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Atrey

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  • This profile is a...
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    Gay
  • What are your interests?
    bodybuilding, morph and growing pictures and stories. Art and literature. Hablo español.
  • What are your dream stats?
    Fantasy stats?<br />
    7 foot 6 inches and like 450 lbs of solid muscle.<br />
    <br />
    In real life?<br />
    I am 5 foot 11 inches, I wish to gain all the muscle that my body can gain.

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  1. Atrey

    Leyenda

    Gracias a todos, si está pensado como un one shot y a otra cosa. Tengo un par de ideas para otras historias cortas que quizá luego desarrolle, quizá me falte un poco encontrar algo suficientemente diferente para motivarme a escribirlas, pero ya veré. Gracias de nuevo a todos.
  2. Atrey

    Leyenda

    -No se lo van a creer- pensó Samuel mientras llenaba una botella de agua-, ya necesito salir al campo y demostrarles lo que puedo hacer ahora. Terminó de llenar la botella y la metió en su mochila. Ya estaba lista, llevaba una toalla, el cargador de su celular, una camiseta y algunas pocas cosas más. Ese día era uno que Samuel llevaba esperando todo el mes y ya no podía aguantar más. Aun faltaban cerca de dos horas para la cita, pero ya estaba completamente listo y podría haber salido a la cancha ya mismo. A Samuel siempre le había gustado el futbol. Iba al estadio a ver a su equipo cada que podía, pero su verdadera pasión era jugar. Desde niño cuando jugaba en el barrio, hasta la universidad en que había intentado varias veces entrar al equipo de su facultad sin mucho éxito. Podía decirse que su nivel era decente para jugar con sus amigos, pero no podía compararse con los otros chicos que integraban el equipo. Cuando cumplió 18 años se dio cuenta que sus sueños eran difíciles de cumplir, era de escasa estatura y más bien regordete. Aunque tenia piernas fuertes, su corta extensión hacia que no fuera muy rápido en el campo, podía tirar con fuerza, pero su físico conspiraba para no llegar al siguiente nivel. Al menos así había sido hasta un mes atrás. -Aun tengo horas- pensó Samuel. Vivía muy cerca de la facultad, así que aun tenía mucho tiempo para quemar- quizá aun tenga algo de tiempo para una sesión extra. Se puso frente al espejo y admiró su cuerpo. Llevaba un jersey nuevo de su equipo favorito, era lo suficientemente ceñido para que su cuerpo se insinuara través de la tela, podía ver su pecho marcado, más abajo el espacio donde antes había tenido panza y ahora sabía que se escondía debajo de la tela seis abdominales bien marcados. Flexionó el brazo y vio su bicep reaccionar y llenar el espacio que le dejaba la manga. Sus piernas se veían más fuertes que nunca, traía unos shorts cortos que dejaban ver sus muslos bien marcados y sus pantorrillas duras. Sabía que ya tenía un físico que cualquier muchacho de su edad envidiaría y no podía esperar para ponerlo a prueba. Estaba en una mejor condición física que cualquiera del equipo, seguro en cuanto empezara la temporada podría él solo llevar al equipo a ganar cualquier partido. Quizá debería dar una demostración aun mayor, había parado con el tratamiento cuando pensó que sería suficiente para ser el mejor del equipo, pero no veía por qué tenía que detenerse ahí. Se imaginó jugando profesionalmente y quizá incursionando a otros deportes también. -Un par de pastillas más seguro harán que llegué al siguiente nivel- pensó. Tomó el bote de cápsulas que tenía en el gabinete en el baño y se tomó dos más. De inmediato comenzó a ver el cambio. Vio como su pecho se inflaba y marcaba más, sus brazos crecían hasta ya no necesitar flexionarlos para que abarcaran todo el espacio que dejaba la manga. Sus piernas se engrosaron y sintió por dentro como su cuerpo se alargaba. Medía 1.80 metros esa mañana, pero quizá con esas dos pastillas había crecido cinco centímetros más. Incluso su rostro, ya atractivo, se perfiló más, se vio al espejo y se maravilló del semental de piel morena que lo veía de reflejo. Finalmente a quién le importaba el equipo de su facultad, alguien como él debía estar ganando millones en un equipo de primera. Se levantó la camisa y vio como comenzaban a marcarse otros dos abdominales en su estómago. Quizá una o dos pastillas más harían que se terminaran de asomar. Las tomó esta vez con el jersey levantado para ver cómo se realizaba el cambio. Los abdominales inferiores se marcaron hasta ponerse al parejo con los otros seis, sus oblicuos hacían un conjunto con ellos que se veía imposible de lograr por cualquier modelo de fitness. Los flexionó y estos reaccionaron aun más, podía ver en ellos la forma perfecta del músculo. Levantó la mirada y vio sus hombros aun más gruesos, sus deltoides resaltaban del jersey y sus biceps y triceps luchaban por hacerse espacio en la tela que ya se quedaba corta. Sus piernas apenas cabían en sus shorts, notó con entusiasmo como se notaba un bulto en medio de sus piernas, la noche anterior había medido 20 centímetros, ahora seguramente mediría más. Aun quería más. Samuel pensaba en los comentarios de sus amigos, en lo poderoso que su cuerpo era y en todas las proezas físicas que su ahora enorme cuerpo de 1.90 metros podría lograr. Vio el reloj y notó que aun tenía hora y media antes de que comenzara la prueba. Qué prueba iba a ser esa, seguro todos se arrodillarían nada más verlo pasar, podía sentir ya la lujuría con la que lo mirarían y la vergüenza que sentirían de sus propios cuerpos, escualidos comparados al suyo. Un poco más y sería perfecto, un poco más y podría compararse con los mejores atletas del mundo. Tomó dos pastillas más. El efecto fue aun más pronunciado esta vez. Vio como su cabeza llegaba más alto que el armario, lo que le indicaba que había superado los dos metros de estatura. Ese fue el primer cambio, pero le siguió el resto del cuerpo que parecía incrementarse a cada segundo. Escuchó la tela rasgarse mientras sus brazos se hacían aun más grandes y fuertes, había visto a fisicoculturistas profesionales con biceps que no se comparaban a los suyos. Sus muslos dejaban ver cada fibra de músculo, su bulto era realmente obsceno, decidió sacarlo y una gran cobra de unos 30 centímetros asomó. Samuel tenía 18 años recién cumplidos y a juzgar por lo que veía debía ser el más asombroso atleta del mundo, quizá jugaría por diversión en algún club profesional, luego podría dedicarse también a otros deportes, americano, basquetball, atletismo, culturismo, natación, rugby, lucha. Sabía que tenía la capacidad para convertirse en campeón mundial de cualquier deporte que quisiera. No se podían comparar con él. Samuel era el hombre más perfecto, el más fuerte, rápido y atractivo... y aun quedaban muchas pastillas en el frasco. El reclutamiento casi terminaba y el entrenador ya estaba decidido por sus jugadores de ese año. Casi todos habían repetido del año anterior más alguno nuevo que podía tener potencial si entraba lo suficiente. Aun quedaban dos pruebas más, pero creía que ya estaba cerrado en realidad. El entrenador llenaba unos formularios cuando escuchó un murmullo de los demás jugadores, pronto notó que ese murmullo cambiaba a una especie de gritos de admiración. -E..e... entrenador, vea... vea... eso. El hombre salió de su oficina y se quedó boquiabierto. En el campo estaba el más perfecto chico que hubiera visto nunca. El más alto de sus jugadores media 1.90 y ese muchacho que había llegado era mayor aun por al menos 30 centímetros. Sus piernas eran del tamaño de gruesos troncos llenos de músculo, el jersey que traía, desgarrado, revelaba un pecho gigante, cada pectoral era del tamaño del cuerpo de uno de sus jugadores. Sus brazos eran gruesos, fuertes, sabía que podrían doblar el travesaño con facilidad. Nadie se comparaba de ninguna forma a lo que esa bestia podía llegar a hacer. El cuerpo de ese muchacho exhalaba virilidad y fuerza. Volteó a ver a los otros jugadores y notó como muchos comenzaban a tocarse al verlo, se sorprendió a si mismo con su miembro duro y notó cómo la lujuría lo llenaba cuando vio el monumental bulto que coronaba la perfección del cuerpo del muchacho. -¿C... cómo te llamas?- alcanzó a preguntar. -Me llamo Samuel, vengo para que vean cómo es una leyenda.
