fue entonces cuando se sobresaltó y frenó de golpe. Me miró a los ojos. Me vió. Mirá quien está acá hermano! Nuestro compañero, mejor dicho compañerito, de cuarto! Es enano! JA JA!- su voz grave retumbó en mi cabeza y empecé a pararme un poco asustado que me haya visto viéndolo e intimidado por su tamaño. Se me acercó a mí y con su altura y ancho me intimidaba. Era un gigante. Mirandolo desde abajo parecía incluso más grande. Me intenté parar y caí para atrás pero dos manoplas callosas y calurosas agarraron mis brazitos y espalda. No te caigas chiquito! Vení para acá que te queremos conocer mejor.- me levantó y estaba inmovilizado en el aire por sus manos. No podía creer la fuerza que tenía este hombre. Me puso frente a su cara y pude ver lo fachero que era. Seguía teniendo un poco cara de niño pero su barba recien afeitada mostraba que ya era adulto. Los pomulos bien marcados, labios gruesos, ojos marrones, y un cuello muy grueso. El enfocó sus ojos en los míos y rapidamente desvíe la mirada al piso. Estaba levitando al menos treinta centimetros de este. Emm hola. Soy Ramon su su compañero de cuarto.- dije tartamudeando. Hola chiquitin! Yo soy Ro, y él mi hermano Tomás. Somos mellizos como podes ver. BROAAAAR.- un eructo largo y potente directo a mi cara.- JA JA siempre me pasa, ahí te bajo enano me olvidé que te estaba levantando.- Volví al piso y ahí dimensioné el tamaño de ambos. Me llevaban al menos tres cabezas o más, y de ancho tres cuerpos si o sí. Estaban en musculosa y shorts cortos que dejaban poco a la imaginación. Tenían el cuerpo igual ambos. Dos caras grandes sumamente atractivas, Ro morocho y Tomás un poco más rojizo el pelo. Un cuello grueso y fuerte. El pecho más ancho que vi en mi vida, con dos hombros redondos y fuertes y dos tetas musculosas y gordas. Eran dos bolas de bowling. Tenían una solida panza pero que se le marcaban por sobre ese musculo grasoso los abdominales. Por debajo de los hombros, unos biceps gigantescos, más grandes que mi pecho, y antebrazos gruesos y firmes. Me impresionaron las manos, anchas y con dedos como morcillas. Tenían gambas gordas y tonificadas, muy anchas, con dos rodillotas impresionantes. Los gemelos enormes, y pies peludos de talle 50, gordos jugosos y de gigante. Todo este análisis lo hice en los 5 segundos en los cuales estuve parado enfrente de los colosos que iban a ser mis compañeros de cuarto. Nos vas a contar algo más de vos o que?- dijo uno de los gigantes que tenia en frente mío. Ss si. Llegué hoy del interior del país y estoy con una beca acá. Y voy a estudiar economía.-dije casi como soldado. Miralo al enano. Dejaste todo para venirte aca? No conoces a nadie?- Mm no.- ya ganando un poco de confianza.- Ustedes son los primeros con los que hablo, sin contar la de admisiones.- Bueno no pasa nada. Porque ahora vas a ser como un hermano nuestro!- Ro se emocionó y me levantó devuelta abrazandome con sus brazotes. -Mejor dicho, un hermanito!-