  3. Me gustó mucho. Ya quiero leer el siguiente. Muy caliente la parte final cuando está con Javier
  4. Va una historia corta para contribuir con las historias en español. Tengo otra pendiente que no sé cuándo retomaré. ---- Después de entrenar Pedro llegó a su casa tras un largo viaje en autobús desde la facultad. Hacía rato que era de noche, habría deseado tener energía para estar un rato en internet, quizá hacer de cenar algo más elaborado que una sopa instantánea y, para variar, hablar un poco con sus amigos, pero estaba tan cansado que ese día seguramente sería igual que el resto de su semana: simplemente pondría una serie en Netflix, comería cualquier cosa y caería rendido en su cama. La diferencia era que al fin era viernes, al otro día no tendría que hacer nada más que descansar y dormir todo el día. Quizá no había sido tan buena idea entrar al equipo de futbol de la facultad. A Pedro siempre le había gustado ver y jugar, era relativamente bueno, pero nunca había estado en un equipo y ya tenía un par de años de que su mayor ejercicio era subir las escaleras de la universidad. Había pensado en entrar al equipo como un modo de hacer ejercicio y hacer amigos, además de que ver a otros deportistas en las duchas tampoco estaba mal. Sin embargo sus expectativas no correspondían por completo con la realidad. Esa semana había empezado un entrenador nuevo y las rutinas que les ponían a hacer eran terribles. Pedro nunca se había ejercitado tanto en su vida, el entrenador los hacía correr kilómetros, hacer cientos de lagartijas y sentadillas, los mandaba al gimnasio a realizar rutinas de dos horas de duración para terminar con otra carrera. Él muy apenas podía completar la mitad de los ejercicios, aun el más experimentado de sus compañeros muy apenas llegaba a realizar todo y el entrenador de todos modos siempre agregaba algo más. Lo extraño es que de futbol había poco en esa rutina. Se habían quejado el segundo día, pero les habían contestado que simplemente era el modo en que él hacía las cosas y sus resultados demostraban su capacidad. Lo cierto es que al final de la semana Pedro ya encontraba cierto placer en ver hasta dónde llegaría cada día. No había hecho ningún avance, pero quizá podría llegar a un poco más en unos meses. Se descalzó y se quitó el jogger y la camiseta que traía, se vio en el espejo. Claramente se notaba su falta de ejercicio, sus piernas no resaltaban mucho, su pecho apenas y sobresalía de su cuerpo y se asomaba una discreta panza en su abdomen. Suspiró y tomó su mochila, abrió el armario y la arrojó dentro sin pensar mucho. Clac. Algo sonó en la mochila. Había olvidado completamente lo que había dentro. El entrenador les había dado a cada uno un frasco con vitaminas y les dijo a todos que tenían que tomar una cada semana empezando ese viernes. Pedro se sirvió un vaso de agua y tomó la pastilla sin pensar mucho en eso. Se dio una ducha rápida, se puso un short y una camiseta vieja y se puso a ver una serie en Netflix. Era un anime que le habían recomendado sobre un tipo muy fuerte que podía derrotar a sus enemigos con una facilidad pasmosa. Era entretenida, pero pronto comenzó a ganarle el cansancio del día. No pasó mucho tiempo antes de que se quedara dormido en el sillón. Tuvo sueños extraños, jugaba futbol en un gran estadio, el solo contra todo el otro equipo. Aun así podía correr más que ninguno, daba balonazos que cruzaban la cancha de punta a punta y anotaba con precisión. Los otros no estaban a su nivel. Él era más alto, más fuerte, más rápido. Despertó con una erección enorme. Se vio los shorts y los vio manchados en donde se levantaba un bulto firme. Hacía años que no tenía un sueño húmedo. Pedro vio la hora. Pasaba ya de mediodía, había dormido más de 16 horas. Definitivamente ese entrenamiento lo había dejado exhausto. Estiró los brazos y se levantó del sillón para cambiarse. Cuando se quitó el short soltó un grito ahogado. ¿Esas eran sus piernas? Eran de al menos el doble del tamaño que la noche anterior. Sin duda eran piernas de un futbolista de años, se notaba cada músculo en ellas, sus pantorrillas eran firmes y sobresalían cada vez que movía un poco cada una. Las sentía fuertes, capaces de correr por horas, de completar cualquier régimen que les pusiera. Se quitó la camiseta y se vio un pecho bien fibrado, muy marcado. En su estómago ya no había rastro de la panza del día anterior, más bien se notaban unos ligeros abdominales. Levantó su brazo y flexionó sus biceps, respondieron al instante, una esfera de músculo bien delineada. Pedro flexionó todo su cuerpo de una vez. Y contempló extasiado las fibras de sus músculos, sintió la sangre recorrer su cuerpo y notó que poseía una gran fuerza y resistencia, sabía que la tenía. Se sujetó el pene con su mano y no pudo evitar masturbarse mientras se veía en el espejo. En un día había avanzado más que cualquier deportista de su universidad, pensó en semejantes y se le vino a la cabeza las fotos de Cristiano Ronaldo flexionando su cuerpo, enseñando su condición de macho. Se vino furiosamente a chorros. Expulsó tres, cuatro, cinco chorros grandes de esperma que terminaron en el suelo. No entendía que había pasado. Se dio una ducha rápida y comenzó a preparar comida. Tenía un hambre bestial, hizo lo que había en la alacena, pero no era mucho, no era suficiente. Mientras cocinaba iba de vez en cuando al espejo y se veía. Decidió pedir también una pizza extra grande, quizá también cenaría eso. Comía un gran plato de pasta cuando pensó en las vitaminas. Era obvio. Qué otra cosa podía ser más que eso. Se levantó y vio el empaque, pero no decía mucho, complejo deportivo, tomar una cápsula a la semana, en caso de efectos secundarios suspender su uso. Quitó la tapa y vio las pastillas, eran pequeñas. Qué podía pasar si tomaba una más, seguro su cuerpo podría resistirlo, agarró una pastilla y se la metió a la boca sin pensarlo más. Esta vez estaría despierto para ver qué pasaba. Se desnudó y se vio ante el espejo. Su pene se puso duro de nuevo, sentía la sangre fluir aun más libremente por su cuerpo. Estaba tan excitado que veía el palpitar de la sangre en su pene. Uno dos uno dos uno dos. La excitación lo dominó cuando vio que crecía con cada palpitar. No mucho, quizá unos milímetros, pero era claro que estaba creciendo. Pero no era lo único. Su pecho parecía palpitar también, inflándose un poco cada vez, sus piernas hacían lo propio poniéndose más y más duras y grandes. Los músculos se distinguian claramente. Pronto ya no necesitó flexionar sus brazos para que se notaran sus biceps y sus triceps. Se veían a simple vista. De un cuerpo de futbolista profesional había pasado al de un culturista amateur. Su pene había crecido quizá un par de centímetros. Tomó una regla y confirmó que ahora medía unos buenos 18 cm de largo. Pedro se masturbó de nuevo contemplando al adonis que estaba frente a él. Los abdominales en su estómago se marcaban sin ningún esfuerzo logrando un six pack que terminaba en unos oblicuos que llevaban luego a su poderosa verga. Habría dado cualquier cosa por estar con alguien así un día antes y ahora él era así. El hambre había vuelto. Fue una fortuna que en ese momento sonara el timbre. Había olvidado la pizza por completo. Se puso un jersey del Real Madrid que ahora marcaba su pecho y le apretaba ligeramente en los brazos y un short limpio que encontró, no se puso nada abajo y se marcaba su bulto en él. Abrió la puerta y se encontró con el repartidor de frente. -Um. Hola- murmuró el repartidor con nervios- traigo su pizza. -Gracias- contestó Pedro notando la reacción que provocó. Le gustó. -S.. s... son 140 pesos... -Sí, tengo el dinero dentro, pasa- dijo. El cuarto olía a semen y a sudor, sin duda a hombre de verdad. -Perdón por el desorden, necesitaba descargarme ya sabes cómo es esto- dijo mientras flexionaba levemente sus brazos. Un bulto de músculo respondió al instante-. Tengo muchísima hambre, creo que me comeré la pizza entera de una sentada. Veía un bulto en los pantalones del repartidor, le había prov,ocado una erección y eso le fascinaba. Sentirse deseado, admirado, sentirse superior. -Creo que te gustó algo que viste- dijo Pedro. El chico solo se puso rojo-. Necesitas comer más, mira cómo podrías estar si te ejercitaras un poco. Se levantó el jersey y mostró sus abdominales. Notó la mirada de deseo del repartidor. -Jaja, claro que necesitarías muchos años para estar así. Tomó el dinero y se lo dio. Tenía hambre y deseos de estar solo un rato más. Quizá más tarde llamaría de vuelta. Se comió la pizza en minutos. Su hambre era demasiada. Cuando terminó se vio al espejo y admiró cómo se marcaba su pecho en el jersey. Flexionó y la tela se estiró algo más para abarcar su brazo. No pudo resistirlo. Fue por el frasco y tomó otras dos pastillas. El efecto esta vez ocurrió más rápido. De nuevo sintió cómo sus venas hacían circular su sangre por cada fibra de su cuerpo. Su pecho se amplió aun más, sus abdominales comenzaron a verse a través de la tela. Un eigth pack rotundo y ,profundo. Sus piernas se hincharon, ocupando todo el espacio que les dejaba el short. Sus pantorrillas eran del tamaño de lo que había sido su brazo esa mañana. Escuchó un ligero protestar de la tela alrededor de sus biceps, eran del tamaño de una toronja grande y seguían creciendo más y más. Notó que sus hombros se separaban para dar espacio a sus músculos, el jersey parecía casi pintado en su cuerpo a esas alturas. Dejaba notar las fibras de su pecho y de sus hombros. Notó también que los shorts antes le llegaban a las rodillas, ahora llegaban a media pierna. Se debía haber estirado unos centímetros. Vio que su cabeza llegaba más arriba del límite del espejo. Debía medir ahora unos buenos 1.85 cm de altura. El bulto que se marcaba en sus shorts era obsceno, se los arrancó y contempló con fascinación unos 21 cm de carne erecta. Su cuerpo parecía el de un culturista experimentado. Cercano quizá a los de algunos instagramers que seguía y que eran celebridades por sus cuerpos y sus actitudes. Levantó el teléfono y pidió más comida. Sabía que volvería el hambre y sabía que seguiría creciendo. Seguro el entrenamiento seguiría dando frutos, pensó mientras tomaba un par de pildoras más.
  5. 7. Desperté con el sonido de mi celular. Me di vuelta en la cama, sentía algo extraño que me oprimía el cuerpo, no sabía exactamente qué era. El sonido del celular seguía, lo tomé y vi que era el número de Alberto. Comenzaba a recordar un sueño que había tenido, pero no estaba seguro de poder reconstruirlo y parecía irse mientras intentaba más retenerlo. Algo de estar en un gimnasio, algo de crecer, algo de una substancia mágica... sueños nada más. Contesté el celular: -¿Hola? -¿Paco?, ¿eres tú? -Sí, ¿qué pasa? -¿Dónde estás?, estaba preocupado. Toqué en tu departamento ayer y no te encontré. Deberías haber avisado que no podrías venir a trabajar estos días. -¿Cómo?- dije confundido, no tenía sentido lo que escuchaba. -¿Regresaste a tu casa o andas acá cerca? -Estoy en casa ahora, perdón por desaparecer así- dije intentando disimular. Había prendido la televisión desde la cama y ahí estaba la hora y la fecha. De algún modo había dormido dos días seguidos. -¿Estás enfermo?, suenas algo raro, después del gym ya no supe de ti. -Estoy bien, bajo en media hora la tienda, necesito darme una ducha, ahí te cuento todo-, no tenía idea de qué iba a decir, pero necesitaba algo de tiempo antes de hablar. -Mmm, está bien. ¿Seguro que estás bien? Puedo subir ahora si necesitas ayuda. -No, todo bien, solo necesito una ducha. Colgamos y dejé el celular en la mesita. Aun sentía esa opresión en el cuerpo. Me incorporé y me puse de pie. Supe en ese instante que algo radical había cambiado cuando apenas pude sostener el equilibrio. Mi cabeza llegaba a mucha mayor altura que lo usual. No sabía qué estaba pasando. Volteé hacía abajo y de nuevo apenas pude contener un grito. La sensación de opresión que sentía en mi cuerpo era de la ropa con la que me había dormido antes. Había elegido un pants y una camiseta muy holgada, pero ahora apenas podían contener mi cuerpo, mi pecho era enorme, sobresalía claramente de la camiseta y parecía estar a punto de reventar la tela. Bajo él podía ver claramente ocho músculos abdominales marcados. Mis brazos debían ser tan grandes como los de Alberto, flexioné uno y una serie de músculos respondieron al instante, mi bicep era del tamaño de una toronja, mi tricep no se quedaba atrás. Mis hombros resaltaban mucho y daban un ancho marco a mi cuerpo, seguramente del doble de tamaño de hace unos días apenas. No podía creer lo que veía. Fui al espejo y me admiré como nunca lo había hecho. Era perfecto, lo que siempre había querido. El pants estaba roto ya de algunas partes, dejaba ver mis piernas gruesas y poderosas, con cada músculo marcado en ellas. Mis pantorrillas podían rivalizar con las de cualquier futbolista profesional y mis muslos reflejaban cada músculo de una forma prodigiosa. En medio, casi de forma obsena, se veía un gigantesco bulto que sabía que solo podía ser una cosa. Con facilidad me arranqué la ropa y me contemple boquiabierto. En el espejo me veía un hombre perfecto, un total alfa. Cada músculo estaba formado y trabajado con cincel. Hice una pose doble y mi cuerpo respondió aumentando aun más el tamaño de todo el conjunto. Me sentía grande y fuerte, debía haber ganado al menos 20 centímetros de altura a juzgar por cómo mi cabeza llegaba al marco de la puerta. Me quité el boxer que de todos modos apenas podía conmigo y vi como mi pene se levantaba de una forma increíble. Debía tener al menos 25 centímetros y era grueso como una botella de vino. Tenía una potente erección y ganas de comenzar a aprovechar mi cuerpo. Ya nunca sería ese pequeñajo del que todos se burlaban, ahora era un hombre de verdad, como los que veía en las revistas de culturismo. Mi cuerpo rivalizaba con el de muchos de los que había idolatrado y admirado. Mis nuevos músculos se sentían fuertes y listos para ponerse a prueba. Necesitaba volver al gimnasio, demostrar lo que alguien como yo podía hacer. Que la gente viera hasta dónde puede llegar un hombre como yo, alguien que irradia masculinidad y fuerza. Mi pene estaba a punto de estallar. Contemplandome en el espejo solté una descarga abundante y potente que casi llega al techo. Aun tenía mucha capacidad más, necesitaba demostrar quién era el más grande y fuerte, el macho más poderoso. Mis músculos eran prueba de que era superior a muchos. Pero en ese momento recordé lo que le había dicho a Alberto y algo hizo que bajara a tierra de nuevo. Tenía que bajar, el problema era que no había modo de ocultar a mi nuevo yo. Y tampoco quería hacerlo. Necesitaba un plan para al menos encontrar algo de ropa que me quedara en primer lugar.
  6. Gracias a todos por sus comentarios. Al fin tengo un poco más de tiempo libre así que espero poner algunos capítulos más pronto. ---- 6 El gimnasio estaba casi vacío cuando llegamos Alberto y yo. Yo me había puesto unos pants que encontré en un cajón y una camiseta que me quedaba bastante grande. Sentí que no estaba listo aun para mostrar a todos mi cuerpo, sobre todo en un lugar que pensé que estaría lleno de hombres musculosos y mucho más fuertes que yo. Aunque mi aumento muscular había sido grande, realmente no podía compararme con alguien que llevaba años entrenando. Resultó que solo había un par de hombres muy mayores en el área de cardio, aun era temprano al parecer. La recepcionista prácticamente ni me miró mientras me tomaba los datos para la membresía, parecía concentrarse por completo en hablar con Alberto y yo no la culpaba para nada. Después de unos minutos por fin pudimos pasar al área de musculación. -Oye, iré a cambiarme, tú mientras deberías buscar al entrenador del gimnasio- dijo Alberto -¿Eh?, pensé que tú me orientarías en todo. Nunca he hecho ejercicio así y no sé nada realmente. -Oh, no te preocupes, acá andaré si tienes dudas, pero es mejor que el experto te diga exactamente qué hacer. Yo estoy un poco más allá de tu nivel ahora-, dijo con una sonrisa que mostraba sus perfectos dientes. Alberto se fue al fondo, donde debía estar el vestidor, y yo me quedé sin saber muy bien qué hacer, me dirigí a una máquina cercana, pero me daba miedo usarla mal y lastimarme o que alguien me viera haciendo el ridículo. De pronto salió de un cuarto anexo un hombre de unos 35 años con un cuerpo de escándalo. Iba vestido con una camiseta deportiva que marcaba su fuerte pecho, sus brazos eran mayúsculos, en los marcados músculos se veían claramente las venas. Era de unos 1.80 de altura y de piel morena seguramente buscaba broncearse al sol, era quizá el hombre más atractivo que había visto nunca, de no ser por Alberto. -¿Tú eres Paco?- me preguntó. Yo asentí con timidez. Se llamaba Guillermo. Él era el encargado del área de musculación y se veía de lejos que tenía experiencia en ello. Yo estaba tan ansioso por empezar a hacer ejercicio que no podía contenerme más. Había pasado casi una hora desde que había usado el líquido y sentía mi cuerpo arder, mis piernas se sentían dispuestas a correr un maratón y mis brazos necesitaban con urgencia enfrentarse a un peso que los desafiara. Cuando Guillermo me preguntó qué buscaba con ir al gimnasio solo pude responderle una cosa: “quiero ser grande y musculoso, más que cualquier otra persona en el mundo”. Hasta yo me sorprendí con mi respuesta, pero era algo que sentía ya desde hace mucho y que el líquido solo había aumentado más. Guillermo rió y me hizo calentar y estirarme para poder enfrentar el ejercicio. Luego me llevó a una sala donde había montones de pesas y máquinas y comenzó a enseñarme su funcionamiento una por una. Mi cuerpo comenzaba al fin a descargarse. Comencé a hacer ejercicio y me sentía genial en ello, nunca me había pasado eso. Comencé con algunos ejercicios sencillos que Guillermo me había sugerido, pero sentía que no era suficiente. Cuando llegamos al área de pesas me dió una de unos cinco kilos, la levanté sin ningún esfuerzo, era casi insultante. Aproveché que el entrenador se fue hablar con uno de los ancianos para cambiar el peso. Una de 10 kilos se seguia sintiendo mal, quizá algo un poco más pesado. Después de hacer varias series con una pesa de 20 kilos sentía mis brazos arder, no era el que más levantaba, claro, pero mi cuerpo ahí se detenía, aun así era muchísimo más de lo que hubiera podido antes. De una máquina pasaba a otra, de una serie de pesas me iba a la siguiente. Estaba tan concentrado que ni me di cuenta en el tiempo que había pasado o en cómo de pronto comenzó a llegar más gente al gimnasio. Era yo y el fierro, yo y el peso que mis músculos cargaban. Sentía claramente como mi pecho se inflaba y mis brazos respondían, como mis piernas parecían desgarrarse para luego respirar y demandar seguir con el ejercicio. Ni siquiera noté a Alberto y cómo hacía su rutina, de pronto vi el reloj y había pasado hora y media. -Oye, Paco, yo me voy ya. ¿Terminaste?- me dijo. Volteé a verlo y me sorprendí. Llevaba una camiseta de tirantes que dejaba ver sus gigantescos brazos llenos de músculos, normalmente se veía bien, pero después de hacer su rutina era casi increíble. Se notaba más grande que nunca, el sudor se veía a través de su camiseta y marcaba su pecho y abdominales. Parecía que sus biceps iban a estallar y sus hombros parecían inmensos. Sus músculos pectorales marcaban su respiración, era una visión genial y que comenzó a calentarme aun más. -Ni me di cuenta de nada, perdón- dije en un suspiro. Guillermo llegó y se paró a un lado. -Lo hiciste bien, eres bastante fuerte para tu tamaño-, dijo él-, Alberto, no deberías descuidarte, seguro Paco te alcanza pronto. -Bueno, seguro seguiré entrenando, no me dejaré tan fácil de él- dijo riendo Alberto- además mira, yo creo que aun le falta para llegar a esto. Alberto hizo una pose que yo había visto muchas veces en internet, levantó dos brazos y los flexionó a la vez. Los músculos saltaron y se pusieron aun más grandes, parecían grandes toronjas, se veían fuertes y duros como el acero. -Oh, seguro que Paco puede llegar a eso en un par de años- dijo Guillermo y me guiñó el ojo. Yo estaba sin habla, aunque aun me sentía lleno de energía. Decidí irme ya del gimnasio pues comenzaba a sentir como mi pene se ponía firme, no creía poder contenerme en las duchas, pensar en ver a Alberto cambiarse era demasiado para mí. Me despedí de los dos y salí rumbo a casa. Decidí aprovechar para correr un rato y terminar de quemar toda la energía que sentía. Mientras daba vueltas a un parque cercano pensaba en Alberto y Guillermo, en sus fuertes cuerpos, y en lo que yo había crecido en tan poco tiempo. Me imaginé aun más grande que ellos y ese pensamiento me motivó a detenerme a hacer lagartijas y abdominales, necesitaba más, siempre más. Cuando llegué a casa tenía un hambre atroz, comencé a comer directamente del refrigerador lo que encontré. Varias sobras, frutas, verduras, hice la carne que tenía guardada y me la comí a grandes bocados, ataqué todo el pan, atún, queso y todo lo que pude encontrar en casa. Era comida para toda una semana y me la había terminado en una hora. Vi el reloj, pasaban ya de las 3 de la madrugada. Aun sentía hambre, pero también mucho sueño. Me dirigí a la cama y en mi camino vi una de las botellas responsables de todo esto. Una idea cruzó por mi mente y sentí que tenía que hacerla. Quizá me calmara el hambre o quizá me haría dormir mejor, pero sobre todo quizá aumentaría más esta maravillosa sensación del día de hoy. Estaba bañado en sudor, aun tenía puesta la ropa con la que fui al gimnasio y caí dormido en la cama. Pero antes había realizado mi idea. Había bebido el contenido entero de la botella.
  7. Atrey

    Absorción de fuerza

    Genial historia. Espero leer mas cosas tuyas en el futuro. Esta tiene partes muy buenas.
  8. Disculpen por el gran atraso. Tuve un bloqueo y luego se me acumularon los pendientes. Acá otro capítulo. ---- 5. Me escabullí al contenedor y descubrí con alegría que las botellas seguían donde las había dejado el día anterior. Me sorprendí cuando levanté una y no sentí demasiada resistencia, el día anterior apenas y podía moverlas y hoy podía cargar una en cada mano sin inmutarme. En unos minutos pude llevar todas las botellas a mi habitación, después entré a la tienda. -Te ves bien hoy, Paco- me dijo Alberto que ya estaba en ella. Ese día llevaba unos jeans ajustados que apenas podían contener sus enormes piernas. El pecho también le resaltaba mucho pues la camiseta que ese día había escogido lo modelaba a la perfección, sus brazos parecían estirar la tela roja de modo que unos pocos centímetros más habrían bastado para desgarrarla. Que un macho así me hiciera un cumplido era más de lo que podía manejar. -Gracias- respondí, sentí que me puse rojo y fui corriendo a la parte trasera de la tienda a continuar mi trabajo. La mañana transcurrió con normalidad podría decirse. Cada tanto me levantaba la camiseta para verme el cuerpo o flexionaba los brazos para observar mis biceps. Era una sensación genial ver algo de músculo ahí, aunque seguía palideciendo ante cualquier hombre de verdad grande. Así como era ahora era más bien promedio, aunque eso no quitaba que se sintiera bien y que estuviera fascinado con la fuerza que había adquirido. A la hora de la comida salí del cuarto de atrás, no había avanzado mucho por mis frecuentes interrupciones, pero Alberto había estado recibiendo clientes toda la mañana así que tampoco lo había notado. -¿Quieres ir a comer?, hay un restaurant acá cerca muy bueno- propuso. Claro que quería ir con él, pero antes quería también hacer otra cosa. -¿Te alcanzo?, necesito antes mandar unos mails en casa. -Esta bien, mientras pido la comida, te espero allá. Subi corriendo a mi habitación y abrí una de las botellas. El olor invadió todo el cuarto. Busqué en internet una vez más el nombre de esa sustancia, pero las pocas páginas que encontré estaban en ruso y el traductor automático no me ayudaba mucho, algo de experimentos y fechas anteriores a la caída de la URSS, pero no mucho más. Decidí hacer lo mismo que el día anterior y ver qué pasaba. Me quité la ropa y me fui a la ducha con la botella. Me vi en el espejo y mi pene se puso duro en un instante. Definitivamente había cambiado desde el día anterior, me veía como un nadador de fondo, piernas fuertes, brazos marcados, estómago plano y un pecho ligeramente pronunciado. Intenté mostrar más los músculos de mi abdomen y saltaron claramente los cuatro primeros músculos abdominales. Tomé un trapo limpio, lo llené del contenido de la botella y comencé a mojarme todo el cuerpo. Mientras lo aplicaba sentía claramente cómo un calor me llenaba por dentro. Era algo maravilloso. Mi ya de por sí intensa erección se volvió casi insoportable cuando me mojé el miembro con la sustancia. Me masturbé en el acto y no tardé en venirme, tuve un orgasmo violento que duró una eternidad, el primer chorro de semen salió disparado y llegó al otro extremo del baño, siguió un segundo, un tercero y un cuarto que llegó a tocar el techo. Nunca me había venido con tanta fuerza y en tal cantidad. Me bañé y me puse la misma ropa que llevaba antes, vi con satisfacción como al fin mi cuerpo le daba forma a la ropa. La sensación de calor seguía estando ahí. Salí rumbo al restaurante donde me esperaba Alberto ya con un gran plato de comida. Comenzamos a hablar sobre los clientes que iban a la tienda. Alberto tenía una gran cantidad de comida frente a sí que abordó con mucho apetito. Yo tenía muchísima hambre y comía casi sin darme cuenta, el restaurante tenía servicio de buffet y pronto comenzaron a acumularse los platos. Notaba como la sensación de calor se extendía aun más por mi cuerpo y sentía una urgencia de llenarme de combustible. -Caray, Paco, llevas casi el doble de comida que yo,- dijo Alberto- si sigues así vas a engordar. -Tengo mucha hambre hoy, no es algo que haga a diario-. -Aun así. Ni hablar, saliendo del trabajo te llevo a mi gimnasio, no admito un no por respuesta. Sentí de nuevo mi pene poniéndose erecto de pensar en los brazos de Alberto tensos mientras cargaba un peso que yo no podría ni soñar en mover, ver los músculos de su espalda o sus piernas en pleno ejercicio. Era algo que necesitaba ver. Aun así no podía creer que otra vez tuviera una erección, nunca me había sentido así, ni siquiera cuando tenía 14 años. Volvimos caminando a la tienda, me sentía muy lleno por toda la comida que había ingerido y comencé a sentir ahí mismo una gran necesidad de quemar calorías, de ejercitarme, mi cuerpo necesitaba con urgencia eso, casi no podía contenerme. No supe ni qué excusa di para subir de nuevo a mi habitación. Comencé a hacer abdominales y lagartijas sin saber mucho de nada. Simplemente quería satisfacer a mi cuerpo. Llené una tina de agua y comencé a levantarla una y otra vez. Sentía como mis brazos reaccionaban al estímulo, como mi espalda se tensaba. Pensé en los músculos de Alberto y seguí con más ahínco mi ejercicio más bien torpe. Necesitaba algo más en forma e ir con mi nuevo jefe al gimnasio era más que perfecto. Antes de bajar de nuevo a la tienda me miré en el espejo una vez más. Me levanté la camiseta y solté una gran risa. No necesitaba tensar mi abdomen esta vez. Eran claramente visibles los cuatro primeros músculos abdominales. Mi pecho se sentía ya ligeramente apretado en mi camiseta de talla pequeña. Noté de nuevo la erección y comencé a masturbarme mientras me miraba como hacia rato, de nuevo sentía mi pene más grande que nunca. Cuando salí del baño noté algo curioso, mis pantalones me quedaban más ajustados, pero también más cortos, veía mis tobillos asomándose. No solo estaba mucho más marcado, también había crecido algunos centímetros. Y todo eso en un día. Fuera lo que fuera el contenido de las botella, le iba a dar un muy buen uso.
  9. Qué buena historia , espero ansioso la continuación. Debería seguir la que empecé hace meses, que haya más historias en español acá.
  10. Felicidades por la historia en español, esperamos ver más pronto ¡

  11. 4. Ese día sin duda era extraño. Nunca había tenido un sueño húmedo y éste realmente había sido notorio. Al quitarme la cobija vi que el semen había sido tan abundante que había atravesado mis pants y había mojado también una gran parte de la cobija. Me levanté y noté cómo mi estómago rugía pidiendo alimento. Eso tendría que esperar un poco, al menos hasta cambiarme. Me quité la ropa y fui al baño, todo lo notaba un poco extraño, pero lo atribuí a aun estar algo dormido... cuando me vi al espejo me tambaleé y mi boca se abrió de par en par. No podía ser. Mis brazos se veían definidos, ligeros músculos se notaban bajo mi piel, nada demasiado grande, pero estaban ahí, eran visibles. Mi pecho se veía algo pronunciado y mi estómago era plano, ayer tenía una pequeña panza, hoy no estaba más. Me pasé la mano por él y lo sentí endurecido, era una sensación muy extraña. Bajé la mirada y vi que mis piernas también habían ganado volumen, parecían como las de algunos chicos que practicaban futbol soccer en la escuela. Bastante gruesas y vigorosas. Mis pantorrillas se veían duras y acordes al nuevo tamaño de mis piernas. Probé en flexionar un brazo, algo que siempre me había sentido apenado de hacer, incluso estando solo, y un pequeño monte de músculo se levantó. Jamás había sentido eso antes y era algo fantástico. Noté que mis hombros se sentían más anchos, haciendo espacio para mis pectorales. No sabía qué había pasado, pero era genial. Mientras flexionaba mi brazo frente al espejo sentí claramente cómo empezaba a tener una erección. Incluso mi pene se veía más grande, no era mucho, pero yo podía distinguir muy bien cómo ya no tenía más los seis centímetros de siempre y que tanta vergüenza me causaban a la hora de ducharse después de las clases de educación física. Quizá ahora sería un par de centímetros más grande. Apenas puse mi mano en él solté un chorro de líquido preeyaculatorio, a pesar de lo mucho que había eyaculado mientras dormía sentía la necesidad urgente de masturbarme. Con una mano lo hacía mientras con el otro brazo flexionaba y veía cómo ya no era más el débil niñato de la noche anterior. Después de varios minutos me vine con un poderoso chorro que llegó al espejo. Jamás antes había eyaculado así tampoco. Ese día sentía que podía hacerlo todo. Me hubiera podido quedar todo el día frente al espejo, pero un nuevo gruñido de mi estómago me obligó a apartarme de él. Tomé un boxer que me entró sin dificultad, pero noté muy distintos mis pantalones, los sentía al fin un poco ajustados, no era que me quedaran apretados, si no que parecían finalmente de mi talla. Cuando me puse la camiseta sentí lo mismo, sentí cómo la tela se amoldaba a mi cuerpo y dejaba ver una línea divisoria que mostraba mi pecho. Debajo se notaba que estaba yo y no más un montón de pliegues de tela. De nuevo sentí una erección, pero decidí ignorarla e ir por comida. En un restaurant a dos cuadras de casa ordené una hamburguesa grande con papas que no me duró ni cinco minutos. Me paré y pedí una hamburguesa más que también devoré rápidamente. Creo que nunca había tenido tanta hambre como ese día. Cuando terminé mi cuarta hamburguesa el chico del mostrador me miraba con curiosidad. Me limité a sonreirle y salí de la tienda un poco apenado por la inmensa cantidad de comida que había ingerido. Ahora me sentía de nuevo como el día anterior en la noche. Una sensación de calor me recorría el cuerpo, pero estaba mezclado con un torrente de energía que invadía mi cabeza. Necesitaba poner en acción mi cuerpo, moverme, poner a prueba los músculos que vi en la mañana y que ahora se sentían a plena capacidad. Empecé a hacer sprints en la calle, luego a correr en plena carrera por un parque cercano. Notaba cómo no me cansaba tan rápido como siempre, mi cuerpo me pedía más. Después de estar media hora me detuve y comencé a hacer abdominales, después de 20 repeticiones sentía cómo mi cuerpo comenzaba a cansarse, pero a la vez era una sensación genial la de continuar. Seguí después con lagartijas, sentía cómo mis brazos y pecho se llenaban de sangre que luego se esparcía por todo mi cuerpo. Continué así por más de tres horas. Decidí parar cuando vi el reloj y vi que casi era hora de que la tienda abriera. Aun tuve energía para hacer una carrera hacia casa. Llegué justo cuando Alberto abría la puerta de la tienda. Hasta ese momento me di cuenta de todo lo que había pasado en unas horas y del aspecto que tenía. Estaba bañado en sudor y tenía la respiración algo entrecortada. Él, en cambio, estaba más sensual que nunca, llevaba una camiseta sin mangas que dejaba ver sus brazos musculosos que seguían siendo de al menos tres veces los mios, el bulto debajo de sus shorts deportivos era enorme y dejaba ver además sus pantorrillas duras y grandes. -¡Hola!, vienes de hacer ejercicio supongo-, dijo él. -Err, sí, me levanté con ganas de correr. -Yo también lo hago por las mañanas, a veces también pierdo un poco la noción del tiempo- dijo con una sonrisa. -Oh, sí, ya voy a cambiarme y vuelvo. -Deberías comprar algo de ropa para hacer ejercicio, no puedes ir a correr con jeans. En casa tengo algo de ropa que ya no me queda, mañana la puedo traer. -Eso sería genial...-, pensé en cómo me vería usando ropa de Alberto y otra vez sentí cómo mi pene comenzaba a reaccionar y ponerse firme. -Si corres acá en el parque podríamos hacerlo juntos y luego bañarme en tu casa, ¿sabes? En realidad eso me ahorraría mucho tiempo. Obviamente le dije que estaba bien. Entrenar junto a él debía ser maravilloso y tan solo pensar en que se bañaría en mi departamento hizo que subiera las escaleras en un segundo por la urgencia de masturbarme. Me desnudé otra vez frente al espejo y me vi. De nuevo me quedé boquiabierto. Quizá serían los efectos del ejercicio reciente, pero me veía aun más grande de todos lados. Mis brazos se veían firmes, mi pecho se levantaba ya claramente de mi cuerpo y veía a simple vista dos músculos abdominales que comenzaban a asomarse. Me masturbé con furia mientras me observaba y pensaba en Alberto. Una cosa sabía ya. Ese crecimiento no era normal y solo había habido algo fuera de lo común el día anterior. Ese día en el trabajo me las arreglaría para recuperar las botellas que había visto el día anterior y también las subiría y guardaría en mi departamento. Pensé también que seguramente con esos músculos que sentía y veía en mis brazos subir las pesadas botellas no iba a ser un problema tan grande.
  12. Gracias por los comentarios. Creo que tardé un poco en sentar las bases de la historia. Ojalá les guste lo que viene. ---- 3. Comimos rápido mientras me explicaba el trabajo que necesitaría hacer. Básicamente tendría que hacer un inventario de todo lo que había en la bodega de la tienda y sacar las cosas que no servían más. Mientras, Alberto se dedicaría a atender a los clientes, aunque me dijo que si necesitaba ayuda para mover algo solo tendría que avisarle. Comencé a trabajar, aunque cada tanto salía con la excusa de tener alguna duda, en realidad lo único que quería era apreciar de nuevo los músculos de Alberto. Era mucho más alto que yo, en sus biceps gruesos se notaban algunas venas que terminaban en sus fuertes antebrazos. De todos modos lo que más me llamaba la atención, y hacía esfuerzos enormes para no mirar, era el bulto que se notaba en su entrepierna y que cuando hacía algunos movimientos se notaba más a través de la tela de sus shorts. -Mmm, ¿Alberto?, creo que necesito ayuda para mover algunas cajas pesadas-, le dije aun nervioso. -Claro, ahí voy. Por más que lo había intentado no había forma de que yo moviera esas cajas grandes que obstruían el paso a otro estante. Había pensado en abrirlas y sacar algunas cosas para hacerlas más ligeras, pero al hacerlo me había encontrado con botellas de un líquido azul de al menos veinte litros, tampoco iba a poder moverlas. -Listo- dijo Alberto- no eran tan pesadas como dijiste. -Bueno, no soy muy fuerte- murmuré mientras me ponía rojo y bajaba la mirada. -Oh, no te preocupes, acá estoy si necesitas algo más, ¿has pensado en entrar a un gimnasio? Te puedo conseguir un descuento en el que yo voy. De hecho iré saliendo de acá- dijo él y flexionó casi sin darse cuenta su brazo derecho haciendo que sus músculos respondieran de inmediato y se pusieran aun más tensos y grandes. Pensé en ser su compañero y verlo levantar grandes pesos, ver cómo ponía a prueba ese cuerpo enorme y cómo me encantaría ver eso en vivo. Pero la perspectiva de estar yo a su lado, que viera cómo no podría completar ninguna rutina con el mínimo peso me hizo decir que no. -Quizá luego, estos días estaré ocupado. -Oh, bueno, igual levantando algunas cajas acá podrías hacer algo de músculo- dijo sonriendo. Luego sacó una de las botellas de las cajas grandes y la dejó para que la anotara en el inventario y se fue pues en ese momento entró un hombre mayor interesado en comprar algo. Por supuesto que me gustaría tener algo más de fuerza, pero no me atrevería a hacer el ridículo frente a alguien como él. Seguro se reiría de mi y eso no podría soportarlo. Tomé la plantilla para anotar el nombre y cantidad de las botellas, pero vi que estaban en un alfabeto extraño para mí. Quizá sería ruso o de algún país de esa zona. No tenían ninguna marca de importación. Solo pude encontrar en un costado el año en que se habían hecho: 1985. Pensé en hablarle una vez más a Alberto, pero quizá sería depender mucho de él para hacer este trabajo. En lugar de eso tomé una foto a la etiqueta con mi celular y busqué en internet una traducción. Tres palabras terminé anotando en la plantilla, las que me dio el traductor online: catalizador biológico soviético. También hice una nota indicando que era material para tirar, las botellas llevaban ahí treinta años, no podían venderlas a nadie. Con ayuda de Alberto subí las cajas a una carretilla de carga para llevarlas al contenedor de basura. Ya ese esfuerzo me hizo sudar mucho, al menos ya solo faltaba una hora para terminar e irme a casa. Seguro esa noche me masturbaría pensando en todo lo que había visto ese día. Ya llegaba al contenedor cuando vi que una de las cajas de hasta arriba tenía una fuga. Con trabajos intenté bajar la caja para que al menos no mojara las demás. No había mucho qué hacer más que dejar que el líquido terminara de salir. Usé toda mi fuerza agarrando la caja, pero no pude con ella y solo conseguí hacer una rasgadura en el cartón que hizo que el líquido acumulado me cayera encima. El líquido tenía un olor dulzón y era bastante espeso. Lo sentía por todo el cuerpo. Solo a mi me pasaban estas cosas, pensé. Dejé todo donde estaba y fui a donde estaba Alberto. -Wow, ¿qué te pasó?- dijo queriendo reir. -Nada, creo que iré a bañarme. -Sí, seguro, ¿nos vemos mañana? -Supongo... Primer día y ya había hecho un ridículo. Mientras subía las escaleras sentía una sensación de calor que subía de mis piernas a mi pecho y de ahí a mis brazos. Lo atribuí al bochorno, quizá después de todo sí debería irme a casa de mi hermana. Mientras me bañaba no dejaba de sentirlo, estaba cansado de todo, cuando pensaba que al menos a Allberto podría caerle bien me pasaba esto. Me puse un short y una camiseta y me fui a dormir aun sintiendo como un calor me recorría todo el cuerpo. Solo prendí el ventilador y caí sin más. Esa noche soñé con Alberto y con Tony e Isidro. Todos me miraban mientras yo crecía y crecía. Cuando desperté sentí tres cosas: había tenido un sueño húmedo, tenía un hambre atroz y sentía algo distinto en mi, aunque no sabía bien qué.
  13. I can make a rough translation when I write two o three more chapters. It WILL need a hard correction because my english is not the best in any ways. Thanks for the interest =) Gracias por el apoyo, busqué historias en internet en español y no pude encontrar mucho, así que decidí comenzar una yo mismo. Me alegra mucho que les haya gustado el primer capítulo, acá va el segundo. ---- 2. Cuando abrí los ojos el sol ya entraba intensamente por la ventana. Me desperecé y aunque tenía hambre decidí prender la computadora para perder el tiempo ahí. No había nada para comer y no me apetecí bajar las escaleras para ir a comprar nada. Rentaba esa habitación a un anciano que administraba una tienda de suplementos y nutrición en el piso de abajo. Era algo gruñón, aunque por fortuna no tenía que tratarlo mucho. Yo solo entraba a la tienda una vez al mes para pagar mi renta. Había una escalera independiente a la tienda, así que siempre me escabullía rápido y en silencio. Mi habitación era pequeña, pero no podía pagar mucho más y al menos me daba cierta privacidad al no tener que compartirla con nadie. La verdad es que tampoco me molestaba poder ver seguido a chicos de gimnasio que iban a comprar suplementos a la tienda, todos ellos mucho más altos que yo y al menos treinta kilos más grandes. Siempre me gustaron los chicos así, aunque no tenía ninguna esperanza de poder estar con uno. Cada noche fantaseaba con estar con alguno de los clientes de la tienda, a veces también con estar con Isidro y Tony, dominarlos, hacerles sentir mi poder mientras ellos se volvían locos de deseo. Luego me sentía tonto, eso jamás iba a pasar. Estaba decidido a ver algún video y masturbarme cuando sonó la alerta de notificaciones de mi correo electrónico. Paco: Tu padre y yo iremos a visitar a tu hermana por dos semanas. Si quieres puedes venir con nosotros o quedarte allá este tiempo y salir con tus amigos, ya luego puedes venir a casa. Te extraño. Contéstanos en cuanto puedas. Mamá. PD. Te acabamos de mandar algo de dinero de todos modos ; ) Cerré el correo y pensé en las posibilidades. No me apetecía mucho visitar a mi hermana. Vivía en una casa pequeña en una ciudad vecina, ir allá implicaba dormir durante todo ese tiempo en el sillón de la sala. No conocía a nadie allá y la verdad es que no había tampoco mucho a donde ir. Aunque quizá fuera mejor que quedarme acá dos semanas más junto a la computadora, solo bajando a comprar comida y con miedo a encontrarme a algún compañero de la escuela en la calle... Supongo que dormir dos semanas en un sofá valía la pena comparado a esa perspectiva. Renuncié a ver porno y decidí mejor bajar por algo de comer, Me puse lo primero que encontré, un pantalón que me quedaba flojo de todos lados y una camiseta a la que apenas y lograba darle forma. Me negaba a comprar ropa en la sección de niños, así que tomaba siempre la talla más pequeña que podía encontrar de las secciones normales. El resultado es que siempre me veía como si tuviera grandes pellejos colgando de todos lados. Tomé las llaves y la cartera, y bajé las escaleras. Estaba ya en la banqueta cuando oí alguien que decía mi nombre... -Mmm... ¿Paco?, eres tú, ¿no? -Eeeeememsiiih...- dije en un susurro. En la puerta de la tienda no estaba el anciano, sino el chico más atractivo que había visto nunca. Alto, moreno, de cabello largo y ondulado. Sus ojos eran grandes y tenía una voz gruesa, pero amigable. Su rostro era tremendamente hermoso, pero lo que remarcaba más todo era su cuerpo. Unos hombros anchos perfilaban un cuerpo trabajado hasta la perfección, su pecho parecía cincelado en marmol, llevaba un jersey de futbol y aunque era grande apenas podía contenerlo. Tenía unos brazos grandes que dejaban ver unos bíceps marcados del tamaño de pelotas de beisbol. Me había dejado por completo sin habla. -¿Paco? -Erm, sí, soy yo... -¡Ah, qué bien!- sonrió-, mi nombre es Alberto, soy el nieto del dueño de la tienda. Estará fuera durante el verano y me pidió que me encargara de las cosas acá. Así que cuando pagues la renta me darás el dinero a mí, si quieres puedes marcarle para asegurarte. -Uh... está bien- dije, intentaba mirarlo a la cara, pero la visión de los músculos de sus brazos que saltaban cada vez que hacía un ademan al hablar era una atracción demasiado grande. -Bueno, tengo que volver... Un gusto. -Igual... Alberto se volvió y pude ver su espalda ancha en forma de triángulo invertido, llevaba unas bermudas que dejaban ver unas pantorrillas muy trabajadas, se veían duras y perfectas. Estaba tan absorto que casi di un brinco cuando se dio vuelta muy rápido. -Me olvidaba... ¿estarás aquí durante el verano?, mi abuelo me encargó organizar un poco la parte de atrás de la tienda, pero hay tantas cosas que me vendría bien un poco de ayuda, sobre todo para hacer un buen inventario. Ya que vives aquí quizá te interese... -Ohh... sí, me interesa mucho-, dije sin pensar en nada más. Por supuesto que quería estar cerca de él, pensar en todo un verano al lado de ese hombre hizo que sintiera como algo comenzaba a ponerse duro en mis pantalones. -¡Genial!, ¿te molestaría empezar ahora? Podemos comer algo antes, justo estaba por almorzar. Ya luego puedes comenzar... Entré a la tienda pensando en que el correo de mis padres no pudo llegar en mejor momento. Podía estar ahí dos semanas, luego ya vería si me quedaba más y qué excusa podría dar para hacerlo. Una oportunidad así no se desperdicia. Por como se dieron las cosas no puedo creer qué tanta suerte tuve en ese momento y lo que desencadenaría comenzar a trabajar ahí...
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